La administración territorial moderada

Autor:José Antonio Pérez Juan
Páginas:104-123
RESUMEN

A) La lucha por el poder municipal - 1. La Revolución en Alicante: división social y escisión institucional - a) La Junta revolucionaria de la capital - b) La Diputación en el exilio - 2. La última Diputación progresista - B) El modelo territorial centralizado - 1. El moderantismo y la tendencia a la centralización - 2. La ley provincial de 8 de enero de 1845 - C) Aplicación de la nueva legislació... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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A) La lucha por el poder municipal

Después de la defenestración de Olózaga como presidente del Gobierno con motivo de los oscuros sucesos de la noche del 28 de noviembre406, llegó a la presidencia González Bravo. Suponía la vuelta al poder del partido moderado y, con él, la recuperación de sus proyectos políticos más importantes. La supresión de la Milicia Nacional, la limitación de la libertad de imprenta, así como la reforma de la administración local volvieron a plan-tearse. En este sentido, el 30 de diciembre se promulgaba la ley de Ayuntamientos de 14 de julio de 1840407. Proyecto legislativo que tiempo atrás había motivado el inicio de la revolución popular y que, tres años después, iba a causar uno de los episodios más violentos de nuestra provincia. Desde ese momento la división entre moderados y progresistas se acentuó. Pese a los escritos de apoyo que el Gobierno recibía desde distintos puntos de la Península408, se temía que los liberales exaltados se alzaran en armas contra sus medidas. Y así ocurrió. El 28 de enero de 1844 la revolución estallaba en Alicante409.

1. La Revolución en Alicante: división social y escisión institucional

No fue una casualidad que el alzamiento popular se iniciara en la capital lucentina. El carácter progresista del pueblo alicantino, que ya había dado sobradas muestras de su talante liberal en la experiencia constitucional de

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1812, hizo que acogiera con entusiasmo la revuelta popular410. No obstante, la rebelión no tuvo el eco que inicialmente cabría esperar411. Las autoridades municipales de Alcoy, durante la madrugada del día 30 de enero, se constituyeron en Junta de Autoridades de forma permanente para garantizar el orden público en la ciudad y mostrar su respulsa al alzamiento revolucionario acaecido en la ciudad de Alicante412. La misma actitud mantuvieron los Cabildos de Elche, Aspe, Elda, Concentaina y Orihuela provocando la división de la sociedad alicantina que tendrá su reflejo en las instituciones provinciales413.

a) La Junta revolucionaria de la capital

Parte de los vocales provinciales apoyaron el alzamiento y se sumaron a la causa del coronel Pantaleón Boné. Éste rápidamente reorganizó la administración provincial. Se erigió en comandante general, y con el apoyo de los diputados Manuel Carreras, Antonio Verdú y Teodoro Alenda, constituyó una Junta provisional de Gobierno de la provincia de Alicante de la que también formaron parte José María de Gaona y Miguel España. Actuó como vocal-

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secretario Marcelino Franco414. Instalada la Junta revolucionaria lanzaba su primer manifiesto. En él justificaba el alzamiento popular como la única reparación posible a la ofensa que el Gobierno había infringido a los liberales de septiembre de 1840415. Asimismo, la Junta, constituida en Suprema de gobierno de los reinos de Aragón, Valencia y Murcia, elevaba un manifiesto a la reina Isabel II. Declaraba su sumisión a la autoridad real, denunciando los excesos cometidos por Ministerio de González Bravo al tratar de suprimir la Milicia Nacional y «lanzar al rostro de la Nación aquella ley de odiosa memoria»416. Una vez constituida adoptó sus primeros acuerdos en materia de seguridad pública. Para ello decretó la movilización de la Milicia Nacional y ordenó la creación de una Junta de Armamento y Defensa encargada de adoptar las medidas indispensables para organizar las fuerzas militares de la provincia417. Asimismo trató no sólo de aumentar el número de efectivos militares a sus órdenes ofreciendo ascensos y «un real de plus á todos los soldados que gusten alistarse en el ejército libertador»418, sino también de motivar a las tropas para que el levantamiento se expandiera más allá de las murallas de la capital419. No obstante, la actividad de la Junta estuvo condicionada por el devenir de los acontecimientos. En sus comienzos tuvo una actividad frenética, desordenada, en palabras de Jover, diríamos que «todas estas disposiciones (...), llevaban en sí el sello de la precipitación y de la arbitrariedad»420. Empero a medida que transcurrían los días surgían los primeros síntomas de debilidad. El escaso respaldo que el alzamiento popular tuvo fuera de la capital421motivó que las disposiciones adoptadas por la Junta fuesen incumplidas por las autoridades locales.

Los amotinados de Alicante han expedido circulares á los pueblos para que secundaran su movimiento: los pueblos han despreciado las patrióticas indicacio-

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nes de la junta. Elche y Crevillente las han hecho quemar en la plaza pública por mano del pregonero

422.

Al mismo tiempo, el desaliento hacía acto de presencia en el interior de las murallas de la capital. Muy pronto el ímpetu inicial de los rebeldes fue acallado. El primer intento por parte de las fuerzas de Boné de extender el alzamiento fuera de la ciudad, conquistando la villa de Alcoy, finalizó con una derrota de sus tropas a la altura de Elda, donde sufrieron importantes pérdidas humanas y materiales viéndose obligados a retirarse423. A partir de ese momento, el alzamiento militar se circunscribió al interior de la capital. La ciudad fue sitiada por las tropas nacionales. Bloqueo que no tardó mucho tiempo en hacer mella en la población. La escasez de alimentos y las desagradables noticias que llegaban de haber sido pasados por armas los presos detenidos en Elda424, hizo que aparecieran los primeros síntomas de desesperación entre la población y con él las deserciones entre las tropas y las propias autoridades:

Es indescriptible la consternación que reina dentro de murallas: las familias principales han emigrado, y el resto del pueblo devora en silencio la opresión en que vive, y desea que llegue el instante de la entrada de nuestro ejército y el castigo de los revoltosos. Boné duerme constantemente en el castillo, y la junta revolucionaria apenas tiene sesiones. El miembro de ella, España, dice que le han comprometido, y se ha fugado enfermo: Franco y Carreras casi siempre están de servicio, porque no tiene confianza en los Nacionales; no les queda ya tropa

425.

Hasta tal punto llegará el grado de disgregación y debilidad de la Junta que al entrar las tropas nacionales en Alicante «la Junta no existía ya, y por consiguiente carecía la ciudad del centro de dirección (...) Los principales directores del pronunciamiento y los que con más furor habían concitado la

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alarma por medio de artículos ridículamente incendiarios, habían huido por salvar la vida»426.

b) La Diputación en el exilio

Los sucesos acaecidos en la capital habían provocado un vacío de poder en la administración provincial. El jefe político estaba detenido y la Diputación había sido disuelta. Era necesario suplir estas carencias de inmediato. Inicialmente, la máxima autoridad militar y política fue asumida por el comandante general de Murcia, quien «se hallaba en Orihuela para marchar sobre Alicante á reprimir la sedición». Al mismo tiempo, la Junta de autoridades de la villa de Alcoy trataba de instalar la Diputación provincial427.

Paralelamente, el Gobierno central adoptaba las primeras medidas. Al tiempo que decretaba el estado de excepción en la provincia instaba al capitán general del cuarto distrito de Valencia a sofocar la rebelión, dotándole para tal fin de los recursos económicos necesarios428. Las operaciones militares fueron asumidas directamente por Federico de Roncali, teniente general y capitán general del cuarto distrito militar de Valencia429. A principios de febrero, estando la ciudad de Alcoy430sitiada por las tropas rebeldes, Roncali anunciaba su llegada a la capital del Serpis. La entrada del capitán general se produjo el 5 de febrero «a las cuatro y media de la tarde»431. Li-

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berada Alcoy del asedio militar rebelde, las autoridades militares asumieron el mando político convocando a los diputados para instalar la Corporación provincial en la citada localidad, pues «es lo más céntrica que puede apetecerse para la pronta reunión de representantes de los diversos partidos de la provincia». En la misma convocatoria se acordaba destituir a los vocales que habían apoyado el levantamiento popular, nombrando en su lugar a Felix Jiménez por el partido de Alicante, Miguel Pérez Payá, por Monóvar, José Bru Piqueres por Novelda y Juan Thous por Villajoyosa. Asimismo, eran nombrados Tomás Rico y José Atanasio, por los partidos judiciales de Jijona y Callosa de Ensarriá, respectivamente, cuyas elecciones habían sido declaradas nulas a principios de 1844, quedando sin representación los partidos de Orihuela432y Dolores433. Ese mismo día se constituía la Diputación. Actuó como secretario interino, Blas Moltó, quien lo era del Ayuntamiento de Alcoy434. No lo iba a tener nada fácil la nueva Corporación. Uno de los principales problemas que tendrá que superar durante su estancia en Alcoy será la ausencia de vocales435. Falta de quórum que le obligó a funcionar en calidad de comisión de despacho hasta el 21 de febrero de 1844, fecha en la

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que celebró su primera sesión436. Ese mismo día, lanzaba un manifiesto a la provincia dando cuenta de su instalación y felicitando a los pueblos por su actitud ante la revuelta de la capital. Al respecto afirmaba:

Pueblos de la provincia, descansad tranquilos porque la revolución toca á un desastroso término: El Escmo. Sr. D. Federico de Roncali, cuyos antecedentes tanta gloria alcanzan por su valor y sus virtudes; el valiente...

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