Adquisición y transmisión de la propiedad

Autor:Steven Shavell
Cargo del Autor:Director John M. Olin Center for Law, Economics & Business
Páginas:35-83
 
ÍNDICE
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En este capítulo se tratarán la adquisición y transmisión de la propiedad, cuestiones que revisten importancia puesto que la mayoría de la propiedad cambia de manos al menos una vez (en una economía moderna, los productos han de venderse por los productores a los consumidores). Comenzaremos por abordar la adquisición de propiedades sin dueño previo y la cuestión conexa relativa a la adquisición de la propiedad perdida o extraviada. A continuación exami-naremos los modos más comunes de adquisición de la propiedad, mediante su transmisión por venta, donación y herencia o legado. Más adelante trataremos las restricciones impuestas por el Estado a la venta de la propiedad y, por último, la transmisión involuntaria de la propiedad a través de la llamada posesión adversa.

1. Adquisición de la propiedad que carece de dueño
1.1. Introducción

En este punto indagamos primero los incentivos de un solo individuo, y después de múltiples individuos, a encontrar cosas que no pertenecen a nadie, como

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peces marinos, animales salvajes o yacimientos de petróleo o de minerales1(la adquisición de propiedades que carecen de dueño se llama también propiedad original).

La medida del bienestar social vendrá dada por el valor esperado de las cosas, es decir, la probabilidad de encontrarlas multiplicada por su valor, menos los costes del esfuerzo de búsqueda. Primero consideraremos la situación más simple, en la cual la propiedad es adquirida por parte de un solo individuo, y después otra, más complicada y realista, en la cual hay múltiples individuos involucrados.

1.2. Adquisición por parte de un único individuo

Describamos primero el comportamiento socialmente óptimo. Considere-mos una situación en la que un único individuo tiene la oportunidad de invertir esfuerzo o recursos en descubrir una cosa. Será socialmente deseable que dicho individuo invierta tiempo, esfuerzo y recursos cuando tal inversión sea suscep-tible de incrementar el rendimiento esperado por encima de su coste. Entonces, si un yacimiento mineral submarino valiera 1.000 y el esfuerzo de exploración pudiera incrementar un 10% la probabilidad de encontrarlo, el valor esperado del esfuerzo sería 100, de modo que el esfuerzo debería acometerse si y sólo si su coste fuera inferior a 100.

La regla “Quien lo halla adquiere su dominio” conduce a la optimalidad. Está claro que un individuo invertirá óptimamente desde el punto de vista social si obtiene el valor completo de la cosa que descubra. Consecuentemente, la regla “Quien lo halla adquiere su dominio” –según la cual se presume que el descubridor es dueño de cualquier cosa que haya encontrado– conducirá al descubridor a la actuación deseable de encontrar cosas.2En contraste, una regla que atribuya a su descubridor solamente una parte del valor de lo descubierto proporciona incentivos insuicientes para el hallazgo de bienes.

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1.3. Adquisición por múltiples individuos

En este caso, la descripción del comportamiento socialmente óptimo pre-senta una complicación. Cuando un individuo busca una cosa, el incremento en la probabilidad de que ese individuo en particular la encuentre típicamente excede el incremento en la probabilidad total de su hallazgo –la probabilidad de que cualquier individuo la encuentre. La razón es que la persona puede buscar en sitios donde los otros habrían ya buscado, de manera que el incremento de la probabilidad de que esa persona en concreto encuentre la cosa a menudo se producirá a expensas de la probabilidad de que otros la encuentren. Es necesario tener en cuenta este factor para determinar si es o no socialmente deseable que un individuo dedique esfuerzo a buscar, dado que solamente el incremento en la probabilidad total de éxito es lo que es relevante a la hora de decidir si el esfuerzo de un individuo dado está o no socialmente justificado.

Ejemplo 1. Supongamos que si A busca solo una cosa las probabilidades de que la descubra serán del 10%. Y que si B se une a A, las probabilidades de que B la encuentre serán del 4% y que las probabilidades de A bajarán al 7% porque B buscará en algunos de los lugares donde A tendría que buscar. Entonces, si B busca junto con A, la probabilidad conjunta del descubrimiento no sube un 4%, sino solamente un 1% –es decir, 4% + 7% = 11%.3En consonancia, el 1 por ciento de incremento de la probabilidad total es lo que resulta relevante para calcular si es o no socialmente beneficioso que B busque. Si el valor de la cosa es 1.000, el coste de búsqueda para A es 15 y para B es 20, entonces debería buscarla solamente A, porque el coste de B es mayor que el incremento de 10 (a saber, el 1 por ciento de
1.000) en el rendimiento total esperado que él proporcionaría.4Con carácter general, merece la pena desde el punto de vista social que un individuo busque, o que haga un mayor esfuerzo de búsqueda, solamente si el coste de hacerlo está garantizado por un incremento esperado en la probabilidad total de encontrar la cosa que sea igual al incremento de su propia probabilidad de encontrarla menos la reducción de la probabilidad de otros de encontrarla.5

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La regla “Quien lo halla adquiere su dominio” arroja como resultado un exceso de búsqueda. Si cualquiera que encuentre algo se lo apropia, los in-centivos para buscar generalmente se desviarán del óptimo y se tenderá a una actividad de búsqueda excesiva desde el punto de vista social. Ello se debe a que el incentivo que tiene una persona para emprender una búsqueda deriva de la probabilidad de que, específicamente, encuentre la cosa, mientras que, como se acaba de mencionar, su búsqueda tenderá a reducir las oportunidades de que otros la encuentren. Por...

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