Más allá del «momento de la abolición»; un ensayo en recuerdo de Louk Hulsman: 1923-2009

Autor:Roberto Bergalli/Iñaki Rivera Beiras
Páginas:103-118
 
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Este texto fue escrito para celebrar la magnífica contribución y el optimismo constante de Louk Hulsman al debate sobre el abolicionismo penal, el replanteamiento de los discursos populares y políticos acerca del «delito», y las respuestas institucionalizadas del sistema penal. Al reflexionar sobre sus experiencias de encarcelamiento y sobre su análisis crítico de las relaciones político-económicas de poder, Louk Hulsman habló del «momento del abolicionismo», tras su lectura del texto pio-nero de Thomas Mathiesen, The Politics of Abolition [La política del abolicionismo]. Habiendo tenido en cuenta los elementos clave del trabajo de Louk Hulsman y el desafío crítico de la propuesta criminológica, el texto siguiente explora la aparente contradicción política de luchar por las condiciones humanas, mientras se procura la abolición dentro de un contexto cada vez mayor de un sistema penal como una industria del control del delito global.

En su intervención en la duodécima Conferencia Internacional de Abolicionismo Penal (ICOPA XII), Thomas Mathiesen (2008: 58) comentó que los abolicionistas penales no debían sentirse ni «desesperados», ni «avergonzados», por «no poder parar la fuerte ola hacia el populismo punitivo, los pánicos mediáticos y el aumento de las cifras de encarcelamien-

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to». Los abolicionistas no han contribuido a la expansión del sistema penitenciario, no se han «preocupado... por la justificación del sistema» o su refinamiento (ibíd.). «El abolicionismo —afirmó— es una actitud... la actitud de decir “no”... desarrollando una posición profundamente crítica hacia las cárceles y los sistemas penales como soluciones humanas (e inhumanas)» (ibíd.: 58-59). Sostuvo, además, que el abolicionismo «va más allá de los parámetros o condiciones de los sistemas existentes» (ibíd.: 59). Procurar y negociar reformas de un «aspecto» del sistema penal, conduce al reformador a la presunción de la «necesidad de mantener dicho régimen» (ibíd.). Al decir «no» a las cárceles, hay un rechazo explícito hacia negociar reformas y, así, no hay riesgo de incorporarse a la agenda punitiva del Estado: la cada vez más amplia dominación global del complejo penal industrial [PIC, en sus siglas de lengua inglesa: Penal Industrial Complex].

Thomas Mathiesen completó su discurso reflexionando acerca de la fuerza del trabajo colaborativo entre académicos, profesionales, activistas y presos comprometidos en la construcción de redes de activistas encauzadas a resistir frente a la ola de populismo penal. Mientras hablaba, me volví a mi viejo amigo Louk Hulsman. Ambos nos sentimos en deuda con el artículo definitorio de 1974 de Thomas Mathiesen, The Politics of Abolition, e intercambiamos miradas de reconocimiento compartido. Me acordé de la lectura de la reciente entrevista que hizo Rebecca Roberts a Louk. Él le dijo:

En el aprendizaje acerca de la justicia criminal aprendí sobre la policía, acerca de la legislación y luego aprendí sobre la prisión. Yo había estado en la cárcel porque había sido detenido en la guerra y había estado en un campo de concentración y había tenido todas esas experiencias. Luego, en un momento dado... entiende, yo no sabía cómo organizar todo ese conocimiento, no podía hacer nada con todo ese conocimiento en aquellos contextos. Entonces leí a Thomas Mathiesen —The Politics of Abolition—... y pensé, «tengo que reorganizar todo mi conocimiento al respecto. No puedes

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hablar en ese lenguaje de justicia criminal; no se puede discutir acerca de justicia criminal en el lenguaje de la justicia criminal». Ése fue el momento del abolicionismo. Pensé «tengo que hacer lo que él dice allí» [Roberts 2007: 14-15].

En The Politics of Abolition, Thomas Mathiesen (1974: 25) señaló los límites al reformismo, afirmando que «el cambio a través del cual dejamos un orden en favor de otro que está en espera, no es abolicionismo», sino simplemente una «sustitución» que podría traer «mejoras» pero no «implica un cambio en la estructura». El abolicionismo, en todo caso, «tiene lugar cuando rompemos con el orden establecido y al mismo tiempo afrontamos un terreno virgen, sin construir». Las relaciones estructuralmente dominantes del «orden establecido» se «mantienen» y fortalecen con las «reformas continuas». Sin embargo, «evitar cualquier trabajo de reformas a corto plazo, es a menudo políticamente imposible al mismo tiempo que paraliza la acción, mientras que las reformas a corto plazo tienen un efecto corruptor en el trabajo a largo plazo [hacia la abolición]» (1974: 210). Lidiando con esta aparente contradicción, Thomas Mathiesen argumenta que en la búsqueda de la reforma del sistema imperante, el objetivo general de la abolición no debe verse comprometido.

Leer The Politics of Abolition también conformó mi comprensión acerca de la prisión en el contexto del lenguaje y la administración de la justicia penal, mientras impartía una clase de criminología en la cárcel de Walton, en Liverpool. Estaba horrorizado por las condiciones: la superpoblación, el hacinamiento y la inhumanidad de un régimen controlado por guardias abusivos, agresivos y en ocasiones crueles. Los guardias regularmente «olvidaban» abrir las celdas de algunos presos para acudir a su clase semanal como una demostración hacia mí del control discrecional, personal, de que tenían el poder final. Un régimen con falta de oportunidades constructivas y creativas para los presos se agravaba por horas y días interminables durante los cuales los prisioneros eran encerrados en

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grupos de dos o de tres en celdas construidas en la época victoriana para dar cabida a un único prisionero. Ellos se veían obligados a defecar en presencia de los otros, el hedor era tan abrumador que los montones diarios eran empujados a través de las ventanas enrejadas, cayendo al patio de abajo. Cada mañana, los presos metían con palas el contenido en carretillas. Ellos eran el «pormenor de mierda» de la cárcel. ¿Cómo podría este lugar procurar la rehabilitación? ¿Cómo podrían los presos regresar a sus comunidades en mejor estado físico y psicológico del que entraron? Por el contrario, las cárceles eran debilitantes, dañinas y destructivas. Las prisiones fallaban en sus propios términos. Sin embargo, en la exposición de los fracasos y la adopción del lenguaje de la rehabilitación y la reintegración, el compromiso con el discurso criminológico dominante siguió un trillado camino reformista hacia la «contención humana».

La pregunta «¿Por qué las cárceles?» va más allá de sus regímenes y de su tejido institucional. Compromete la construcción social, política y económica sobre el «crimen», la «delincuencia» y la «justicia penal». En 1986, Louk Hulsman escribió un artículo en contra de la conceptualización...

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