La agenda de cooperación internacional para el desarrollo: Nuevos retos, ¿nuevas respuestas?

Autor:1.Juan Pablo Prado Lallande - 2.Diana Elizabeth Tadeo Villegas
Cargo:1.Profesor-Investigador en Relaciones Internacionales, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Autónoma de Puebla, México (UAP). - 2.Estudiante de la Maestría en Desarrollo Económico y Cooperación Internacional de la Facultad de Economía, UAP.
Páginas:146-158
RESUMEN

En los últimos meses la agenda de cooperación internacional para el desarrollo ha enfrentado nuevos escollos, entre los que se encuentran catástrofes naturales, –transformadas en crisis humanitarias–, el insuficiente respaldo político y económico a los temas ambientales, la crisis económica y el frenesí por el armamentismo. Ante estos obstáculos, desde cierta perspectiva esta agenda se ha visto... (ver resumen completo)

 
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Introducción

En este último semestre caracterizado por terremotos, deterioro ambiental y crisis económica, se ha activado un creciente número de actividades de cooperación internacional en sus distintas acepciones, sean éstas de fomento al desarrollo o, como en casos recientes, ejercicios de asistencia humanitaria, cuyas características, actores involucrados, objetivos y alcances este artículo pretende dar cuenta y analizar.

El eje fundamental de reflexión que guía este artículo es que diversos actores de la cooperación internacional han procurado hacer frente a las vicisitudes y retos emanados de un contexto mundial particularmente convulso. En este sentido, se considera que los terremotos en Haití y Chile, la crisis económica global aún permanente y la avanzada armamentista, entre otros factores aquíPage 147 referidos, si bien han afectado de manera negativa a la “agenda del desarrollo”, también han activado el despertar de diversos cooperantes que solidariamente se han sumado a las actividades inherentes del sistema de ayuda internacional. Si bien desde una perspectiva optimista ello ha fortalecido a dicha actividad, parece ser que la cooperación al desarrollo continúa resultando incapaz de reducir las brechas de desigualdad en materia de bienestar humano, a efecto de hacer de este mundo un espacio más justo, equitativo y estable.

Nuevos escenarios, nuevos actores de la cooperación internacional

El 25 de noviembre de 2009, después de cerrar la edición anterior de esta Revista, el Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lanzó la noticia de la adhesión de Corea del Sur como el más reciente integrante formal de dicho Comité.

A partir de entonces los estudios del CAD incluirán a este país asiático, que ha aumentado de forma gradual su Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD), la cual en 2009 fue de 816 millones de dólares. Si bien esta cuantía representó en 2009 el 0,10% del PIB sudcoreano, el gobierno anterior se comprometió a elevar la proporción al 0,15% en el año 2012, mientras que para el 2015 la meta es que el porcentaje alcance el 0,25%1.

Así, cuantitativamente Corea del Sur supera a Grecia, Portugal, Luxemburgo y a Nueva Zelanda, quienes otorgaron 0,61, 0,51, 0,40, y 0,31 mil millones de dólares de AOD en el año 2009, respectivamente. Con este hecho Corea del Sur se “gradúa” de su condición en el sistema de cooperación al desarrollo, en especial si se considera que desde 1945 (año en que consigue su independencia) hasta finales de los noventa este país recibió aproximadamente 13.000 millones de dólares en calidad de asistencia (lo que contribuye a sustentar la eficacia de la ayuda bajo ciertas condiciones), pasando a partir de ahora a constituirse “oficialmente” como donante. Además, no hay que olvidar que en este año Corea del Sur preside el G-20, mientras que para el 2011 será sede del IV Foro de Alto Nivel sobre Eficacia de la Ayuda, lo que le otorga a Seúl un creciente estatus en el ámbito de la cooperación al desarrollo.

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Como es conocido por todos, el 12 de enero Haití fue escenario de un devastador terremoto de 7,3 grados Richter que devastó al país más pobre del hemisferio americano, dejando una estela de alrededor de 230.000 muertos, casi un millón de heridos y un número equivalente de personas que desde entonces carecen de hogar. Ante ello, fueron activados múltiples mecanismos de asistencia humanitaria dirigidos a este país, provenientes de diversas fuentes y latitudes del planeta.

Frente a este escenario de devastación masiva, a finales de marzo en el marco de la tercera cumbre de donantes para Haití se anunció que 140 países y varios organismos internacionales otorgarían a dicha nación caribeña 3.923 millones de euros en materia de ayuda humanitaria, cooperación al desarrollo y condonación de deuda.

El primer donante a Haití será la Unión Europea (UE) con 1.200 millones de euros, Estados Unidos aportará 850 y España, tercer oferente, proveerá a ese país insular 346 millones de euros. Estos apoyos serán gestionados por el presidente haitiano, su primer ministro y el enviado especial de Naciones Unidas para Haití, Bill Clinton. Lo preocupante es que al parecer la comunidad internacional, más allá de las publicitadas promesas (no vinculantes) de ayuda, ha vuelto a pecar en Haití, tanto en materia de coordinación entre donantes, como en la versatilidad en cuanto a la dotación de los apoyos, ya que como ha señalado el rotativo The New York Times, hasta este momento el gobierno haitiano tan sólo ha recibido 17 millones de euros de ayuda externa proveniente de fuentes oficiales.

Los reflectores mundiales seguían enfocando hacia Haití cuando el 27 de febrero Chile sufría un terremoto de enormes proporciones (más sus respectivas réplicas), donde murieron más de 970 personas. Aunque las pérdidas han sido calculadas en alrededor de 30.000 millones de dólares (cifra menor que la recibida por Grecia por parte de los miembros de la Unión Europea para “salvarla” de su crisis financiera), la ayuda otorgada a este país sudamericano apenas y llegó a los 160 millones de dólares2.

Lo alentador en este sentido es que ante estas catástrofes, cientos de miles de instituciones y personas a escala mundial se volcaron a ayudar a Haití –y en una segunda proporción a Chile y a China3– desde diversas perspectivasPage 149y dependiendo de sus respectivas capacidades. Así, además de la tradicional ayuda intergubernamental centralizada proporcionada por gobiernos y organismos multilaterales, asistimos al hecho que de manera altruista y voluntaria, un sinnúmero de escuelas, universidades, empresas, fundaciones, asociaciones privadas, gobiernos locales y municipales, familias e individuos, entre muchos otros, pasaron de ser espectadores del suceso, a versátiles cooperantes involucrados activamente en la ola de ayuda solidaria que poco a poco ha ido llegando a estos países.

Sobre este tema relativo a la renovación de actores de la cooperación internacional, es pertinente recordar que los días 22 y 23 de febrero se llevó a cabo la XXI Reunión del Grupo de Río, denominada Cumbre de la Unidad de América Latina y del Caribe, celebrada en Quintana Roo, México. En este encuentro los países latinoamericanos y caribeños (con excepción de Honduras, cuyo gobierno no es reconocido por varios países y que por ende no fue invitado) acordaron sumar esfuerzos en aras de crear en el futuro próximo un nuevo bloque regional de colaboración e integración.

Este proyecto, que aspira a promover nuevos esquemas de organización...

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