El català a l'Administració de justícia i el nou Estatut

Autor:Agustí Pou i Pujolràs
Càrrec:Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya Professor associat del Departament de Filologia Catalana de la Universitat de Barcelona
Pàgines:133-186
RESUMEN

The reform of the Catalan Statute of Autonomy has made it possible to incorporate at the highest level a range of precepts that might imply a change for the situation of Catalan in the justice system. Despite the years that have gone by since the recognition of the official character of Catalan, the use of Catalan in the justice system continues to be very limited, to the point where the official status of Catalan in this sector is often more theoretical than real. The article starts with an overview of the role Catalan plays in the justice system under the current regulations, without taking into account the possibilities opened up by the Statute of Autonomy. First of all, it sets forth who is in charge of regulating aspects of language within the Catalan justice system and actions deriving therefrom. The fact that this power has been basically delegated to the central government has totally conditioned the set of rules that have developed, and affected the actual use of Catalan in the legal environment, for the worse. Secondly, the article discusses the rights and duties that citizens have when they deal with the judiciary and when they participate in various types of legal proceedings (as users of the justice system, as witnesses, jury members, legal professionals, experts, etc.) And, closely connected to this aspect, the functions established by the law for judiciary personnel, to the extent that judiciary employees also have a series of language rights and obligations that have to mesh with those exercised by the citizens and professionals who engage in the process. The resulting set of rules for language use, along with the current set of regulations, gives clear preeminence to Spanish and marginalizes Catalan. In addition, it has been to hard to make the use of Catalan as an official language dovetail with the centalized structure of the judiciary. Third, the paper provides a breakdown of the differing language profiles of the various bodies or categories of civil servants working in this area. The heterogeneous nature of the profiles and the valuation of a knowledge of Catalan as just one more merit for a possible position have led to a level of language skills that has not been up to the standards needed to properly provide for the language rights of the citizenry. The second part of the article is de voted to analyzing the aspects in which the Statute of Autonomy represents an innovation over the system described above and seeing what innovations it introduces in each of the aforementioned aspects. The regulations set forth in the Statute of Autonomy constitute a solid stepping stone and represent a major desire for change on the road to the normalization of Catalan in the courtrooms and tribunals of Catalonia. This change is reflected both in the fact that citizens have been granted a substantial and clearly delineated set of rights (the right to be attended to in Catalan, rights when dealing with central government bodies) and in the willingness to place both official languages in a state of parity. For this reason, despite the cuts it underwent while being drafted, the Statute of Autonomy especially affects the level of knowledge of judicial personnel as a way of safeguarding these rights. In this regard, it introduces clearly innovative mandates, such as making it mandatory for all personnel working in the judiciary to know Catalan, the need to demonstrate that one has sufficient knowledge of Catalan, etc. The need to attain language competence is thus reinforced. In addition, a higher level of powers has been delegated to the Generalitat, which can only redound to the benefit of the normalization of Catalan. In any case, the paper concludes, there is a need for proper deployment of the new language regime, so that this language regime, as is currently planned, will become a reality and not just a statement of intentions. A reform of the set of rules on language that is encapsulated in central government regulations will thus become necessary. Bringing about the reform of these central government regulations will imply the collaboration at various levels of those central government institutions that have responsibility over the judiciary and the justice system. The Generalitat (Autonomous Government of Catalonia) itself must also, however, exercise its powers in the language area in unequivocal fashion. La reforma del Estatuto de autonomía catalán ha posibilitado incorporar en el más alto nivel un abanico importante de preceptos que pueden implicar un cambio para la situación del catalán en la Administración de justicia. El uso de la lengua catalana en este ámbito, a pesar de los años transcurridos desde el reconocimiento de su oficialidad, continúa siendo muy bajo, hasta el punto de que a menudo la oficialidad declarada es más teórica que real. El artículo empieza con el del régimen jurídico de la lengua en la justicia que se desprende de la normativa actual, sin tener en cuenta las posibilidades que abre el Estatuto. En primer lugar, se delimita a quien corresponde la regulación de los aspectos lingüísticos dentro de esta Administración y en las actuaciones que genera. La atribución de esta competencia básicamente al Estado ha condicionado completamente y de una manera negativa el régimen que se ha desarrollado y el uso real del catalán en el ámbito forense. En segundo lugar, se tratan los derechos y deberes que tienen los ciudadanos cuando se relacionan con las instancias judiciales y cuando en diferentes conceptos (justiciables, testigos, jurados, profesionales jurídicos, peritos, etc.) intervienen en un procedimiento judicial. Y estrechamente relacionado con este aspecto, los usos que prescribe la ley para el personal que sirve al poder judicial, en la medida en que el funcionario también es portador de una serie de obligaciones y derechos lingüísticos que se tienen que articular con los que ejercen los ciudadanos y los profesionales que participan en el proceso. El régimen de usos lingüísticos que resulta da, con la normativa actual, una clara preeminencia al castellano y deja al catalán en una situación de marginalidad. A ello hay que añadir la difícil articulación del uso del catalán como lengua oficial con la estructura centralizada del poder judicial. En tercer lugar, se desglosan los diferentes perfiles lingüísticos que tienen los distintos cuerpos o categorías de funcionarios que trabajan en este ámbito. La heterogeneidad de perfiles y la valoración del conocimiento del catalán como simple mérito para ocupar una plaza han derivado en una deficiente capacitación lingüística para poder atender correctamente los derechos lingüísticos de los ciudadanos. La segunda parte está dedicada a analizar en qué innova el Estatuto el régimen descrito, qué novedades introduce en cada uno de los aspectos mencionados. La norma estatutaria constituye un avance que se pretende sólido y que manifiesta una gran voluntad de cambio en el camino hacia la normalización del catalán en juzgados y tribunales de Cataluña. Este cambio se refleja tanto en la atribución al ciudadano de un abanico importante y bien delimitado de derechos (derecho a ser atendido en catalán, derechos ante de los órganos centrales del Estado) como en la voluntad de poner en situación de paridad a las dos lenguas oficiales. Por ello, a pesar de los recortes que ha sufrido en el proceso de elaboración, el Estatuto incide especialmente en la capacitación del personal judicial como garantía de los derechos. En este sentido, introduce mandatos claramente innovadores como la afectación de todo el personal judicial al conocimiento del catalán, la necesidad de acreditar un nivel suficiente, etc. Se produce, pues, un reforzamiento en la necesidad de alcanzar competencia lingüística. A todo ello hay que añadir la fijación de un nivel más alto de espacios competenciales para la Generalitat, que tienen que redundar en un beneficio para la normalización del catalán. De todos modos, y como conclusión, se indica la necesidad de un despliegue adecuado a fin de que el régimen lingüístico previsto pase a ser real y no se quede en declaración de intenciones. Será necesaria, pues, una reforma del régimen lingüístico que contienen las normas del Estado, requerimiento que implica en diversos niveles la colaboración de las instituciones estatales con responsabilidades sobre el poder judicial y la Administración de justicia. Pero también será imprescindible un ejercicio competencial inequívoco por parte de la propia Generalitat.

 
ÍNDICE
CONTENIDO

Page 133

I Introducció

La1 reforma de l’Estatut ha brindat una oportunitat per incorporar en el nivell normatiu més alt moltes prescripcions que ja s’havien establert a través de l’activitat legislativa i administrativa ordinària. La llengua no n’ha estat pas una excepció; l’Estatut li ha reservat un tractament extens. En molts casos, però, la regulació estatutària ha implicat l’«assegurament» de realitats legals preexistents, de realitats i conceptes jurídics que s’havien anat consolidant a llarg dels vint-i-cinc anys de vigència de l’EstatutPage 134de 1979.2 La regulació que el nou text estatutari dedica a l’Administració de justícia és especialment ampli i, en el tema que tractem, força innovador. Tal com exposarem més endavant, l’Estatut obre un important ven- tall de possibilitats d’incidència en els usos lingüístics en aquest àmbit. Segurament la mateixa consciència de desfasament entre la doble oficialitat lingüística proclamada i la precarietat de l’ús ha fet que en el procés d’elaboració del nou text s’hagi intentat fer un pas endavant en la normalització de la justícia o, almenys, posar els fonaments necessaris perquè així sigui.

La veritat és que el desequilibri actual entre l’ús del castellà i del català permet afirmar que la doble oficialitat sovint és més teòrica que real. Les raons no són solament històriques o generacionals, sinó també relatives a l’estructura del poder judicial, al sistema de provisió de places, a la distribució de competències sobre l’àmbit judicial o al marc jurídic de la llengua en aquesta Administració.3 El mateix Llibre verd de l’Administració de justícia, preparat pel Departament de Justícia, ho assenyala de manera prou diàfana. Per la seva redacció inequívoca, en reproduïm tot un paràgraf:

Diguem clarament i de bon principi allò que ja és conegut de tothom: la situació de la llengua catalana a l’Administració de justícia és molt precària. Els drets que en aquest aspecte les lleis vigents reconeixen al ciutadà no troben el context necessari per a poder-se fer raonablement efectius, ans el contrari. La percepció que en té el ciutadà en general i l’usuari de l’Administració de justícia —i especialment el ciutadà de llengua habitual catalana— és corroborada per les dades de què disposem. Tant les informacions quantitatives com les qualitatives confirmen aquesta precarietat, que es manifesta en un ús força escàs i molt inestable.

4

Les xifres d’ús mostren que el moment en què s’ha dictat un percentatge més alt de sentències en català ha estat l’any 2004, amb un 20,63 % (moment de màxim abast de l’anomenat Pla pilot de funcionament en ca-Page 135talà de les oficines judicials),5 i que l’any 2006 el percentatge ha baixat fins al 18,13%. La documentació corresponent al tràmit de les actuacions ofereix també unes quantitats semblants,6 dades que contrasten fortament amb els percentatges d’ús (i també de nivell de coneixement) que es desprenen dels censos lingüístics de la població.7 En aquest sentit, podem afirmar que l’Administració de justícia no ha tingut una progressivitat adequada a l’hora d’adaptar-se a la doble oficialitat i de normalitzar l’ús del català en les seves actuacions. De fet, les referències de la doctrina a l’endarreriment del català i de les altres llengües oficials pròpies en aquest àmbit són nombroses. Em limitaré a esmentar-ne dues, tan distants en el temps com properes en el diagnòstic. Carles Duarte, el 1983, en el primer número de la Revista de Llengua i Dret, ressenyant les opinions manifestades en una taula rodona sobre la normalització en l’àmbit jurídic, assenyalava que «el panorama dibuixat [...] és esperançador en l’Administració autonòmica i municipal, menys positiu en l’àmbit de l’activitat notarial i encara menys en l’Administració de justícia (cursiva nostra)»;8 Anna M. Pla, el 2005, en la primera monografia sobre les llengües a l’Administració de justícia, comença la presentació indicant que «l’Administració de justícia és un dels àmbits públics menys permeables a l’ús de les llengües oficials i pròpies de les comunitats autònomes diferents de la castellana. La normalització lingüística d’aquests idiomes, en l’àmbit judicial, continua essent un procés inacabat.»9

Els vint-i-cinc anys llargs que van de l’aprovació de l’Estatut fins a la seva reforma han estat rics en pronunciaments sobre la migradesa del ca-Page 136talà en aquest àmbit, les causes i les possibles solucions; en iniciatives parlamentàries que pretenien atènyer un marc normatiu més favorable; en controvèrsies judicials sobre l’ús i el coneixement del català entre el personal judicial, i en polítiques públiques destinades a redreçar la situació.10 Malgrat això, el panorama lingüístic que ofereixen jutjats i tribunals és de domini absolut del castellà i, molt sovint, d’un baix nivell de coneixement del català. Els esforços i les voluntats abocades en aquest procés encara no han arribat a crear, manllevant les paraules del Llibre verd, «el context necessari» per fer efectius els drets lingüístics dels ciutadans. I en el nostre cas el context és del tot imprescindible per a l’exercici d’aquests drets, que per la seva naturalesa tenen manifestacions diverses, des de l’aspecte més subjectiu fins al terreny dels difícilment acotables drets col·lectius. Sigui com sigui, la dimensió col·lectiva del fet lingüístic, a més a més dels seus aspectes culturals, identitaris o simbòlics,11 té molt a veure amb la configuració de la llengua com a vehicle de comunicació que, si és innecessari, passa a ser superflu. L’objectiu de la normalització, precisament, és subvertir el procés de substitució lingüística creant contextos de necessitat que facin de la llengua vehicle de comunicació imprescindible.12 Aquest és l’element de valor que encara no és present a la justícia.13

Page 137

L’Estatut és, doncs, una oportunitat més, i prou important per la seva significació política i jurídica dins del redreçament lingüístic a la justícia. De fet, d’innovacions que hagin suposat un canvi substancial de la situació, o no n’hi ha hagut o no han estat prou aprofitades. Podem parlar de passes,14 però la dilatació del procés en el temps, l’aplicació desvirtuada de determinades normes de règim lingüístic, la falta de corresponsabilització per part de l’Estat, etc. han fet de la catalanització de la justícia una qüestió insidiosament pendent. L’Estatut estableix unes bases renovades en aquest procés que, tanmateix, hauran de ser materialitzades a partir d’ara pels poders públics, als quals incumbeix sens dubte la tasca de crear aquell context normatiu i social favorable al català.

Amb el propòsit de posar en relleu les possibilitats de canvi que dibuixa l’Estatut, incidirem primer en el règim jurídic de la llengua en la justícia que es desprèn de la normativa actual. Per fer això estructurem l’exposició en diferents nivells. El primer, molt determinant, és a qui correspon la regulació dels aspectes lingüístics dins d’aquesta Administració i en les actuacions que genera. La delimitació d’aquesta qüestió condiciona completament, com demostren a bastament tots els estudis que s’han fet sobre llengua i justícia, i com passa, per altra banda, en la majoria de matèries, el règim que s’hi desenvolupi i l’ús real de les llengües oficials en l’àmbit forense. El segon dels aspectes fa referència als usos lingüístics dels ciutadans, que és el mateix que dir els dret i deures que tenen quan es relacionen amb les instàncies judicials i quan en diferents conceptes (justiciables, testimonis, jurats, professionals jurídics, pèrits, etc.) intervenen en un procediment judicial. Acotada aquesta esfera, podem entrar en el tercer aspecte, els usos que prescriu la llei per al personal que serveix el poder judicial. El funcionari també és portador d’un seguit d’obligacions i drets lingüístics que s’han d’articular amb els que exerceixen els ciutadans i els professionals que participen en el procés. D’un i d’altre aspecte, en sorgeix el règim d’ús pròpiament dit. A aquest règim d’ús cal afegir, en quart lloc, les situacions, legalment previstes, en què s’ha d’acudir a la traducció de les actuacions orals o escrites sobre la base de dos motius: per un cantó, l’articulació dels drets dels ciutadans amb la llengua oficial emprada en el proPage 138cés; per l’altre, l’articulació de l’ús del català com a llengua oficial amb l’estructura centralitzada del poder judicial. Finalment, el cinquè aspecte, tot i que està molt relacionat amb els usos lingüístics dels funcionaris, però que per la seva rellevància el tractem a part, és el perfil lingüístic que tenen els diferents cossos o categories de funcionaris que treballen en aquest àmbit.

El segon bloc el dedicarem a analitzar en què innova l’Estatut el règim precedent; què introdueix de nou en cadascun dels aspectes que hem esmentat. Tal com es veurà, la norma estatutària dedica una atenció importantíssima a la llengua en aquesta Administració, preocupació que respon, com es desprèn dels debats parlamentaris, a la dificultat extrema no sols per estendre l’ús del català en aquest àmbit, sinó fins i tot per atendre uns mínims d’ús per complir amb els drets dels ciutadans. En aquest sentit, i com ja he indicat, l’Estatut constitueix un esgraó que es pretén sòlid i que palesa una gran voluntat de canvi, en el camí cap a la normalització del català a jutjats i tribunals de Catalunya.

Per acabar, dediquem les conclusions a l’aplicabilitat dels previsions lingüístiques de l’eac sobre justícia. Caldrà un marc de desplegament adequat per tal que el règim lingüístic previst passi a ser real, i no es quedi en declaració d’intencions d’una norma més voluntariosa que efectiva. Per reeixir en aquest fi serà necessària una reforma del règim lingüístic que contenen les normes de l’Estat, requeriment que implica en diversos nivells la col·laboració de les institucions estatals amb responsabilitats sobre el poder judicial i l’Administració de justícia. Però també serà imprescindible un exercici competencial inequívoc per part de la Generalitat, ja que les preceptes estatutaris, malgrat les limitacions, li donen unes possibilitats reguladores de les quals fins ara estava mancada.

II L’ordenació de la llengua a l’Administració de justícia fins a l’Estatut
1. La competència per regular la llengua

L’entramat de competències i potestats que els distints poders públics tenen sobre aquesta Administració i en aquesta matèria el podem concretar en els punts següents.15

Page 139

  1. A diferència d’altres estats compostos, a l’Estat espanyol el poder judicial està fortament centralitzat. Al principi d’unitat jurisdiccional (art. 117.5 ce)16 es vincula la competència exclusiva de l’Estat sobre Administració de justícia (art. 149.1.5 ce) i sobre la legislació processal (art. 149.1.6 ce), a més de la que té sobre l’establiment de les bases del règim jurídic de les administracions públiques i de l’estatut dels funcionaris (art. 149.1.18 ce). La competència de l’Estat és, doncs, àmplia, i el reconeixement de cert marge competencial autonòmic ve condicionat pel principi d’unitat. Dins d’aquesta competència cal incardinar la regulació substancial de la llengua (stc 56/1990, de 29 de març).17

    Page 140

    Tanmateix, l’article 18.1 de l’antic Estatut recollia l’anomenada clàusula subrogatòria,18 que ha permès a la Generalitat de Catalunya intervenir sobre l’aparell burocràtic de suport judicial, atès que, a parer del Tribunal Constitucional, «l’administració de l’Administració de justícia» no és poder judicial en sentit estricte (stc 56/1990, 105/2000, 253/2005, 270/2006, 294/2006).19 Per contra, la intervenció sobre els cossos de jutges i fiscals està pràcticament vedada.20

    La modificació de la lopj per la lo 16/1994, i per la més recent lo 19/2003, ha deferit a les comunitats autònomes algunes competències en relació amb la gestió de recursos humans (iniciades especialment pel Reial decret de traspassos 441/1996),21 tot i que certament limitades en l’àmbit lingüístic. La lopj i els reglaments orgànics dels cossos judicials regulen la majoria dels aspectes i la intervenció es limita al reconeixement de títols que acrediten el coneixement del català i a la col·laboració en activitats de formació. Amb tot, l’actual redacció dels articles 521.4.3r i 530 de la lopj obre una porta a la intervenció en el disseny de perfils lingüístics en poder incloure determinats requisits de llengua en la relació de llocs de tre-Page 141ball, per bé que cal tenir en compte que el Ministeri de Justícia és a qui correspon aprovar aquesta relació amb caràcter definitiu, i pot no aprovar-la per raons de legalitat.22

    Pel que fa al personal funcionari de la Generalitat adscrit a l’Administració de justícia i al personal laboral (numèricament i funcionalment poc rellevant), la Generalitat sí que té potestat per dissenyar-ne el règim lingüístic (segons l’art. 11 de la lpl).

    En definitiva, les potestats que exerceix la Generalitat en matèria d’Administració de justícia no li han permès de desenvolupar una normativa pròpia sobre llengua per a aquest àmbit, sense contradiccions amb l’ordenament central, ni pel que fa als usos lingüístics, ni quant al règim del personal, atès que la regulació ve substancialment fixada per la mateixa lopj i pels reglaments orgànics dels diferents cossos. Fins i tot després de la darrera reforma, la incidència que pot tenir la comunitat és parcial i subordinada.23

  2. La matèria lingüística24 no es troba en la relació de les competències reservades a l’Estat (art. 149 ce) i només hi ha una referència indirecta dins les matèries que poden correspondre a les comunitats autònomes. L’art. 148.1.17 ce s’hi refereix, però només en relació amb l’ensenyament. L’al·lusió constitucional és, doncs, força migrada. Tanmateix, l’art. 149.3 ce prescriu que les matèries no atribuïdes expressament a l’Estat central per la Constitució poden correspondre a les comunitats autònomes en virtut dels estatuts d’autonomia respectius. L’art. 3.3 de l’antic Estatut d’autonomia de Catalunya, dins del títol preliminar, recollia aquesta menció a la llengua, en establir que «la Generalitat de Catalunya garantirà l’ús normal i oficial d’ambdós idiomes, prendrà les mesures necessàries per talPage 142d’assegurar llur coneixement i crearà les condicions que permetin arribar a llur igualtat plena quant als drets i deures dels ciutadans de Catalunya», text que manifestava clarament una atribució competencial a la Generalitat, tot i que no es trobava en el títol I de l’Estatut, que regulava les competències de la Generalitat.25

    El mateix Tribunal Constitucional, tot i que no ha mantingut una única postura sobre la realitat d’aquesta competència, finalment ha acabat reconeixent aquest títol (stc 74/1989, fj 2), que habilita determinades comunitats autònomes, d’acord amb els seus estatuts d’autonomia, per regular l’abast i els efectes de la cooficialitat i a promocionar la llengua pròpia (stc 82/1986, fj 5 i 6; 123/1988, fj 5; 56/1990, fj 40; 337/1994, fj 7; 253/2005, fj 10, i 270/2006).

    Pel que fa a l’articulació amb altres títols competencials de l’Estat, la matèria lingüística té un caràcter genèric, per contraposició a competència específica. En conseqüència, concorrerà necessàriament amb aquests altres títols competencials específics o substantius, la qual cosa no pot eliminar la competència lingüística, encara que concorri amb una competència exclusiva de l’Estat (stc 123/1988).26

    L’abast i els efectes de l’oficialitat precisats per la regulació autonòmica seran traslladats per l’administració competent (estatal, autonòmica, local, etc.) al seu àmbit organitzatiu intern. Així, la Generalitat té competència en tot allò que significa l’establiment de les normes bàsiques sobre l’oficialitat del català (i per consegüent del castellà) i de la seva normalitza ció (en aquest sentit, l’art. 5.2 lpl habilita la Generalitat per promoure i fomentar l’ús de la llengua catalana en tots els àmbits, adoptar les mesures necessàries i destinar-hi els recursos suficients), aspectes que permeten que el legislador autonòmic dicti una normativa territorial uniforme per a les diferents instàncies públiques que serveixi, ensems, per plantejar una normalització de la llengua pròpia coherent i adequada a la seva situació sociolingüística.

    No obstant això, el Tribunal Constitucional ha assenyalat que l’adaptació lingüística dels poders públics es pot fer de manera progressiva, atès el punt de partida lingüísticament baix de què va partir la normalització de les llengües pròpies (en aquest cas era el basc; stc 82/1986). Per tant, elsPage 143drets lingüístics dels ciutadans també tindrien una dimensió progressiva, que es correspondria amb aquest esforç de l’administració per emmotllarse a la doble oficialitat i incorporar-la al si del seu funcionament ordinari.27

    Cal puntualitzar, però, que ni les facultats autoorganitzatives poden abastar tant que es deixi sense contingut la competència lingüística, tal com ha indicat la jurisprudència ressenyada, ni les prescripcions autonòmiques (estatutàries o legals) poden ser ajornades indefinidament en virtut de la «progressivitat» en la utilització de la llengua pròpia per part de les administracions.

    Recapitulant, fins a la reforma estatutària es reconeixia parcialment una competència en matèria de llengua atribuïda a la Generalitat, amb uns contorns poc precisos, però que abasta com a àmbit material la normalització del català i la regulació dels usos oficials del català i del castellà en els seus aspectes generals, i deixa la posada en pràctica o «autoorganització lingüística» al titular de la competència substantiva, el qual, però, no hauria de poder desvirtuar la normativa lingüística general per mitjà d’instaurar regles que la contradiguin ni ajornar-la indefinidament.28

  3. A partir d’aquesta formulació, vegem com s’havia concretat jurisprudencialment i legalment la competència lingüística de la Generalitat en l’àmbit judicial. La stc 82/1986 n’estableix el principi general: «Quant a la qüestió de la competència de les comunitats autònomes per regular la utilització de les llengües oficials en l’Administració de justícia, [...] els poders públics de les comunitats autònomes poden regular l’abast inherent al concepte de cooficialitat, [...] i de cap manera es pot estendre a l’ordenació concreta de la seva posada en pràctica per part de l’Estat per als seus organismes propis en la comunitat autònoma».

    En un gir restrictiu, la stc 56/1990, de 29 de març, indica que «tant l’Estat com les comunitats autònomes poden incidir en la regulació sobre la matèria d’acord amb el repartiment competencial de competències; ens trobem, doncs, davant d’una competència concurrent»,29 i hi afegeix quePage 144«la regulació de les condicions d’accés i ascens dins dels distints cossos al servei de l’Administració de justícia és competència estatal [fet que] justifica que sigui l’executiu estatal el competent per regular aquest mèrit».30

    Atenint-nos a aquesta doctrina, la Generalitat quedava força limitada per establir un règim lingüístic per a l’Administració de justícia. Sembla difícil que, amb aquesta perspectiva, quedés marge per dictar un règim d’usos lingüístics que anés més enllà d’atribuir al ciutadà el dret d’escollir la llengua de comunicació amb els òrgans judicials o l’establiment d’una certa perfilació lingüística per als funcionaris judicials, sobre la base que el centre de gravetat radica en el ciutadà.31

    A aquesta competència, doncs, se li atribuïa un abast que impedia a la Generalitat fer efectius els principis de doble oficialitat i el de llengua pròpia que té el català. No s’entenia en el sentit apuntat per la stc 74/1989, que assenyala que en una «situació de cooficialitat lingüística, com a la derivada de l’art. 3 de la ce i l’art. 3 de l’eac, l’exercici de la competència autonòmica de normalització lingüística ha d’incidir per força en matèries també acotades per altres títols competencials reservats a l’Estat».

    El desplegament normatiu que hi ha hagut respecte d’aquesta qüestió, fins i tot si considerem la reforma de la lopj feta per la lo 19/2003, podem dir que ha seguit el principi segons el qual la competència substantiva en Administració de justícia que correspon a l’Estat arrossega les potestats bàsiques per dictar el règim juridicolingüístic judicial.32 Si fem un cop d’ull a aquesta normativa, constatem la manca d’intervenció autonòmica. La lopj dissenya l’esquema bàsic dels règim d’usos orals i escrits i el perfil lingüís-Page 145tic dels funcionaris. Les úniques possibilitats d’establir una certa política lingüística pròpia vindrien donades:

    • A través de la relació de llocs de treball en què la comunitat pot disposar requisits específics per a determinades places. Els reglaments orgànics dels diferents cossos dissenyen substancialment el sistema de valoració del coneixement de la llengua pròpia i només reserven a la comunitat autònoma un paper merament auxiliar. I els diferents convenis subscrits amb el Consell General del Poder Judicial (en endavant, cgpj) no aporten res sobre l’atribució de competències en l’ús lingüístic més enllà del suport en assessorament i formació que ofereix la Generalitat a les oficines judicials, o en l’acreditació del coneixement de la llengua catalana.

    • En virtut dels article 13.1 a 3 de la Llei de política lingüística, que fa poc més que explicitar les conseqüències de l’oficialitat de les llengües en aquest àmbit.

    • Per raó de la competència en suport judicial que té la Generalitat implica la funció de normalització lingüística dels jutjats i tribunals, per altra banda, totalment desatesa per l’administració estatal.33

    En definitiva, de les competències descrites es desprèn que la regulació de la doble oficialitat i de la normalització lingüística depèn fonamentalment de la titularitat i exercici de la competència substantiva en Administració de justícia i legislació processal (149.1.5 i 6 ce) i no de la competència lingüística de la Generalitat, que, a la pràctica, té un paper subordinat respecte de la legislació i les decisions de l’Estat. La conseqüència immediata és la manca d’una política normativa pròpia en aquesta matèria, i fins i tot d’una pràctica administrativa, que doni coherència i cobertura a les accions de normalització del català i la fragmentació dels règims lingüístics d’acord amb qui (bàsicament l’Estat; en execució, en part la Generalitat) té atribuïda la competència sobre aspectes concrets de l’Administració de justícia.

2. La regulació dels usos lingüístics

Sobre la base de la distribució de competències que hem apuntat, i com a conseqüència d’aquesta, la regulació dels usos lingüístics dins l’àmbit ju-Page 146dicial34 l’ha dictada l’Estat en la seva part més substancial i determinant.35 La Generalitat, per contra, ha incidit en aspectes molt genèrics, que són reflex de la seva competència en matèria lingüística, en el que el Tribunal Constitucional en diu «determinació de l’abast de la cooficialitat», o en aspectes de detall que es corresponen amb les seves potestats sobre aspectes merament executius de l’Administració de justícia.

Fins al moment d’aprovar-se l’Estatut, i sense tenir-lo ara en compte, tres són els blocs normatius que regeixen la matèria. En primer lloc, la normativa bàsica la trobem a l’art. 231 de la lopj i en l’art. 142 de la Llei d’enjudiciament civil (en endavant, lec), que estableix pràcticament el mateix que la primera. En segon lloc, pel que fa a la legislació catalana, l’art. 13.1, 2 i 3 de la lpl disposa el marc general derivat de l’oficialitat del català i del castellà i els drets lingüístics subsegüents. Finalment, cal fer una menció especial a la Carta europea de llengües regionals o minoritàries (en endavant, celrm), que suposa una innovació clara al règim existent. Precisant aquesta normativa, el Tribunal Constitucional ha dictat una important jurisprudència sobre la qüestió.

A) Els drets lingüístics dels ciutadans davant de l’Administració de justícia. La declaració d’oficialitat de la llengua implica per al ciutadà un dret d’opció lingüística, això és, el dret de fer un ús jurídicament vàlid de la llengua oficial escollida davant dels poders públics i dels particulars. Un poder públic, doncs, no pot negligir la llengua emprada pel ciutadà, la qual, en conseqüència, genera plens efectes jurídics. En un territori que, com Catalunya, té més d’un idioma oficial, esdevé el mecanisme que delimita els mínims lingüístics indisponibles de què gaudeixen els parlants d’ambduesPage 147llengües respecte les diferents instàncies públiques.36 Així, la stc 82/1986 indica que «en els territoris dotats d’un estatut de cooficialitat, l’ús per als particulars de qualsevol llengua oficial té efectivament plena validesa en les relacions que mantinguin amb qualsevol poder públic radicat en l’esmentat territori, i el dret de les persones a l’ús d’una llengua oficial és, doncs, un dret fonamentat en la Constitució i en l’Estatut respectiu».

La lpl ha establert que les llengües catalana i castellana «[...] poden ésser emprades indistintament pel ciutadans i les ciutadanes» (art. 3). Així mateix, l’art. 4 estableix que «en el marc d’una política activa de la Generalitat per a crear les condicions que permetin d’arribar a la igualtat plena quant als drets i els deures lingüístics», els drets d’ús següents: «b) expressar-se en qualsevol de les dues llengües oficials, oralment i per escrit, en les relacions i els actes públics i privats; c) ésser atès en qualsevol de les dues llengües oficials en els termes que aquesta Llei estableix; i d) emprar lliurement qualsevol de les dues llengües oficials en tots els àmbits».

En un pla de principis, el dret d’opció lingüística conté dos vessants: l’actiu, que és el dret d’usar la llengua de preferència davant dels poders públics i dels particulars, i el passiu, o sigui el dret de ser contestat en la llengua que el ciutadà ha escollit. La legislació catalana i l’estatal han abordat aquests dos aspectes d’aquest dret ciutadà de maneres diferents. Vegem en concret com s’ha plasmat a l’Administració de justícia.37

a) Per una banda, quant al dret d’usar la llengua de preferència, la lpl estableix el dret de tothom a relacionar-se, oralment i per escrit, amb l’Administració de justícia en la llengua oficial que s’esculli, sense que se li pugui exigir cap mena de traducció (art. 13.2). Aquest dret, que constitueix el correlat lògic de l’oficialitat, s’estén a qualsevol comunicació del ciutadà (en qualitat de part, testimoni, advocat o procurador) processal, administrativa o, simplement, informal, que adreci a l’Administració de justícia.

Page 148

L’article 231.3 de la lopj, per la seva banda, preveu que «les parts, els seus representants i qui els dirigeixin, així com els testimonis i pèrits, poden utilitzar la llengua que sigui també oficial a la comunitat autònoma en el territori de la qual tinguin lloc les actuacions judicials, tant en manifestacions orals com escrites» (una previsió pràcticament idèntica hi ha a l’article 142.3 de la lec).

La jurisprudència ha introduït diverses modulacions a aquesta normativa. En efecte, el dret a emprar la llengua que es vulgui se circumscriu al mateix acte de declaració i no al fet que les manifestacions formulades siguin recollides en la llengua en què es fan. És el cas de les declaracions de testimonis o justiciables fetes en l’idioma propi i recollides en l’acta en castellà (itc 88/1999; o també, en un àmbit diferent, la stc 87/1997). Així mateix, el dret d’ús només es pot exercir davant dels òrgans judicials radicats a la comunitat autònoma amb la llengua pròpia cooficial, no davant dels òrgans centrals (stc 30/1986).38 Aquesta mateixa limitació territorial es desprèn del darrer incís de l’art. 231.3 de la lopj en preveure l’ús vàlid de la llengua pròpia només és possible dins del territori on és oficial.

Pel que fa al dret a la tutela judicial efectiva de l’art. 24 ce, el Tribunal Constitucional ha entès que no hi cap el dret a prestar declaració davant d’un òrgan judicial de la comunitat autònoma sense intèrpret, és a dir, el ciutadà o l’advocat no gaudeixen del dret a ser entesos directament pels jutges o funcionaris en la llengua pròpia oficial de la comunitat (art. 231.5 lopj; stc 2/1987 i Provisió del tc d’1 d’octubre de 1997). La important itc 166/2005, de 19 d’abril, aborda de nou l’existència d’aquest dret arran d’una qüestió d’inconstitucionalitat plantejada per l’Audiència Provincial de Biscaia. Segons aquest òrgan, el règim que estableix l’article 231 de la lopj no s’adequa al que preveu l’article 9 de la celrm, atès que, d’acord amb el principi d’immediació connectat amb el règim lingüístic, considera que és necessari el coneixement de l’idioma propi oficial per part dels membres de l’Administració de justícia. El Tribunal Constitucional acull bàsicament les argumentacions del fiscal general i considera que no hi ha contradicció amb la Carta europea, vinculada al règim de cooficialitat que estableix la Constitució, atès que la «bona administració de justícia» (principi que estableix la mateixa Carta) fa que cap de les parts pugui quedar en indefensió, fins i tot quan es tracta, com en aquest cas, d’un poder públic com el Ministeri Fiscal. Pel que fa a la immediació, assenyala que la intervencióPage 149d’intèrpret no la infringeix, ans el contrari, protegeix el dret dels intervinents a expressar-se en la llengua pròpia. La conclusió final és que l’òrgan jurisdiccional no solament pot autoritzar la interpretació al castellà, sinó que hi està obligat a fi de complir les seves funcions.39

Així doncs, si valorem el tractament legal i jurisprudencial que ha tingut aquest dret, hem de destacar sobretot dues deficiències greus. Per un cantó, que el dret no es correspon amb un deure paral·lel del funcionari judicial, sinó només amb un deure de l’Administració en conjunt a entendre el ciutadà, amb la qual cosa el recurs a la traducció i a la interpretació no té un caràcter excepcional i conjuntural com hauria de ser tractant-se d’una llengua oficial, sinó que ha esdevingut un tret constitutiu del sistema.40 En altres paraules, des de la legislació estatal les manifestacions, orals o escrites, del ciutadà fetes en català estan tractades més com una excepció que no pas com a un ús normal. Per un altre cantó, el dret d’ús no ha abastat tota l’organització judicial, atès que els òrgans superiors de la jurisdicció or dinària situats a Madrid i la jurisdicció constitucional no admeten el català com a llengua vàlida, amb la qual cosa una part significada de l’activitat jurisdiccional que afecta el ciutadà ha quedat desvinculada de l’oficialitat.41

b) Per altra banda, el dret a ser atès en la llengua que el ciutadà vulgui només es troba parcialment satisfet. A la lpl s’estableix el dret de tothom a «ésser atès», amb independència de la llengua en què el ciutadà o el professional s’adreci a l’òrgan judicial. S’ha discutit si aquest deure d’atenció inclou el vessant passiu del dret (a ser correspost en la llengua volguda), o bé només hi incorpora l’actiu (el dret d’ús).42 Tampoc es preveu aquestPage 150dret a la lopj, que només disposa el dret d’opció lingüística en sentit actiu, el dret del ciutadà a adreçar-se en la llengua que vol, però no el dret a ser correspost.

En canvi, amb caràcter més concret, tant la lpl com la lopj preveuen drets subjectius a ser atès en la llengua de preferència per a determinats tipus de resolucions o en algunes circumstàncies. La lopj, però, no s’adequa gens a l’esperit d’igualtat entre les llengües que inspira la lpl, i menys encara al que estableix l’actual Estatut.

• El dret a rebre les testimoniances de les sentències i els actes resolutoris en la llengua oficial que es demani (art. 13.3 lpl). També se’n podria deduir un cert deure per part del jutge o de l’oficina judicial de redactar la resolució segons la llengua que vol el ciutadà. Ara bé, la stc 105/2000 ens allunya d’aquesta lectura en entendre que, almenys pel que fa al jutge, no té l’obligació legal de conèixer l’idioma propi de la comunitat autònoma.

• El dret que les actuacions judicials se substanciïn en castellà si una part s’oposa que es faci en català perquè n’al·lega desconeixement que li pugui produir indefensió. Aquesta previsió de l’article 231.2 de la lopj trenca la igualtat entre les llengües oficials que manté la lpl en preveure només el desconeixement de la llengua pròpia de la comunitat.43 Mentre que el desconeixement del català obliga tot el personal judicial a utilitzar el castellà, el supòsit invers només autoritza el dret a un intèrpret; això és, només serà una excepció del deure general de conèixer el castellà establert a l’article 3 ce.44

Seria lícit interpretar que en els supòsits en què s’al·legui desconeixement d’alguna o de totes les actuacions del procés, aquest s’ha d’al·legar suficientment (s’ha de partir de la presumpció de coneixement dels dos idio-Page 151mes oficials), però la tendència del jutge ha estat oferir tutela al desconeixedor del castellà, sense entrar en gaires valoracions.45 Els drets reconeguts a l’Estatut, com veurem, canviaran aquesta perspectiva i obligaran a una lectura diferent d’aquesta normativa.

El tractament, doncs, de català i castellà per part de la legislació és totalment desigual pel que fa al dret a ser correspost en la llengua de preferència. La lopj parteix del pressupòsit que el desconeixement del català és normal, i per això empara el ciutadà que l’al·lega fins al punt de condicionar la llengua de tots els que intervenen en el procés, mentre que per al català l’únic que es pot deduir és un dret a traductor o intèrpret quan la persona desconegui el castellà. Un règim com el dels ciutadans estrangers. L’associació indefensió amb el desconeixement del català, per altra banda,

és del tot desafortunada,46 en situar el poder públic com a garant del dret lingüístic judicial del castellanoparlant davant del possible ús del català, cosa que, per altra banda, difícilment es pot conciliar amb el que estableix la Carta europea.47

Page 152

B) La llengua del personal al servei de l’Administració de justícia. De l’art. 231 de la lopj es desprenen dues normes de caràcter general. La primera que la llengua d’ús normal del personal de l’Administració de justícia és el castellà (art. 231.1 lopj) i així ho han recordat diverses resolucions judicials. La mateixa stc 56/1990 deia que «el caràcter de llengua oficial d’àmbit general del castellà i l’obligació de totes els espanyols tenen de conèixer-lo i el dret d’usar-lo (art. 3.1 ce) fa que aquesta sigui la llengua generalment usada en l’àmbit de l’Administració de justícia» (fj 41).48 La segona, que amb caràcter potestatiu es pot fer servir la llengua pròpia, aquí el català: «els jutges, magistrats, els fiscals, els secretaris i els altres funcionaris de jutjats i tribunals poden usar també la llengua oficial pròpia de la comunitat autònoma».

Així, tot i que el principi general és l’ús del castellà (art. 231.1 lopj), també es pot utilitzar la llengua pròpia de la comunitat. Per tant, s’estableix un règim singular en què no és el dret del ciutadà qui marca la llengua emprada, sinó que regeix una pretesa llibertat lingüística, que a la pràctica només afavoreix l’ús del castellà i l’elecció per part del funcionari.

No obstant això, d’acord amb la mateixa legislació, s’han de fer dues matisacions importants. En primer lloc, la possibilitat ja vista que les parts tenen d’al·legar desconeixement de la llengua de la comunitat quan aquest els pugui produir indefensió (art. 231.2 lopj). Aquesta al·legació implica que les actuacions passaran a substanciar-se íntegrament en castellà.49 Aquest mandat ha estat àmpliament contestat, tant per superflu des del punt del dret a no-indefensió (sempre hi haurà indefensió quan es desconeix la llengua del procés, amb independència si és oficial o no), i més tenint en compte l’existència d’altres mecanismes per solucionar-lo (traducció i interpretació), com per discriminatori per al català des de la perspectiva dels usos de les llengües oficials. A banda, que la manca de sintonia amb la lpl és absoluta: mentre que l’art. 2.2.b d’aquesta Llei preveu per a les altres administracions no autonòmiques, entre les quals hi ha la de justícia, un ús «preferent» del català, amb l’objectiu evident d’estendre’n al màxim la utilització, la lopj va en sentit totalment contrari.

Page 153

En segon lloc, d’acord amb la reforma introduïda per la Llei orgànica 16/1994, de 8 de novembre, de l’art. 231.4 de la lopj, es va suprimir l’incís que permetia al jutge o tribunal fer traduir les actuacions judicials o els documents presentats en la llengua pròpia de la comunitat. Malgrat que semblava que aquesta reforma implicava una certa obligació de coneixement per part del jutge, la stc 105/2000 nega aquesta perspectiva i ratifica la facultat del jutge d’ordenar traduir qualsevol document que no entengui, tot i ser redactat en la llengua oficial pròpia. En el mateix sentit, pel que fa al secretari judicial, també se li podria atribuir una necessitat de coneixement derivada de l’art. 13.3 lpl. Efectivament, si el ciutadà té dret a rebre testimoniances de resolucions judicials en la llengua pròpia, l’encarregat de testimoniar la còpia lliurada és el secretari, fet que suposaria una certa obligació de coneixement. Ara bé, si apliquem la jurisprudència anterior, sembla lògic que aquest deure no existeixi, i no pot existir per a cap cos de l’Administració de justícia si ens cenyim al fet que en l’accés a la funció pública judicial el coneixement del català no es valora.

S’adverteixen, doncs, diverses contradiccions. Una, entre la regla d’ús general del castellà i la voluntat d’estendre i normalitzar el català. Una segona, entre la paritat de drets que estableix la lpl i el desequilibri que marca la lopj. I una tercera contradicció, resultant de les anteriors, entre els drets de què gaudeixen els ciutadans davant de l’Administració de justícia i els deures lingüístics exigits al personal que la serveix. Aquesta diferència només es pot solucionar fent servir serveis de traducció o entenent que la valoració del coneixement del català com a mèrit actua en el sentit d’obligar el funcionari que l’al·lega quan l’ús sigui necessari davant del dret lingüístic del ciutadà. Ara bé, d’acord amb la normativa de la Llei orgànica, l’únic que hi ha és un deure de l’Administració judicial d’entendre el català i, en canvi, no hi ha cap deure de respondre-hi ni que el funcionari en concret conegui l’idioma, tal com veurem més endavant.50 La minsa previsió per a la llengua pròpia de la comunitat contrasta fortament amb les garanties que es preveuen per al castellà.

C) L’obligació de traduir les actuacions que hagin de tenir efecte fora de la jurisdicció dels òrgans judicials situats a la comunitat autònoma. La lopj estableix la traducció d’ofici quan les actuacions judicials i els documentsPage 154presentats hagin de tenir efecte fora de la jurisdicció dels òrgans judicials situats a la comunitat autònoma, llevat si es tracta de comunitats autònomes amb llengua oficial pròpia coincident (art. 231.4). Aquest mandat ha estat recordat a vegades per les sentències del Tribunal Suprem i del Constitucional,51 en el sentit que és necessari que tots els documents que consten en el procés han de ser traduïts quan, generalment per recurs, hagin de tenir efecte fora de la comunitat. Per tant, s’ha d’entendre que tota la documentació en català que consta a l’expedient judicial ha de ser traduïda; la traducció s’ha de fer des de la mateixa comunitat autònoma, per mitjà del seu gabinet de traduccions; no cal traducció quan els documents o actuacions hagin de tenir efecte en «comunitats autònomes amb llengua oficial pròpia coincident», en el cas de Catalunya, en les Illes Balears i al País Valencià (lògicament també a Andorra).

La previsió de la lopj ha significat a la llarga una dificultat per a l’extensió de l’ús del català i per al mateix desenvolupament correcte del règim jurídic del català, atès que ha implicat un condicionant que tota l’activitat duta a terme en un procés sigui susceptible de ser traduïda per raó d’un recurs davant un òrgan jurisdiccional central. És cert que òrgans com el Tribunal Suprem a vegades han acceptat de facto actuacions fetes en llengua oficial diferent de la castellana (cosa que ha succeït en relació al català i al gallec). Però això no treu que l’actual règim situï fora de l’oficialitat del català un espai jurisdiccional important, que condiciona la resta. El reconeixement d’un cert ús oficial del català, en el sentit d’admetre totes les actuacions fetes en català sense necessitat de traducció des de la mateixa comunitat autònoma, a través, per exemple, d’un gabinet de suport lingüístic en l’òrgan central de l’Estat, faria possible no solament uns usos més respectuosos amb el plurilingüisme de l’Estat, sinó sobretot fer més real la dimensió interna de l’oficialitat del català a Catalunya. En aquest sentit, la Carta europea conté previsions que indubtablement caldria tenir en compte i que esmentem a continuació.

D) La Carta europea de les llengües regionals o minoritàries i la justícia.52 La Carta europea, que va entrar en vigor a l’Estat espanyol l’1 d’agostPage 155de 2001, plenament aplicable al català, reconeix un seguit de drets lingüístics davant les autoritats judicials. Aquests drets estan sotmesos a unes condicions prèvies: primer, que els compromisos adoptats pels estats s’apliquen «a les circumscripcions de les autoritats judicials en les quals resideix un nombre suficient de persones que usen les llengües regionals o minoritàries que justifiqui les mesures especificades», condició que sense cap dubte es compleix en els territoris de parla catalana. Segon, que la utilització de les possibilitats que obre la Carta «no sigui considerada pel jutge com a obstaculitzadora de la bona administració de justícia», condició que no es pot interpretar en el sentit que la utilització de la llengua minoritària oficial representi un esforç (lògicament sempre és esforç), sinó que s’utilitzi, per exemple, amb finalitats merament dilatòries.

Amb aquestes condicions la Carta estableix uns drets i mandats certament innovadors respecte del panorama normatiu descrit. En primer lloc, preveu un dret a fer servir la llengua, cosa que ja establia la legislació interna; en segon lloc, estableix que els òrgans jurisdiccionals, a petició d’una de les parts, menin el procediment en llengua catalana, com també en els procediments penals, cal expedir en català «els actes vinculats a un procediment judicial, recorrent si cal a intèrprets i a traduccions que no impliquin costos addicionals per als interessats», previsió que incorpora sens dubte un dret a ser correspost amb una amplitud que no conté la lopj, però tampoc la lpl; i en tercer lloc, l’Estat espanyol es compromet a «no rebutjar la validesa dels documents jurídics elaborats dins de l’àmbit de l’Estat pel sol fet que siguin redactats en una llengua regional o minoritària», innovació ben important en la mesura que atorga validesa i efectes jurídics tant als documents presentats en el territori on el català és oficial com en els òrgans centrals de l’Estat.

Si dèiem que l’articulació entre la lopj i la lpl era difícil, atesa la perspectiva i finalitat diverses, la conjugació amb la Carta encara resulta més complicada. La Llei catalana i la Carta europea tenen una voluntat de protecció lingüística; la lopj, no. El mateix cgpj advertia la diferència entre la legislació interna i la de la Carta en el sentit que aquesta establia una disponibilitat lingüística per a la llengua oficial pròpia molt més generosa.53 Les necessitats de reinterpretació o esmena de la Llei orgànica apunten bàsicament en els dos sentits següents. Per una banda, la legislació espanyolaPage 156no preveu el dret del ciutadà de demanar la substanciació del procediment en la llengua oficial pròpia; al contrari, és una mera facultat del funcionari, i encara limitada. De l’altra, la nul·la repercussió que atorga la legislació interna als efectes jurídics de la documentació redactada en llengua pròpia més enllà del territori on és oficial, i per tant en els òrgans centrals, contrasta amb la previsió molt més generosa de la Carta perquè les autoritats no rebutgin els actes redactats en llengua pròpia. Entenem, doncs, que la Carta, i més encara quan la posem en relació amb l’Estatut, requereix un canvi en la legislació actual.

3. La capacitació lingüística del funcionariat

Conseqüentment amb la proclamació de l’oficialitat del català i amb el règim d’ús que té en l’àmbit judicial, la valoració del coneixement de llengua catalana entre el funcionariat judicial s’ha d’erigir en una de les peces bàsiques per garantir els drets lingüístics dels ciutadans i l’extensió i la normalització de l’ús del català. Aquesta regulació l’ha assumit l’Estat per mitjà de la mateixa lopj i dels reglaments que la desenvolupen.

Per a les diferents administracions, la jurisprudència han acceptat diversos sistemes de valoració de la llengua, bàsicament el de meritació del coneixement lingüístic en la provisió de places, sense caràcter eliminatori o excloent, o el sistema d’establir el requisit de coneixement de la llengua en l’accés a la funció pública, en el procés selectiu.54

En el primer cas, per al funcionari que vulgui ocupar una determinada plaça o per a l’aspirant que vulgui accedir a la funció pública, el coneixement del català actua com un element més de valoració dins del barem dePage 157puntuació per a l’accés o provisió. Aquest mèrit es pot acreditar per mitjà de títols reconeguts per l’Administració convocant, d’exercicis obligatoris no eliminatoris o d’exercicis voluntaris no eliminatoris. La valoració com a mèrit comporta que l’aspirant a funcionari o el concursant a una plaça no queda eliminat si no acredita aquest coneixement.

El coneixement del català com a requisit de capacitat implica la possibilitat d’eliminació en el cas en què no s’acrediti (amb prova o amb un títol, per exemple) la competència requerida. Durant molt temps aquesta possibilitat va restar pràcticament en suspens fins que amb la Sentència 46/1991 el Tribunal Constitucional va acceptar la legitimitat constitucional d’aquest mecanisme, sota determinats condicionants, com ara l’adequació entre el nivell de llengua exigit i la funció que s’ha de desenvolupar. Amb aquest tipus d’exigència es persegueix que el conjunt de l’Administració tingui disponibilitat lingüística en la llengua pròpia de la comunitat. És a dir, el requisit de coneixement de català pretén no ja que l’Administració com a poder públic tingui capacitat de respondre en català, sinó que cadascuna de les persones que la componen tingui aquesta capacitat a fi de fer efectiva i real la doble oficialitat, tant per a l’atenció al públic com per al funcionament intern.

D’aquestes formes de valorar el coneixement de la llengua oficial pròpia, el legislador estatal ha optat essencialment per considerar-la com a mèrit en la provisió de places judicials dins del territori de la comunitat, tant pel que fa jutges i magistrats com amb relació a la resta de personal. Aquesta valoració, però, ha estat objecte d’una gran controvèrsia en seu judicial55 fins al punt que tots els reglaments que desenvolupaven les previsions de la lopj han estat impugnats.56

A) Jutges i magistrats. La lopj conté diverses previsions sobre la valoració del coneixement de la llengua pròpia de la comunitat autònoma per part dels jutges i dels magistrats. A diferència d’altres estatuts, però, l’Estatut d’autonomia de 1979 no contenia cap menció a aquesta qüestió.

Page 158

L’article 110 de la lopj estableix que el cgpj és l’organisme competent per reglamentar, entre d’altres, «la valoració com a mèrit preferent del coneixement de la llengua i dret propis de les comunitats autònomes en la provisió de les places judicials en el territori de la comunitat respectiva». En virtut d’aquesta habilitació, després que el Tribunal Suprem anul·lés un reglament de 23 d’octubre de 1991 que establia una forta meritació de la llengua pròpia per ocupar una plaça en les comunitats autònomes que en tenen (sts de 29 d’abril de 1995) i d’altres vicissituds judicials, el Consell General va aprovar l’Acord de 25 de febrer de 1998, que estableix l’estatut juridicolingüístic a què estan subjectes els membres de la carrera judicial.

a) Pel que fa a l’ingrés a la carrera judicial, la llengua no es valora ni com a mèrit ni com a requisit de capacitat, atès el caràcter «nacional» del cos (stc 56/1990, fj 45).57 De tota manera, això no impedeix que en l’adjudicació de la primera destinació es valori aquest coneixement. Efectivament, l’article 114.3 del Reglament 1/1995 (introduït el 1998) inclou la valoració del coneixement de la llengua pròpia a l’efecte d’adjudicar la primera destinació a totes les persones que hagin de ser nomenades jutges, amb independència de quin sigui el mode d’accés. Tanmateix, en el supòsit de concurs d’ingrés entre juristes de competència reconeguda, en què la lopj preveia la valoració de la llengua, la lo 19/2003, de 23 de desembre ha eliminat aquesta meritació.

Una altra qüestió és el sistema de valoració en aquesta adjudicació de primera destinació. L’article 114.3 del Reglament no diu res sobre com s’ha de valorar, només indica que el coneixement ha de ser oral i escrit. Els criteris que s’han aplicat són els que consten en un informe del Gabinet Tècnic del cgpj de 1999, que fa una ponderació del sistema per a la primera destinació del sistema seguit en els concursos de trasllat.

En definitiva, en cap supòsit no es valora el coneixement de la llengua catalana per a l’ingrés a la carrera judicial, sinó només per proveir una plaça en concret dins del territori català. L’efecte produït, doncs, és el de primar els jutges amb coneixement de llengua catalana que vulguin ocupar plaça a Catalunya, però un cop ja han ingressat al cos.

b) Quant als concursos de trasllat, aquest és el supòsit on el mèrit lingüístic opera plenament. L’article 341.2 lopj estableix que reglamentària-Page 159ment s’han de determinar els criteris de valoració com a mèrit preferent de la llengua pròpia autonòmica en la provisió de places dels òrgans jurisdiccionals d’aquesta comunitat. La regulació de la valoració del mèrit s’inclou en els articles 108, 109, 110 i 114.1 del Reglament 1/1995, introduïts per l’esmentat Acord de 25 de febrer de 1998. Però a diferència de l’anul·lat

Acord de 1991, que establia realment un «mèrit preferent», d’acord amb el que estableix el mateix art. 110.2.h de la lopj, amb l’actual regulació aquesta preferència ha desaparegut.58

També cal tenir en compte el coneixement de llengua en totes aquelles provisions que, sense revestir la forma de concursos de trasllats, es fan amb personal judicial en exercici. Aquest és el cas de les especialitzacions en determinats ordres jurisdiccionals. En aquest sentit, la sts de 10 de juliol de 2007 estima un recurs contra un acord del Consell General que no incloïa el mèrit lingüístic en la provisió de les places de jutges mercantils.

Hem de notar, finalment, que en els diferents reconeixements de mèrits acordats pel Consell General s’ha distingit entre català i valencià, desatenent arguments científics plenament establerts.

c) Amb relació als ascensos, l’article 114.2 del Reglament 1/1995 preveu la computació del coneixement de llengua pròpia per als ascensos a la categoria de magistrat. El mèrit lingüístic s’ha d’afegir a l’antiguitat escalafonal dels jutges a qui correspongui l’ascens. El mèrit, però, només actua des del moment en què correspon al jutge la categoria de magistrat per la seva situació escalafonal. És a dir, el coneixement de la llengua pròpia no ajuda a promocionar, sinó a triar la plaça un cop s’ha ascendit.

d) Hi ha una previsió específica per als nomenaments de càrrecs singulars, que ja deriva de la Llei 38/1988, de 28 de desembre, de demarcació i planta judicial (art. 32.5). D’acord amb l’art. 341.1 de la lopj, per a la provisió de places de president del Tribunal Superior de Justícia i de les audiències provincials, es valora el coneixement de la llengua pròpia autonòmica. No obstant això, sembla que hi ha hagut una pràctica de no valorar aquest mèrit. La sts de 31 de maig de 2006, que va conèixer de la impugnació contra el nomenament del president del Tribunal Superior de Justícia del País Basc en què no s’havia valorat en coneixement de basc, no va voler entrar en l’enjudiciament de l’assumpte per entendre que la recurrent no estava legitimada. Aquesta postura va ser contestada per un vot dissi-Page 160dent que, a banda de considerar que hi havia legitimació, estimava que s’hagués hagut d’acollir el fons de l’assumpte.

e) Pel que fa a la sol·licitud de comissions de servei, l’art. 216 bis.3.2 de la lopj estableix que «(e)n el supòsit que hi hagi diversos peticionaris per a l’atorgament de la mateixa comissió de servei, la sala de govern corresponent, en proposar amb preferència aquell que cregui més idoni, ha de valorar les circumstàncies següents: [...] d) El coneixement del dret substantiu o de la llengua propis de la comunitat autònoma en què tingui lloc la comissió». Respecte a les comissions de servei, el Reglament no en diu res.

f ) Finalment, i a la pràctica no poc important, hi ha una previsió per a la provisió temporal de places judicials. L’article 431.2.f de la lopj inclou la consideració del coneixement de la llengua i drets propis com a mèrit en la resolució dels concursos de provisió de places en règim de provisió temporal. Estableix també que la valoració de cadascun d’aquests mèrits no pot superar la valoració conjunta de dos altres de junts.

En el cas dels jutges substituts i dels magistrats suplents, la lopj no estableix cap previsió. Tanmateix, semblaria lògic estendre analògicament el mateix règim que els jutges en règim de provisió temporal. No ha estat, però, aquesta l’opinió del Tribunal Suprem, que ha constatat, en un pronunciament francament desafortunat, que la previsió del mèrit llengua té més sentit en la provisió temporal perquè l’exercici de la funció judicial té una durada superior (sts de 2 de juny de 1997 i de 20 d’abril de 1998). De tota manera, per via reglamentària (Acord del cgpj 4/2001, de 6 de novembre) s’ha introduït la valoració de la llengua pròpia. L’art. 131.2.4a.e.5 estableix que dins de la llista dels mèrits hi ha la «declaració formal de coneixement de les llengües autonòmiques constitucionalment reconegudes i d’idiomes estrangers».

En fi, en relació amb els jutges i magistrats, la conclusió és que els que exerceixen la seva funció jurisdiccional a Catalunya no els cal ser competents lingüísticament d’acord amb el marc jurídic vigent, ja que no se’ls exigeix la capacitació lingüística per a accedir a aquestes places, de manera que poden ignorar el coneixement d’una de les dues llengües oficials, la qual, segons l’Estatut, és la llengua pròpia de Catalunya.

B) El Ministeri Fiscal. Pel que fa al Ministeri Fiscal, la lopj no en diu res. En canvi, el recentment aprovat Estatut del Ministeri Fiscal (Llei 24/2007, de 9 d’octubre) preveu la valoració del coneixement de l’idiomaPage 161cooficial com a mèrit determinant per proveir les places a les fiscalies (art. 36). Caldrà veure com es desenvolupa reglamentàriament aquest mèrit. Pel que fa als fiscals substituts, s’estableix una valoració del coneixement de la llengua i del dret propis. Concretament fins a un màxim de 2 punts dels 19 que en total poden obtenir.59

C) Secretaris judicials. L’article 450.4 de la lopj (segons lo 19/2003) estableix que «en aquelles comunitats autònomes que tinguin dret civil, foral o especial, i idioma oficial propis, se n’ha de valorar el coneixement com a mèrit» en els concursos per a la provisió de places de secretari judicial.

Després que la sts de 7 de novembre de 1995 anul·lés el precepte del Reglament orgànic dels secretaris judicials que atribuïa 6 punts a qui acredités coneixement de la llengua pròpia, el mèrit lingüístic ha sigut inexistent en aquest cos fins al Reial decret 1608/2005, de 30 de desembre, que aprova el nou reglament orgànic. En concret, la valoració del coneixement es dóna en tres moments. Primer, en preveu la inclusió com a mèrit en la relació de llocs de treball (article 100.4.d). Segon, també constitueix un mèrit en els concursos de trasllat (article 109).60 I tercer, l’article 136.2.m l’estableix també com a mèrit en les borses de secretaris substituts.61 En conjunt, doncs, es valora com a mèrit en la provisió de la plaça; no es té en compte per res en la selecció i no s’introdueix en cap cas com a requisit.

D) La resta de cossos de funcionaris al servei de l’Administració de justícia. D’acord amb la reordenació introduïda per la lo 19/2003, llibre VI,Page 162la regulació lingüística d’aquest personal figura a l’article 530 de la lopj: «en les convocatòries per a llocs de treball de les comunitats autònomes amb competències assumides la llengua pròpia de les quals tingui caràcter oficial, se n’ha de valorar com a mèrit el coneixement oral i escrit. En determinats llocs, es pot considerar requisit exigible per accedir-hi, quan de la naturalesa de les funcions a exercir es derivi aquesta exigència i s’estableixi així en les relacions de llocs de treball».62

Així mateix, per a l’adjudicació de plaça en primera destinació, l’article 483.2 de la lopj estableix que «el contingut del temari, com també de les proves a realitzar són únics per a cada cos a tot el territori de l’Estat, llevat de les proves que es puguin establir per acreditar el coneixement de la llengua i del dret civil, foral o especial, propis de les comunitats autònomes amb competències assumides, que tenen caràcter optatiu i, en cap cas, no són eliminatòries, i la puntuació obtinguda s’ha de tenir en compte d’acord amb el barem que s’estableixi, només als efectes d’adjudicació de destinació dins de la comunitat autònoma corresponent».

La valoració de la llengua ha significat un petit canvi respecte de la situació anterior, atès que, a banda de la valoració com a mèrit del coneixement de català, s’obre la possibilitat d’establir un perfil lingüístic necessari en la relació de llocs de treball. De tota manera, la norma parla de «determinats llocs», de manera que sembla difícil introduir per aquesta una exigència lingüística general.

En desenvolupament d’aquestes previsions, el Reial decret 1451/2005, de 7 de desembre, pel qual s’aprova el Reglament d’ingrés provisió de llocs de treball i promoció professional del personal funcionari al servei de l’Administració de justícia preveu la valoració dels coneixements de llengua en la primera adjudicació, però les proves que es facin no poden tenir caràcter eliminatori (article 8.2 del Reglament); en la promoció interna (article 37.2.e), i en els concursos de trasllat tant de llocs genèrics (articles 44.4 i 48.1.b) com per als llocs de treball singularitzats que preveu la nova normativa (article 49.2.b). En tots aquests supòsits el coneixement de la llengua pròpia suposa un mèrit en l’aspirant, tal com preveia el Reglament anterior.63

Page 163

La possibilitat d’establir com a requisit el coneixement lingüístic, en correspondència amb la lopj, només està previst «per cobrir determinats llocs de treball singularitzats» que hauran d’estar així configurats a la relació de llocs de treball (article 49.4).64 Caldrà veure, doncs, quin serà l’abast pràctic d’aquesta previsió.

Per altra banda, en l’ingrés per promoció interna (concurs per a ingressar en el cos de tramitació i de gestió), tot i que del Reglament es desprèn l’atribució del mèrit per promocionar d’un cos a l’altre, amb els mateixos efectes que en els concursos de trasllat i primeres adjudicacions (les sts de 13 d’abril, 4 de maig i 16 de juny de 1998, entre moltes altres, avalaven aquesta lectura), les convocatòries que hi ha hagut només compten el mèrit llengua un cop l’aspirant ha ascendit al cos superior, tal com hem vist que es disposava per als ascensos en la carrera judicial. Així mateix, hi ha hagut un retrocés respecte als reglaments orgànics anteriors, en el sentit que en el procés de selecció i de promoció interna abans es valorava fins a 1,5 punts els coneixements de llengües oficials pròpies; actualment, però, aquest mèrit ha desaparegut i la valoració només es projecta en la provisió concreta de les places.

A banda de l’adequació d’aquesta normativa a l’Estatut, que ja veurem, la veritat és que les normes relatives a aquest personal semblen oblidar l’art. 19 de la Llei estatal 30/1984, de 2 d’agost, de mesures per a la refor ma de la funció pública, que orienta la capacitació lingüística dels empleats públics, ja que n’és una norma bàsica. Segons l’apartat tercer de l’esmentat precepte, «en les convocatòries per accedir a la funció pública, les administracions públiques han de preveure la selecció de funcionaris degudament capacitats per cobrir els llocs de treball a les comunitats autònomes que tenen dues llengües oficials», cosa que clarament s’incompleix. de regir els processos selectius per a l’ingrés o accés als cossos i escales de funcionaris al servei de l’Administració de justícia, i l’Ordre jus/2543/2006, de 28 de juliol, per la qual es fan públics els programes d’accés als diferents cossos funcionarials per torn lliure i promoció interna, els punts que atorguen la superació de la prova de català o l’acreditació de tenir el nivell son els següents: per al nivell B, 6 punts; per al nivell C, 12 punts; i per al nivell D, 18 punts, que representen poc més del 20 % a l’hora de proveir la plaça.

Pel que fa als concursos de trasllat, vegeu, per exemple, la Resolució JUS/1436/2007, de 27 d’abril, per la qual es convoca concurs de trasllat de places vacants entre funcionaris dels cossos i escales de gestió processal i administrativa, tramitació processal i administrativa i auxili judicial de l’Administració de justícia: la puntuació atribuïda és de 4 (nivell B), 8 (nivell

  1. i 12 punts (nivell D), d’un total de 72.

Page 164

E) Personal que depèn de la Generalitat de Catalunya. L’art. 13.5 de la lpl disposa que «en la provisió de places del personal al servei de l’Administració de justícia dependent de la Generalitat s’ha d’aplicar el que disposa l’art. 11, d’acord amb la normativa específica corresponent, en els termes que siguin establerts per reglament».

En fer aquesta remissió a la norma que regula substancialment les administracions de Catalunya, el precepte obre al màxim les portes per estendre el requisit de capacitació lingüística per ocupar una plaça. Tanmateix, aquesta remissió s’ha d’enquadrar dins del marc de competències en personal judicial que la Generalitat té conferides, que abasta el personal propi adscrit a tasques en l’organització judicial i el personal interí (art. 489 lopj). El personal funcionari o laboral de la Generalitat que està adscrit a funcions dins de l’organització judicial s’ha d’ajustar al mateix règim que segueix el personal de l’Administració autonòmica, això és, l’article 11 de la lpl, el qual, a banda d’altres previsions, en el punt 3 inclou la necessària capacitació lingüística acreditada en el procés selectiu.

Pel que fa als funcionaris interins, l’article 30 del Reglament orgànic dels funcionaris (RD 1451/2005) permet que sigui l’Administració catalana la que els nomeni. Aquesta atribució, ja prevista en el reglament orgànic anterior, va ser la base per introduir la necessària acreditació dels coneixements de llengua per formar part de la borsa d’interins. Tanmateix, des d’un primer moment va ser objecte de múltiples impugnacions, amb les consegüents resolucions judicials que han anat fent molt difícil d’aplicar aquest sistema de valoració.65 Actualment, el Decret 47/2006, de 28 de març, sobre la selecció i el nomenament del personal interí dels cossos de metges forenses, de gestió processal i administrativa i d’auxili judicial de l’Administració de justícia a Catalunya, ha introduït la necessitat d’acreditar el coneixement de català per accedir a la borsa (nivell B per al cos d’au-Page 165xili judicial i nivell C per a la resta). Però dues interlocutòries de 23 de novembre de 2006 van suspendre les previsions relatives a l’establiment del requisit lingüístic. Així mateix, si ens atenim a la doctrina de la sts de 6 de març de 2006, l’establiment del requisit lingüístic per al personal interí vulnera el dret d’accés a la funció pública en condicions d’igualtat, per tal com s’infringeix el principi de proporcionalitat en relació amb les funcions a desenvolupar, als estudis requerits i al règim dels funcionaris titulars. A parer nostre, però, la raó de fons sembla més d’índole competencial (la Generalitat no pot establir un règim diferent del fixat al Reglament orgànic que dicta l’Estat) que no del dret a la igualtat, i més quan s’ha reconegut a les comunitats autònomes la capacitat de proposar perfils lingüístics per a places concretes, tal com hem apuntat abans.

Caldrà veure com pot influir la regulació de l’Estatut en el règim d’a- quest personal, i doncs, en la resolució final d’aquest conflicte.

III Innovacions que introdueix la reforma estatutària

Fins aquí hem descrit les gran línies que defineixen la situació jurídica del català a la justícia. La introducció d’un règim que millori la situació del català, també la jurídica, a l’Administració de justícia ha esdevingut, doncs, una qüestió que amb més o menys matisos ha estat defensada tant per la majoria d’opcions polítiques amb representació al Parlament66 com per la majoria de la doctrina.67 S’ha produït un fort contrast entre la realitat del català en l’àmbit, molt precària, estimulada només per mesures de normalització basades en el foment, de caràcter essencialment voluntari (formació del personal, assessorament, traducció, incentivació econòmica, etc.), amb una normativa reguladora de l’Estat que, en la seva part més essencial, s’ha mantingut igual des de l’aprovació de la Llei orgànica 6/1985, del poder judicial, amb unes incorporacions importants pel que fa al perfil lin-Page 166güístic del personal introduïdes per la Llei 16/1994. Els dos eixos sobre els quals s’ha desenvolupat el règim lingüístic han estat l’establiment del castellà com a llengua general per a la justícia, amb la possibilitat, sovint claudicant, d’emprar el català, i la valoració dels coneixements de la llengua pròpia com a mèrit per ocupar una plaça, sistema que, a més a més, ha estat molt impugnat judicialment i, al capdavall, força retallat.

1. Les competències de la Generalitat

Tenint en compte el marc constitucional, l’Estatut no modifica de manera substancial la distribució de competències entre Estat i Generalitat.68 Malgrat que el títol tercer, relativament extens, està dedicat a la justícia i malgrat que es formula de manera explícita la competència de la Generalitat sobre llengua a l’article 143. El que sí fa, però, és marcar una posició de més força davant la Llei orgànica del poder judicial i els reglaments orgànics dels cossos funcionarials.69 Vegem-ho pels diferents blocs.

Pel que fa al règim d’usos lingüístics es pot dir que l’Estatut completa el que d’una manera fragmentària havia previst la Llei de política lingüística amb relació als drets dels ciutadans a rebre tota la documentació dels òrgans judicials en llengua catalana. Detalla i fonamenta la competència lingüística establerta a l’article 143 en la mesura que concreta «la competència exclusiva en matèria de llengua pròpia, que inclou, en tot cas, la determinació de l’abast, els usos i els efectes jurídics de la seva oficialitat, i també la normalització lingüística del català».

De tota manera, s’ha de veure quin pot ser l’abast del desenvolupament d’aquests usos lingüístics més enllà del que pròpiament estableix. Si ens atenim a la jurisprudència constitucional sobre la qüestió que hem referit i comentat més amunt, la possibilitat d’incidència és menor i se centraria en l’establiment de drets dels ciutadans (disponibilitat lingüística activa i passiva) i en les mesures de normalització enteses en un sentit estrictament prestacional, com ara l’establiment d’un servei lingüístic de suport als òrgans judicials, l’organització de cursos de formació i totes les accions encaminades a facilitar i fomentar el català en la justícia.70 Tanmateix, creiemPage 167que la previsió expressa de l’Estatut de la competència lingüística més les competències que en Administració de justícia detalla l’Estatut, juntament amb la perfilació dels drets lingüístics que fixa l’article 33 donen una nova perspectiva per incidir sobre l’ús i limitar la interpretació absolutament expansiva que s’ha donat a «l’autoorganització lingüística» que correspon a l’Estat en virtut de la seva competència en Administració de justícia i legis

lació processal. A tall d’exemple, actualment enlloc no s’especifica com es canalitzen els drets de disponibilitat lingüística que preveuen els articles 13 de la Llei de política lingüística i 33.1 i 2 de l’eac. El desenvolupament d’aquests drets, en relació amb matèries assumides com l’organització de l’oficina judicial (article 105 eac), haurien de permetre a la Generalitat dissenyar esquemes d’ús dins de l’àmbit judicial, tot respectant el que prevegi la Llei orgànica del poder judicial.71

No s’han de desaprofitar les possibilitats d’incidir en aquests aspectes sectorials, tenint present la màxima potenciació dels drets derivats i l’oficialitat del català, per un cantó, i la preferència en l’ús que proclama l’article 6.1 eac i concreta l’article 2.2.b de la Llei de política lingüística, per l’altre. Més extensa és la regulació de l’Estatut en matèria el règim lingüístic del personal que serveix l’Administració de justícia. Segurament el primer aspecte competencial que cal esmentar seria la idoneïtat de la norma estatutària per incloure previsions d’aquesta índole. Si ens fixem tant en altres estatuts com en els antecedents històrics, el cert és que aquesta ha estat una matèria incorporada als textos estatutaris.72 Sense dubte, l’àmplia previsió sobre la capacitació lingüística, més enllà de l’adequació d’incorporar-la a la norma territorial —Estatut— o a la norma específica per raó de la matèria —Llei orgànica del poder judicial—73respon a la desconfiança de l’estaPage 168tuent cap a la voluntat dels organismes competents de l’Estat d’assolir un nivell raonable de coneixement de català entre el personal judicial, manca de voluntat que s’ha evidenciat múltiples vegades tant en l’òrbita normativa com en la pràctica administrativa i jurisdiccional.

Per establir «l’estatut lingüístic» del personal que serveix l’Administració de justícia, cal tenir en compte, tal com hem vist abans, el creuament de competències que la Generalitat té en matèria del personal al servei de l’Administració de justícia, la competència específica sobre el català i les previsions lingüístiques que conté l’Estatut sobre la valoració de la llengua entre el persona judicial, tant quan ho tracta des de la perspectiva dels drets lingüístics (article 33) com de la perspectiva pròpiament competencial (article 102).

Per una banda, l’eac implica la consolidació per via legislativa de la competència lingüística que el Tribunal Constitucional havia anat acceptant, molt sovint d’una manera més nominal que real. L’article 143, com s’ha dit, eleva al rang estatutari la competència en llengua pròpia fins al moment només deduïda del mandat a la Generalitat d’actuar a favor de la llengua catalana. Però, per l’altra, també l’article 101.3, però sobretot l’article 102, ubicat dins del capítol III, «Competències de la Generalitat sobre l’Administració de justícia», ens aporten una perspectiva competencial de la perfilació lingüística del personal al servei de l’Administració de justícia. Certament, l’evolució que han seguit aquests articles al llarg del procés d’elaboració de l’Estatut fan veure que la intervenció que en la matèria s’atribuïa a la Generalitat ha anat minvant progressivament, en la mesura també que cobrava força les remissions a través de la clàusula «en la forma i amb l’abast que determini la llei»74. De tota manera, l’habilitació competencialPage 168derivada de l’article 143 en relació amb el 102 hauria de poder desplegar alguna potencialitat que vagi més enllà de la jurisprudència constitucional sobre la qüestió, fins i tot la més recent (stc 253/2005, 270/2006). Així, aspectes com la determinació o concreció de quin és el «nivell adequat i suficient» de coneixement de la llengua, quin ha de ser el resultat de l’acreditació (subjectes vinculats, previsió de terminis en el procés de capacitació, etc.), possibilitat d’organització de proves d’acreditació o l’organització de la formació per a l’acreditació.

Per altra banda, l’Administració competent en el cos funcionarial en qüestió determinarà l’articulació concreta de la valoració de la llengua en el seu sistema de selecció i provisió de places. Entenem que la Generalitat podria dur a terme una tasca de planificació de la capacitació lingüística (nivell exigit, perfilació amb esglaonament en el temps, períodes d’adaptació) de les plantilles de jutges, fiscals i resta de funcionaris, que hauria de ser acollida i articulada per Estat i Generalitat, cadascun dins del seu àmbit de competències en matèria de mitjans personals de l’Administració de justícia. Pel que fa a magistrats, jutges i fiscals, la competència exclusiva de l’Estat fa que sigui el Consell General del Poder Judicial o el Ministeri de Justícia, en desenvolupament dels preceptes de la lopj, els que haurien d’ajustar al seu àmbit autoorganitzatiu les prescripcions lingüístiques establertes per la Generalitat; tot i que no s’estableixi específicament, tal com es disposava en la proposta d’Estatut del Parlament de Catalunya (article 102.5), el Consell de Justícia hauria d’assumir el seguiment i control de la capacitació lingüística de tot el personal judicial.75 En canvi, podria ser la mateixa Administració autonòmica, d’acord amb les competències normatives i executives que li atribueix l’article 103 eac, la que pot establir l’articulació concreta de l’acreditació del coneixement de català de la resta de funcionaris.76

En tot cas, delimitant-ho respecte de la situació actual, l’Estatut no solament fixa normativament una pràctica competencial que ja es venia produint (explicitació dels drets, polítiques de normalització a la justícia), sinó que, entenem, marca un pas més en el sentit que estableix una obligació de resultat en la capacitació del personal judicial que, amb totes les preven-Page 170cions que calgui i gradacions pel que fa als diferents cossos funcionarials, pot ser regulada per la mateixa Generalitat.

A aquestes habilitacions competencials caldria afegir la regulació de les condicions d’exercici dels drets dels ciutadans que es relacionen amb la justícia, és a dir, el desenvolupament legal i/o reglamentari que, sens perjudici de la seva aplicabilitat directa, es pugui fer de l’article 33.2, 3 i 5. Aquest aspecte és especialment rellevant si tenim en compte que molt sovint el que inhibeix l’ús del català en l’àmbit és la manca d’un context adequat per exercir aquest dret d’ús. Reglamentar la facilitació de l’ús, dissenyar el marc de gaudiment dels drets lingüístics, constitueix un camp d’actuació de la Generalitat que requereix l’eac.77

Finalment, com no podia ser d’altra manera, atès el nus de competències i atribucions que es dóna a l’àmbit judicial, les tècniques de col·laboració han de ser —de fet, ja ho són— un instrument essencial per dur a terme les competències autonòmiques. Tal com estableix l’article 175, les dues vies bàsiques de les quals s’ha de servir la Generalitat són els convenis de col·laboració78 i els procediments i òrgans bilaterals o multilaterals.79 De tota manera, aquestes tècniques no poden significar una renúncia a la pròpia competència, ja que en més d’una ocasió aquests mecanismes han servit per laminar o desdibuixar la mateixa distribució de competències, i en aquesta línia no és gratuïta la previsió de l’article 176 de l’eac.80

Page 171

2. Els drets i els usos lingüístics

L’Estatut conté diversos preceptes que incideixen en els usos lingüís tics de la justícia, tots des de la pespectiva de la satisfacció dels drets dels ciutadans que s’hi relacionen. De fet, el que ve a fer el text estatutari és completar els drets d’opció lingüística que es deduïa del conjunt nomatiu aplicable, amb els matisos, però, que indicarem. El gruix de la regulació la trobem a l’article 33:

1. Els ciutadans tenen el dret d’opció lingüística. En les relacions amb les institucions, les organitzacions i les administracions públiques a Catalunya, totes les persones tenen dret a utilitzar la llengua oficial que elegeixin. Aquest dret obliga les institucions, organitzacions i administracions públiques, inclosa l’Administració electoral a Catalunya, i, en general, les entitats privades que en depenen quan exerceixen funcions públiques.

2. Totes les persones, en les relacions amb l’Administració de justícia, el Ministeri Fiscal, el notariat i els registres públics, tenen dret a utilitzar la llengua oficial que elegeixin en totes les actuacions judicials, notarials i registrals, i a rebre tota la documentació oficial emesa a Catalunya en la llengua sol·licitada, sense que puguin patir indefensió ni dilacions indegudes a causa de la llengua emprada, ni se’ls pugui exigir cap mena de traducció.

3. Per a garantir el dret d’opció lingüística, els jutges i els magistrats, els fiscals, els notaris, els registradors de la propietat i mercantils, els encarregats del Registre Civil i el personal al servei de l’Administració de justícia, per a prestar llurs serveis a Catalunya, han d’acreditar, en la forma que estableixen les lleis, que tenen un nivell de coneixement adequat i suficient de les llengües oficials, que els fa aptes per a complir les funcions pròpies de llur càrrec o de llur lloc de treball.

[...]

5. Els ciutadans de Catalunya tenen el dret de relacionar-se per escrit en català amb els òrgans constitucionals i amb els òrgans jurisdiccionals d’àmbit estatal, d’acord amb el procediment establert per la legislació corresponent. Aquestes institucions han d’atendre i han de tramitar els escrits presentats en català, que tenen, en tot cas, plena eficàcia jurídica.

Hi ha altres preceptes que tracten el règim d’usos a l’Administració de justícia, però ho fan en la mesura que estableixen el règim general (així l’article 6.1, 2 i 5 i el 32) o són mencions específiques dins del títol tercer dedicat al poder judicial (així l’article 101.3 i el 102.1). Ens limitarem aquí a fer una relació de les novetats que a parer nostre introdueix aquesta normativa.

a) L’ús de la llengua com a dret del ciutadà. L’Estatut fa pivotar el règim d’usos lingüístics a l’àmbit judicial sobre els drets dels ciutadans d’uti-Page 172litzar i ser correspostos en la llengua que escullin. Així, completa la Llei de política lingüística i es decanta del criteri establert per l’article 231 de la Llei orgànica del poder judicial, en què, des d’una òptica exclusivament processal, es té més cura de preservar el castellà com a llengua d’«ús general» i d’atribuir al personal de l’Administració de justícia només la potestat de fer servir la llengua oficial pròpia que no de garantir el dret del ciutadà a l’ús d’aquesta llengua. Com s’ha indicat en moltes ocasions, els usos de les dues llengües no s’haurien de fer girar entorn de conceptes vinculats al procés (tutela judicial efectiva, dret a no patir indefensió, principi d’immediació en relació amb traducció per raó del desconeixement), a les quals s’ha de donar solució mitjançant els mecanismes processals adequats, sinó un element troncal dins l’autonomia que els estatuts reconeixen per a les comunitats respectives, com és el reconeixement de l’oficialitat de la llengua pròpia i els drets que en deriven.81 El principi de no discriminació per raó de llengua (art. 6.2 i 32) i la paritat de drets de totes les persones davant de l’Administració de justícia (article 33.2) clouen aquest desplaçament del centre de gravetat.

b) La igualtat de les llengües i el principi de no-discriminació. Pel mateix fet que s’extraguin totes les conseqüències del principi d’oficialitat i es potenciïn els drets dels ciutadans, l’Estatut situa les llengües en un pla d’igualtat. Aquesta situació d’igualtat contrasta fortament amb les previsions de l’article 231 de la lopj i de la jurisprudència que l’ha interpretat. El que la norma estatutària planteja, doncs, és la superació del que Agirreazkuenaga diu «llengua residual o de segon grau»82 en què es troba el català a la justícia. En certa manera, la Llei de política lingüística i la Carta europea ja incideixen sobre aquest element, però l’Estatut el reforça. No entra, en canvi, en la regulació concreta d’aquesta igualtat al si de les actuacions judicials, atès que es tracta d’una matèria que ha de concretar la lopj o les lleis processals. La igualtat de llengües troba el seu referent subjectiu en el principi de no-discriminació previst a l’article 32 eac: «totes les persones tenen dret a no ésser discriminades per raons lingüístiques. Els actes jurídics fets enPage 173qualsevol de les dues llengües oficials tenen, pel que fa a la llengua, validesa i eficàcia plenes», principi que prohibeix l’atribució desigual de drets lingüístics als ciutadans i que no s’avé amb l’actual redacció de l’article 231.2 de la lopj, que prioritza els drets dels que utilitzen el castellà davant dels que volen fer servir el català com a llengua de comunicació amb la justícia.

c) Els drets en concret. L’article 33.1 preveu el dret general d’opció lingüística, que, a grans trets, s’identifica amb el dret del ciutadà de determinar la llengua de comunicació amb els poders públics en sentit ampli.83 El punt 2 del mateix article concreta el dret pel que fa, entre d’altres, a l’Administració de justícia. Desglossem-ne l’anàlisi de la manera següent:

— Els titulars del dret són «totes les persones»; per tant, té un abast ampli, que inclouria tant els justiciables com els professionals del dret (els que defensen i representen les parts). De tota manera, entenem que el subjecte que en última instància ha de determinar la llengua, d’acord amb el primer paràgraf de l’article 33, és el ciutadà, de manera que si hi ha divergències entre aquest i qui el representa, ha de primar el dret del primer. Caldria veure també si aquesta disponibilitat abasta també les persones jurídiques i, dins d’aquestes, si les persones juridicopúbliques en sentit ampli poden gaudir del dret. Al nostre entendre, tal com estableix el mateix punt 1 de l’article 33, com que l’oficialitat vincula precisament els poders públics aquests no poden adduir en principi aquest dret per tal com estan vinculats a l’oficialitat del català i del castellà.84

L’objecte és la tutela de la comunicació en la llengua de preferència; és a dir, garantir que la llengua amb què el ciutadà es comunica amb l’Administració de justícia i el Ministeri Fiscal sigui la que ell vol.

— Pel que fa al contingut i abast de dret, o ventall de possibilitats del ciutadà, es reconeix un dret actiu (utilitzar la llengua volguda) i un dret passiu (a ésser respost en aquesta llengua).85 Sembla que aquest darrer dret sePage 174circumscrigui a l’àmbit escrit («rebre la tota la documentació oficial emesa»). És possible, però, una altra interpretació d’acord amb la qual es reconeix en general un dret actiu i passiu ant en el pla oral com escrit; tanmateix, el precepte opta per recollir específicament la dimensió escrita del dret passiu tenint en compte la seva rellevància pel fet mateix que l’Administració de justícia, en la majoria dels seus ordres, és essencialment una productora de text escrit. Sigui com sigui, el reconeixement explícit dels vessants actiu i passiu del dret d’opció lingüística reforça i completa les previsions de la Llei de política lingüística i de la Carta europea.

— Quant al termini i la forma d’exercir el dret, l’Estatut no conté cap previsió i caldria que una norma acotés aquest aspecte. De tota manera i tenint en compte la textura oberta del precepte, el dret sembla exercible al llarg de tot el procés i fins i tot un cop aquest hagi conclòs. La qüestió és que el dret de «prestació lingüística» que es reconeix no està vinculat a la comprensió de les actuacions fetes en una llengua o en l’altra, sinó al fet jurídic que aquestes llengües són oficials, motiu pel qual les persones que són part a les actuacions o que en resulten afectades tenen el dret a demanarles en la llengua de preferència. Una cosa diferent és que, depenent del moment en què es demani, l’òrgan judicial pugui tenir temps de proveir tota la documentació en la llengua volguda. Entenem que l’ús de qualsevol de les dues llengües (o tres, comptant l’aranès) oficials és vàlid i no ha d’alterar els terminis processals, ja que el mateix article 6 de l’Estatut estableix el deure de conèixer tots dos idiomes oficials, amb la presumpció de coneixement que en deriva.

— Un cop establert el dret, l’article 33.2 hi afegeix unes clàusules de garantia per impedir-ne la vulneració. En primer lloc, la referència «sense que puguin patir indefensió [...] a causa de la llengua emprada», menció que, tal com hem assenyalat més amunt, entenem inadequada perquè vincula el dret d’ús de la llengua oficial al coneixement o desconeixement de l’altra llengua oficial emprada en el procés, quan en realitat el dret es reconeix amb independència del coneixement de la llengua. L’Estatut ha recollit una tradició jurídica present tant a la legislació (article 231.2 lopj) com a la jurisprudència, però que la paritat de les llengües oficials i dels drets que porten associats hauria de deixar en un segon terme: és òbvia la interdicció de no patir indefensió processal per raó de desconèixer la llengua, però no com un aspecte de l’oficialitat, sinó de la tutela judicial efectiva i dels dretsPage 175de defensa en el procés. En segon lloc, el precepte estudiat preveu dos elements molt propis del dret d’opció lingüística i que en són garantia. Un, la prohibició de demanar traducció al ciutadà, ja previst a la lpl, i que constitueix una manifestació evident del dret a usar la llengua oficial,86 i l’altre, la prohibició de dilacions per raó de la llengua emprada, factor verdaderament rellevant per a l’efectivitat del dret d’opció.

— Aquest darrer element ens porta a la sanció que té l’incompliment o el compliment defectuós del dret d’opció. Els retards o l’incompliment per part de l’Administració de justícia no pot ser la ineficàcia de l’acte de comunicació, ja que la llengua emprada és oficial i se’n predica un deure de coneixement (article 6 eac), però sí una irregularitat impugnable que, eventualment, pot generar la responsabilitat consegüent del funcionari o jutge que l’ha propiciada i valorar, si és el cas, si s’ha incorregut en discriminació per raó de llengua (article 32 eac).

El dret d’ús del català s’estén també als òrgans constitucionals i als òrgans jurisdiccionals d’àmbit estatal (article 33.5 eac). La norma toca un aspecte que s’ha plantejat sovint en la regulació dels usos del català, que és la necessitat que la llengua produeixi efectes en les institucions centrals de l’Estat, per la raó que l’oficialitat plena només pot reeixir si abasta totes les institucions amb capacitat de decisió sobre el territori. L’article 33.5 de l’Estatut enfoca aquests efectes des de la perspectiva dels drets dels ciuta dans (que per lògica també inclou els dels seus representants) a relacionarse amb el Tribunal Constitucional i amb els òrgans jurisdiccionals centrals en català. S’incorpora així a la llengua un element de supraterritorialitat que propugna l’article 9.2 de la Carta europea.

De tota manera, la virtualitat del dret queda delimitada per diverses precisions que formula el mateix Estatut. En primer terme, el dret només és exercible en les actuacions escrites. En segon terme, sembla que es tracta d’una relació directe amb aquests òrgans, de manera que quedaria exclosa la documentació en català que constin al procediment que s’hagi seguit a Catalunya, que seguirien el règim que ja preveu actualment l’article 231.4 de la lopj. Finalment, la vinculació que estableix per a aquests òrgans és «atendre» i «tramitar» els escrits; dins d’aquests verbs cal valorar a pos-Page 176sibilitat que inclogui un deure d’ésser correspost en català. A més a més el dret s’ha d’exercir d’acord amb la legislació que estableixi l’Estat, la qual disposarà el procediment per fer-lo viable87. Tots aquests factors fan que la previsió, tot i tractar-se d’un avenç cap a la pluralitat lingüística que protegeix el mateix article 3.3 de la Constitució, segurament tindrà un impacte més aviat menor en el conjunt dels usos lingüístics.

Per acabar, l’article 101.3 inclou una menció a la llengua en les proves de concursos i oposicions:

Les proves dels concursos i les oposicions regulats per aquest article, si tenen lloc a Catalunya, poden fer-se en qualsevol de les dues llengües oficials, a elecció del candidat.

El reconeixement d’aquest dret és, val la pena de dir-ho, la concreció del dret d’opció lingüística del ciutadà en aquest àmbit i en aquest moment. Segurament, si es fes una lectura acurada de la posició del català com a llengua oficial, ja no caldria formalitzar un dret com aquest. Però la realitat actual de les possibilitats d’ús del català són tan escasses i a la pràctica inviables, que l’estatuent ha cregut necessari explicitar-lo. Per aquest mateix motiu, el precepte constitueix més una obertura de possibilitats que no una norma immediatament efectiva. D’entrada, en la proposta d’Estatut presentada pel Parlament aquest dret s’establia amb independència del lloc on es fes la prova. El text final, però, va introduir la condició que es fes a Catalunya i que la llengua emprada ho fos a elecció del candidat. Tenint en compte l’estructura de les proves (se suposa que el terme es fa servir en sentit ampli i inclouria memòries, currículums de mèrits, entrevistes), la composició dels tribunals, l’àmbit de la convocatòria, etc., la possibilitat de fer les proves en català és baixa, ja que, un cop s’hagin fet es canvis oportuns a la lopj i als reglaments corresponents, les variables a tenir en compte són tan elevades que és difícil que un candidat s’arrisqui a preparar en català una oposició o un concurs.88 Ara bé, cal valorar que amb el reconeixement d’aquest es dóna a la Generalitat un fonament normatiu més fort per crear les condicions favorables per exercir-lo (fer en català les proves en què hiPage 177participi, recordar el dret de fer-hi els exercicis, facilitar els temaris en aquesta llengua, etc.).

3. L’estatut lingüístic del personal judicial

El perfil lingüístic de tot el personal que treballa a l’Administració de justícia constitueix la qüestió més innovadora, i també la que ha generat més controvèrsia, dins de les previsions estatutàries en aquest camp. Com hem dit, el perfil lingüístic està previst en dos articles, el 33, relatiu al drets lingüístics, i el 102, ubicat en l’epígraf de competències de la Generalitat. L’article 33.3 estableix:

Per a garantir el dret d’opció lingüística, els jutges i els magistrats, els fiscals, els notaris, els registradors de la propietat i mercantils, els encarregats del Registre Civil i el personal al servei de l’Administració de justícia, per a prestar llurs serveis a Catalunya, han d’acreditar, en la forma que estableixen les lleis, que tenen un nivell de coneixement adequat i suficient de les llengües oficials, que els fa aptes per a complir les funcions pròpies de llur càrrec o de llur lloc de treball.

Per la seva banda, l’article 102 conté els mandats següents:

1. Els Magistrats, els Jutges i els Fiscals que ocupin una plaça a Catalunya han d’acreditar un coneixement adequat i suficient del català per a fer efectius els drets lingüístics dels ciutadans en la forma i en l’abast que determina la llei.

[...]

3. En tot cas, el coneixement suficient de la llengua i del dret propis ha d’ésser valorat d’una manera específica i singular per a obtenir una plaça en els concursos de trasllat corresponents.

4. El personal al servei de l’Administració de justícia i de la Fiscalia a Catalunya ha d’acreditar un coneixement adequat i suficient de les dues llengües oficials que el fa apte per a complir les funcions pròpies del seu càrrec o lloc de treball.

El primer que es pot percebre del text d’aquests articles, sense fer esment ara del vessant competencial, al qual ja ens hem referit, és que el mandat que contenen és, en certa manera, desconcertant,89 resultat dels canvis soferts en el text aprovat pel Parlament de Catalunya. Haver d’acreditar un nivell adequat i suficient de coneixement de la llengua és un mandat molt obert. No queda gens clar si la norma estableix el coneixe-Page 178ment lingüístic com a requisit de capacitat per accedir a una plaça a Catalunya, o bé es tracta d’una valoració de la llengua que, tot i amb caràcter més reforçat, s’apropa al sistema actual del mèrit lingüístic. La mateixa diversitat d’interpretacions la podem trobar en les valoracions que els diferents grups parlamentaris van fer de la dicció d’aquests preceptes.90 El sistema de valoració dependrà molt, doncs, de com el configuri la norma o normes que el desenvolupin. A parer nostre, el text estatutari estableix, però, uns mínims que s’han de tenir molt en compte en el desplegament que se’n faci:

a) La necessitat de conèixer la llengua està vinculada a l’exercici dels drets per part dels ciutadans. Trenca, doncs, amb la situació actual, en què el sistema de valoració de la llengua com a mèrit té en compte sobretot la no-alteració del sistema general d’atribució d’un lloc en l’escalafó (o dels punts obtinguts per obtenir plaça).91 El paràmetre de referència per establir quin coneixement s’ha d’assolir no ha de ser altre que la capacitat de cada jutge, fiscal o funcionari per satisfer el dret del ciutadà a relacionar-se en la llengua oficial que esculli. L’Estatut aprofundeix en aquest àmbit el judici de proporcionalitat sobre la valoració de la llengua que va deixar establert la stc 46/1991.92

b) El sistema que incorpora l’Estatut representa un salt endavant respecte del que estableixen actualment la lopj i els reglaments orgànics: hi ha d’haver un procés d’acreditació, la forma i els terminis de la qual els ha d’establir la norma de desenvolupament; no hi ha, doncs, voluntarietat en l’acreditació. Actualment, qualsevol funcionari dels diferents cossos judicials que vulgui restar al marge de l’acreditació, aprenentatge i coneixement del català pot fer-ho sense que això representi cap minva en les possibilitats d’ocupar plaça en el territori català. El text estatutari, en canvi, no permet ser aliè al coneixement del català, tant si la interpretació és que l’a-Page 179creditació constitueix un requisit lingüístic, com si la lectura és que es tracta d’un procés progressiu, temporitzat i pautat per assolir la plena capacitació lingüística del personal. El límit negatiu, però, és que no es pot tracta d’un simple mèrit com el que preveu la legislació actual.

c) Coherentment amb la generalitat del procés acreditatiu, el personal que hi resta obligat és tot. Tant els nivells més alts (jutges i fiscals) com el personal de suport (secretaris i resta de funcionaris); tant els titulars com els interins, substituts o suplents; tant els que ocupaven plaça en entrar en vigor l’Estatut com els que l’han ocupada després.93 La norma o normes de desplegament, però, hauran d’arbitrar com es du a terme i com opera l’acreditació lingüística en cada cas. Cal remarcar, específicament, el diferent règim que l’article 102 fixa; per un cantó, per a jutges, magistrats i fiscals la mediació de la llei modula i configura el règim d’acreditació, i per l’altre, per a la resta del personal de suport el mandat d’acreditació és més directe i inequívoc, fet estretament relacionat amb la consciència sobre l’habilitació competencial que té la Generalitat respecte dels dos grups: molt tènue en el primer cas i amb moltes possibilitats en el segon.

d) L’acreditació es projecta en la provisió de plaça, no en el procés de selecció. Previsió lògica tenint en compte l’àmbit estatal d’aquests cossos funcionarials. Pel mateix motiu, en tot el personal que depengui de la Generalitat, el requisit lingüístic ha de ser el propi de la seva Administració i s’aplica ja en el moment de la selecció.

e) El nivell de coneixement, en sintonia amb la Llei de política lingüística,94 és l’adequat i suficient. Entenem que això vol dir que amb caràcter general ha de ser el nivell de suficiència en llengua catalana (C), llevatPage 180de determinats grups que per les seves funcions només els sigui requerible un nivell inferior o bé els calgui un de superior o específic.95.

f ) D’acord amb l’article 102.3, per als concursos de trasllat la llengua ha de tenir un tractament específic. Tot i que la dicció actual del precepte sembli que entra en contradicció amb l’acreditació que s’ha de produir amb caràcter general, fruit de l’evolució del text al llarg de la seva tramitació, en els concursos de trasllat el coneixement lingüístic ha de constituir un element decisiu en l’adjudicació de places als concursants. En definitiva, es tracta de reforçar el mèrit de coneixement per tal que passi a ser determinant dintre dels mèrits aportats pels concursants.96

4. El reconeixement del deure de conèixer el català

Com és sabut, l’article 6.2 de l’Estatut estableix el dret i i el deure de conèixer les dues llengües oficials. Sense entrar en més consideracions sobre la configuració jurídica d’aquest deure,97 el seu establiment trenca una llargament evidenciada manca de paritat entre català i castellà, respecte el qual la Constitució estableix aquest deure, que havia servit per fonamentar la preeminència del castellà en les actuacions judicials (la stc 56/1990 vincula directament el deure de conèixer el castellà amb l’ús general d’aquest en l’Administració de justícia), la inexistència del dret del ciutadà a ser correspost o la no-exigibilitat de competència en la llengua oficial pròpia per part de jutges i funcionaris judicials (stc 105/2000).

L’establiment de caràcter general de conèixer el català comporta un canvi en l’enfocament dels usos lingüístics i de la capacitació en la llengua oficial pròpia del personal judicial. Per una banda, s’ha de descartar la certa presumpció de desconeixement que es desprenia de les clàusules finals de l’article 231. 2 i 4. Al contrari, es presumeix que tothom coneix la llen-Page 181gua mentre no es demostri el desconeixement. Conseqüentment amb això, els drets d’opció lingüística, com hem vist, no deriven de la necessitat del justiciable d’entendre les actuacions (dret de defensa), sinó del dret a escollir (oficialitat de la llengua). Alhora, aquest criteri jurisprudencial segons el qual la «llengua generalment usada» és el castellà no deriva del deure dels espanyols de conèixer-lo (perquè també es predica del català), sinó d’un simple fet competencial (qui està habilitat per determinar la llengua d’ús).

Per altra banda, el deure general de conèixer el català dóna base a la necessitat d’acreditació del coneixement del català per part de jutges i funcionaris judicials. Difícilment es pot conjuminar una presumpció general de coneixement (i més en personal amb un vincle de subjecció especial amb l’Administració i proveïdor d’un servei públic) amb la no-exigència d’aquesta capacitat a cadascun dels jutges i funcionaris, amb el consegüent recurs a la traducció. Una situació com aquesta constituiria una disfunció del sistema.98 Per això, i a la llum del deure que comentem, caldrà revisar en profunditat no solament els sistemes per assolir la competència lingüística necessària i la jurisprudència que els interpreta (per totes, sts de 29 d’abril —jutges— i 7 de novembre de 1995 —secretaris judicials— i 16 de juny de 1998 —resta de funcionaris—), sinó la doctrina establerta en diversos pronunciaments jurisdiccionals que parteixen de la no-necessitat del coneixement del català. Així, la potestat del jutge d’enviar a traduir totes les actuacions fetes en la llengua oficial pròpia (stc 105/2000) o la legitimitat que els jutges no entenguin directament la llengua pròpia i es valguin d’interpretacions i traduccions (itc 166/2005, de 19 d’abril, que resol una qüestió d’inconstitucionalitat sobre la incompatibilitat de l’article 231 lopj amb l’article 9 de la Carta europea).

4. A mode de conclusió: la necessitat de mesures per fer efectiva la reforma

Després de fer un recorregut pel règim lingüístic de l’Administració de justícia i veure en què l’innova la reforma estatutària, podem concloure quePage 182deixa establerts molts elements que permeten un pas important en l’ús del català. L’assegurament dels drets dels ciutadans, la capacitació lingüística del funcionariat i la previsió d’un cert marge d’actuació per a la Generalitat són els tres eixos que han de possibilitar un avenç en la normalització lingüística de l’àmbit. Però perquè aquest règim parcialment nou que dissenya l’Estatut efectivament s’apliqui cal una tasca de desenvolupament en diversos sentits, atès que molts dels preceptes requereixen d’una configuració legal i d’una política administrativa de suport.

En primer lloc, les institucions catalanes han d’assumir i desenvolupar les diferents competències que l’Estatut preveu en el sentit que hem apuntat més amunt. Per això cal un desplegament normatiu, primer, dels drets i usos lingüístics de l’article 33, detallant les seves condicions d’exercici i establint el català com a llengua normal preferentment emprada, d’acord amb el que estableix l’article 6.1 de l’Estatut, i segon, de la capacitació lingüística dels jutges i del personal judicial prevista a l’article 102, o sigui, un disseny del procés d’assoliment de la competència lingüística per part de tot aquest personal. Segurament aquest desplegament estatutari requereix actuar en dos nivells: una reforma de la Llei de política lingüística que vagi més enllà del que preveu actualment, i aprofiti també per actualitzar-se d’acord amb la Carta europea, i un desplegament reglamentari (aglutinat en una norma específica o incorporat a les diferents normatives) que reguli en concret tots els aspectes de l’ús lingüístic i la normalització en l’àmbit judicial, com ara tot el que faci referència a capacitació (delimitació de les diferents situacions depenent dels cossos, definició de l’acreditació, temporització, nivell requerit, valoració d’altres nivells com a mèrit, formació, etc.), drets lingüístics dels ciutadans davant de la justícia i procediment per exercir-los, línies generals dels usos lingüístics, establiment i delimitació de funcions dels serveis de suport lingüístic o previsió de convenis amb les institucions implicades. En definitiva, es tractaria de regular i donar coherència al procés de normalització del català en aquest àmbit, que no és altra cosa que la plasmació de la competència en llengua pròpia reconeguda per l’article 143.1 de l’Estatut.99

En segon lloc, aquesta «ordenació» lingüística ha de venir acompanyada i ha de ser traslladada pels diferents responsables de l’Estat en els seus àmbits respectius. Això implica, lògicament, una reforma profunda de la lopj que incorpori la possibilitat que la comunitat autònoma estableixi unPage 183règim específic respecte de la normativa general, tant pel que fa als usos com a la valoració de la llengua entre el personal judicial. Per la seva banda, els diferents reglaments orgànics haurien d’adoptar el sistema establert a l’Estatut i desenvolupat per la normativa autonòmica. L’efecte de l’Estatut, doncs, hauria d’operar sobre la legislació de l’Estat en un doble sentit: per un cantó, incorporant els seus mandats directes, i per l’altre, deixant a Catalunya un marge més ampli (de fet, només un marge, perquè actualment aquest és gairebé inexistent) en la regulació de la matèria.

Tot això són, per descomptat, possibilitats, vies que ha obert el text estatutari i que, entenem, obliguen a un replantejament. L’abast que aquest assoleixi depèn de moltes, potser massa, voluntats: la de la mateixa Generalitat per tirar endavant els canvis en els seus espais de competència, la del legislador i l’executiu de l’Estat i la del Consell General del Poder Judicial a l’hora de fer una lectura no reduccionista de l’Estatut, i, en última instància, la del Tribunal Constitucional d’avalar les seves prescripcions lingüístiques i la de la jurisdicció ordinària de no, com sovint ha fet, desvirtuar-les.

----------------------------------------

[1] Aquest article amplia i actualitza el que vam publicar amb Jaume Vernet a la Revista Jurídica de Catalunya núm. 2 de 2005, amb el títol «Llengua i Administració de justícia».

[2] Vegeu en aquest sentit el treball d’Antoni Milian Massana, «L’ordenació lingüística: estudi jurídic de 25 anys de normalització del català a partir de l’article 3 de l’Estatut d’autonomia de Catalunya. Virtuts i dèficits d’aquest precepte». A: Vint-i-cinc anys d’Estatut d’autonomia de Catalunya: balanç i perspectives. Barcelona, Institut d’Estudis Autonòmics, 2005, pàg. 321-359.

[3] Vernet i Llobet, Jaume; Pou i Pujolràs, Agustí. «Llengua i Administració de justícia». Revista Jurídica de Catalunya, núm. 2, 2005, pàg. 10-12.

[4] «El català a la justícia. Document de treball 14». A: Llibre verd de l’Administració de justícia, 2005, pàg. 14. El dèficit pel que fa a les llengües pròpies ja quedava reflectit al Llibre blanc de la justícia. Madrid: Consell General del Poder Judicial, 1997, pàg. 115-116.

[5] Lizandra Crespi, Rosa. «El Pla pilot de funcionament en català de 40 oficines judicials», 2001, es pot consultar a: http://www.gencat.cat/justicia/doc/doc_11861546_1.pdf; Fayos i Molet, Anna. «El Pla d’ús del català a les oficines judicials». Revista de Llengua i Dret núm. 39, pàg. 165-171; Gimeno Lahoz, Ramón. «El ‘plan piloto’ de la Generalitat para el funcionamiento en catalán de los juzgados». Revista del Poder Judicial, núm. 65, 2002, pàg. 261-286

[6] Per fer un seguiment de l’evolució del català en l’àmbit jurídic i judicial, podeu conultar els informes que amb caràcter anual publica la Secretaria de Política Lingüística (http://www6.gencat.net/llengcat/informe/index.htm). També podeu trobar una evolució de les dades al Llibre verd abans esmentat.

[7] Vernet; Pou. «Llengua i Administració...», pàg. 11. Val a dir que les darreres xifres sobre nivell de coneixement revelen que hi ha hagut un important augment de la competència lingüística del personal judicial. Així, cap a un 80 % dels funcionaris tenen acreditat més d’un nivell B de català, més d’un 65 % dels secretaris judicials tenen aquest nivell i un 55% dels jutges també; en aquest darrer col·lectiu més d’un 25 % tenen el C.

[8] «Taula rodona sobre la normalització lingüística en l’activitat jurídica a Catalunya», Revista de Llengua i Dret, núm. 1, 1983, pàg. 117.

[9] i> El règim jurídic de les llengües a l’Administració de justícia. Barcelona: Institut d’Estudis Autonòmics, 2005, pàg. 17.

[10] Albert Branchadell Gallo, en el seu moment molt crític amb el desplegament de la normalització en aquest àmbit, apunta que l’extensió de l’ús del català aconseguida és inversament proporcional als debats i jornades que el tema ha suscitat (La normalitat improbable. Barcelona: Editorial Empúries, 1996, pàg. 138-147).

[11] Vernet i Llobet, Jaume. «Elements diferencials i identitat nacional». A: Vint-i-cinc anys d’Estatut d’autonomia de Catalunya: balanç i perspectives. Barcelona: Institut d’Estudis Autonòmics, 2005, pàg. 370-374. La rellevància política de la llengua dins del nostre sistema constitucional, en la seva dimensió comunitària, la posa de manifest Herrero de Miñón, Miguel. «Plurilingüismo, cooficialidad y lengua ‘propia’ en el bloque de la constitucionalidad». Teoría y Realidad Constitucional, núm. 2, 1998, pàg. 127-140.

[12] La bibliografia sociolingüística sobre aquesta qüestió és ben nombrosa. Aquí hem agafat els termes emprats per Joan Martí Castell («¿Es necesaria la lengua catalana». La Vanguardia, 4 de juny de 2003), que exposa de manera sintètica i clara la vinculació entre el sentiment del català a com a llengua necessària i l’activitat de normalització dels poders públics; apunta, simptomàticament, que si per valorar la vitalitat del català hom «fixa el punt de mira en l’àmbit de l’Administració de justícia, estremeix». Sobre la relació de l’impuls institucional, social i individual continuen sent plenament vigents les reflexions d’Isidor Marí «Cap a un nou model de normalització lingüística», a Un horitzó per a la llengua. Aspectes de la planificació lingüística. Barcelona: Empúries, 1992, pàg. 27-51.

[13] Valgui com a mostra el cas, que finalment va arribar al Tribunal Constitucional, sobre un advocat que va menysprear reiteradament l’ús del català per part d’un òrgan judicial (stc 197/2004, de 15 de novembre, i itc 338/2004, de 13 de setembre). No és aliè a aquests comportaments la perspectiva en què en més d’una ocasió els òrgans jurisdiccionals centrals enfoquen l’ús del català; a tall d’exemple, la sts de 9 de juny de 2004 considera com un fet anòmal que una setència estigués redactada en català. Aquestes són manifestacions concretes de la doctrina establerta a la sts 56/1990 d’acord amb la qual el castellà és la «llengua generalment emprada».

[14] Com ara, la mateixa aprovació de la Llei orgànica del poder judicial, que va introduir la regulació de l’ús de la llengua; la introducció del coneixement del català com a mèrit valorable que tot i ser molt controvertida ha tingut efectes positius; o la política lingüística desplegada per la Generalitat, que ha trencat la manca de formació i el monolingüisme rígid.

[15] Avui ja hi ha una biblografia abundant sobre la ubicació de la justícia en l’Estat autonòmic i la distribució competencial consegüent; esmentem algunes d’aquestes obres: Álvarez Conde, Enrique. «El reparto de competencias en materia de Administración de Justicia: El estado de la cuestión». La división de poderes: el poder judicial. Barcelona: Institut de Ciències Polítiques i Socials - Universitat de Lleida, 1996, pàg. 59-104; Aparicio Pérez, Miguel Àngel. «Las competencias de las Comunidades Autónomas en materia de Administración de Justicia». A: Informe Pi i Sunyer sobre las Comunidades Autónomas. Barcelona: Fundació Pi i Sunyer, 1991; Bandrés Sánchez-Cruzat, José Manuel. «Les relacions del poder judicial, l’Administració de justícia i la Generalitat de Catalunya en el marc de la Constitució». A: Informe Pi i Sunyer sobre la Justícia. Barcelona: Fundació Carles Pi i Sunyer d’Estudis Autonòmics i Locals, 1998, pàg. 35-46; Belloch Julbe, Juan Antonio, «Las competencias de la Generalitat en materia de Administración de Justicia». Revista Vasca de Administración de Pública, núm. 20, pàg. 155-176; Borrell Mestre, Joaquín. Estado autonómico y Poder Judicial. Barcelona: Atelier, 2002; Cabellos Espiérrez, Miguel Ángel. «La adecuación del poder judicial al modelo de Estado». Revista Vasca de Administración Pública, núm. 68, 2004, pàg. 77-124; Cobreros Mendazona, Edorta. «La distribució de competències entre l’Estat i les Comunitats autònomes en matèria lingüística». Autonomies, núm. 12, 1990, pàg. 205-217; López Aguilar, Juan Fernando. Justicia y estado autonómico. Orden competencial y Administración de Justicia en el Estado compuesto de la Constitución Española de 1978. Madrid: Civitas-Ministerio de Justicia, 1994; Lucas Murillo de la Cueva, Pablo. «La posició del Poder Judicial a l’Estat autonòmic». A: Autonomia i Justícia a Catalunya, Barcelona: Consell Consultiu, 1998, pàg. 17-27; finalment destaquem també La justícia a Catalunya en el marc d’un Estat compost. Barcelona: Institut d’Estudis Autonòmics, 2000.

[16] Vegeu Arozamena Sierra, Joquín. «El principio de unidad jurisdiccional». Estudios sobre la Constitución española. Homenaje al profesor Eduardo García de Enterría. Tom IV. Madrid: Civitas, 1991, pàg. 3017-3040, i Sainz de Robles, F.C.«La doble oficialitat i l’Administració de Justícia». A: Estudis jurídics sobre la LPL. Barcelona-Madrid: Marcial Pons-Institut d’Estudis Autonòmics, 1999, pàg. 237-257.

[17] El fj 40 d’aquesta resolució estableix el que ja ha passat a ser un corrent doctrinal molt fort dins de la jurisprudència consticuional, segons el qual la competència substantiva atrau la regulació de la llengua, malgrat reconèixer a la comunitat autònoma competència en matèria lingüística: «tanto en cuanto la Constitución reserva como competencias exclusivas del Estado la administración de Justicia (art. 149.1.5) y la legislación procesal (art. 149.1.6), debe ser el Estado el que regule el uso de las lenguas dentro de la Administración de Justicia, sin perjuicio de que las Comunidades Autónomas puedan «regular el alcance inherente al concepto de cooficialidad, tal y como viene establecido por el art. 3.2 de la Constitución y en los artículos correspondientes de los Estatutos de Autonomía».

[18] Vegeu Gerpe Landín, M. «La regulació estatutària i la seva delimitació per la Llei orgànica del poder judicial». A: Informe Pi i Sunyer sobre la Justícia..., pàg. 51-54.

[19] Sobre l’evolució de les competències en matèria d’Administració de justícia, Riu Fortuny, Ramon. «L’exercici de les competències assumides en Administració de justícia per la Generalitat de Catalunya». A: Informe Pi i Sunyer sobre la Justícia..., pàg. 69-77. Sobre la interpretació reduccionista de la clàusula subrogatòria, vegeu l’Informe sobre la reforma de l’Estatut. Institut d’Estudis Autonòmics, 2003, pàg. 130-133.

[20] La Sentència del Tribunal Constitucional 270/2006, de 13 de setembre, que avala la majoria de previsions del Decret basc 117/2001, de 26 de juny, de mesures per a la normalització lingüística de l’Administració de justícia al País Basc, declara inconstitucional i nul·la per incompetència la disposició que preveia incloure els jutges, secretaris i fiscals dins dels programes de normalització o de formació que es poguessin dur a terme, d’acord amb els convenis subscrits amb el Consell General o amb el Ministeri de Justícia. Vegeu Pla Boix, Anna Maria. «El perfil lingüístic del personal al servei de l’Administració de Justícia. Comentari a la stc 270/2006 de 13 de setembre». Revista Jurídica de Catalunya, núm.1, 2007.

[21] Aquesta reforma ha introduït modificacions importants en l’estructura de l’oficina judicial, la regulació del secretari judicial i la resta de personal al servei de l’Administració de justícia, ha deferit a les comunitats autònomes més competències, que poden tenir certa incidència pel que fa al que ens interessa aquí, en relació amb la gestió de recursos humans (algunes intervencions en l’àmbit dels secretaris judicials, com l’informe previ en els quals es proveeixin per lliure designació, 450 lopj; o la proposta del secretari de govern del tribunal superior de justícia, art. 64.2 lopj; competències en l’estatut i règim jurídic dels funcionaris, amb l’atorgament de potestat reglamentària, art. 471 i seg. lopj; determinació de les necessitats de personal perquè el Ministeri de Justícia faci la posterior oferta pública d’ocupació, art. 482 lopj; o l’elaboració i la primera aprovació de la relació de llocs de treball, art. 520 a 523 lopj).

[22] Així, ja en la Interlocutòria 100/2002, de 5 de juny, el Tribunal Constitucional aixecava la suspensió del Decret basc que regulava aspectes del perfil lingüístic de la plantilla del funcionariat judicial perquè «tendrá el Ministerio de Justicia la potestad de no aprobar (la plantilla). De igual forma podrá actuar en el momento en que se comprometa su provisión, ya que les corresponde aprobar las bases marco de las distintas convocatorias.»

[23] Xiol Ríos, Juan Antonio., «Evaluación de los aspectos relacionados con la Administración de justicia en una futura reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña». A: Estudios sobre la reforma del Estatuto. Barcelona: Intitut d’Estudis Autonòmics, 2004, pàg. 246, ja proposava introduir una competència exclusiva de la Generalitat en la gestió de mitjans personals i personal judicial.

[24] Sobre la competència en matèria lingüística, podeu consultar Vernet Llobet, Jaume (coord.), Dret lingüístic, Valls: Cossetània, 2003, pàg. 96-101; del mateix autor, Normalització lingüística i accés a la funció pública. Barcelona: Fundació Callís, 1992; Cobreros. «La distribució de competències...», pàg. 205-217.

[25] D’aquesta opinió és Aparicio Pérez, Miguel Ángel. «Lengua y modelo de Estado». Revista de Derecho Político, núm. 43, 1998, especialment pàg. 37-44.

[26] En aquest sentit, en la Sentència 74/1989, el Tribunal ha afirmat que les competències sectorials de l’Estat no poden «convertir-se en un obstacle que bloquegi o buidi la competència que sobre normalització lingüística té la comunitat autònoma».

[27] Pel que fa a aquesta qüestió, ressaltem López Basaguren, Alberto. «El pluralisme lingüístic dins l’Estat de les Autonomies», Autonomies, núm. 9, juliol 1988, pàg. 47-83.

[28] Per corregir aquests problemes, Vernet, Jaume; Pla, Anna M. «La llengua catalana i un nou estatut d’autonomia per a Catalunya». Revista de Llengua i Dret, núm. 41, 2004, pàg. 165-167, feien propostes en el sentit de recollir una competència exclusiva de la Generalitat en la reforma de l’Estatut d’Autonomia.

[29] Sobre la necessitat d’aprofundir en la concurrència de competències en aquest àmbit, Bayo, Joaquín; Muñoz, Xavier. «La catalanització de la justícia». A: Informe i Sunyer sobre la justícia..., pàg. 489-490.

[30] Crític en relació amb els cossos estatals i proposant la col·laboració entre l’Estat i les comunitats autònomes, Jiménez Asensio, Rafael. «Un problema mal resuelto. La gestión del personal al servicio de la Administración de Justicia en el Estado autonómico». Revista Vasca de Administración Pública, núm. 53, 1999, pàg. 109 i seg.

[31] Andrés Ibáñez, P.; Movilla Álvarez, C. El Poder judicial. Madrid: Tecnos, 1986, pàg. 277-278.

[32] Les sentències constitucionals més recents, la 105/2000 (fj 5), 253/2005 (fj 7), la 270/2006 (fj 6) i la 294/2006 (fj 4) confirmen aquesta dependència de la legislació estatal, en el sentit que l’àmbit d’actuació de la comunitat autònoma només es pot desplegar amb l’habilitació prèvia de la Llei orgànica del poder judicial: «la necesaria existencia de un núcleo homogéneo en el régimen jurídico del personal al servicio de la Administración de Justicia justifica la reserva a unas instancias comunes de aquellas materias que puedan afectar en forma decisiva a elementos esenciales del estatuto de dicho personal, tal y como haya sido configurado en cada momento por la lopj (la cursiva és nostra). Son éstas materias respecto de las cuales las cláusulas subrogatorias no podrán entrar en juego». En cadascuna d’aquestes sentències, l’aplicació als casos concrets d’aquesta doctrina ratifiquen l’escàs marge de les comunitats autònomes.

[33] Article 14.c del Decret 197/2007, de 10 de setembre, d’estructuració de la Secretaria de Relacions amb l’Administració de Justícia.

[34] Hi ha diversos estudis sobre el règim d’usos a l’àmbit judicial; a banda del que ja hem esmentat d’Anna Maria Pla. El règim jurídic..., pàg. 119-230, especialment exhaustiu, podeu consultar Bayo Delgado, Joaquín. «La llengua en la justícia, els registres i el notariat», Jornades sobre la Llei de política lingüística, Barcelona: Institut d’Estudis Autonòmics, 1999, pàg. 157-170; Caminal Badia, Francesc de P. «L’ús de les llengües a l’Administració de Justícia», Autonomia i Justícia a Catalunya, Barcelona: Consell Consultiu, 1998, pàg. 63- 72; i Colom Pastor, Bartomeu. «La posició de la llengua catalana en l’Administració de justícia de les Illes Balears», Revista de Llengua i Dret, núm. 38, 2002, pàg. 19-45; Vernet; Pou. Llengua i Administració..., pàg. 12-25; Pou Pujolràs, Agustí. «Una aproximació al règim lingüístic de l’Administració de justícia a Catalunya», Justifòrum, núm. 9, 1998, pàg. 27-45. Vaamonde Fernández, J.M. «Cooficialidad lingüística: un reto posible». Revista de Llengua i Dret, núm. 39, 2003 pàg. 77-91.

[35] Sobre els usos lingüístics en el àmbit de la justícia en dret comparat és il·lustrativa l’obra L’Administració de justícia als estats plurilingües. Barcelona: Consell General del Poder Judicial-Generalitat de Catalunya, 1997.

[36] Vernet (coord.). Dret lingüístic, pàg. 149 i seg. En aquest sentit, la sts de 25 de setembre de 2000, relativa al gallec, però a aquest efecte generalitzable, entén que hi ha dos drets bàsics en matèria lingüística que deriven de la Constitució i l’Estatut: «a) El dret d’ús de les esmentades llengües per a realitzar vàlidament i amb plena eficàcia actuacions de rellevància jurídica en l’àmbit territorial gallec [...] c) El dret d’elecció de llengua oficial, com a dret que assisteix els ciutadans derivat directament de l’art. 3.2 ce». Drets que, de tota manera, es poden considerar unitàriament, atès que l’un implica l’altre. En tot cas, la conseqüència immediata del dret d’ús és que qualsevol manifestació feta pel particular té validesa i genera els efectes jurídics corresponents en el territori on la llengua és oficial.

[37] Vegeu Vernet (coord.). Dret lingüístic, pàg. 181-183. Pla. El règim jurídic..., pàg. 145-177.

[38] En aquest sentit, pel que fa al plantejament de demanda en idioma diferent del castellà davant del Tribunal Constitucional, itc 935/1987 o 374/1988. Vegeu Pla. El règim lingüístic..., pàg. 149-151.

[39] Aquesta doctrina enllaça directament amb la que estableix la stc 105/2000 sobre la no-necessitat que els integrants de l’Administració de justícia coneguin l’idioma oficial propi, i així ho reconeix la mateixa itc 166/2005: «En palabras de la stc 105/2005, de 13 de abril, que sintetiza nuestra doctrina sobre este punto, el órgano judicial, no sólo vendrá facultado para autorizar la traducción, sino incluso obligado a ello para cumplir la función que le es propia, pues la eficacia directa de los derechos fundamentales, proclamada en el artículo 53.1 ce así lo impone, sin necesidad de ninguna ley que le autorice a ello expresamente».

[40] Colom. «La llengua...», pàg. 39-40.

[41] La Carta europea de llengües regionals o minoritàries, però, hauria de matisar aquest criteri, tot la prudència que es desprèn del mateix Informe explicatiu de la Carta (http://www.conventions.coe.int./Treaty/en/Reports/Html/148.htm). Colom. «La llengua...», pàg. 26-34.

[42] Si ens atenem als debats parlamentaris, es constata que la Proposició de llei sobre la renovació del marc legal de la llengua a Catalunya, que contenia la proposició inicial de la lpl actual, emprava l’expressió «dret a ésser-hi atès» (en la llengua escollida pel ciutadà), fet que palesa la inicial pretensió d’instaurar el principi de disponibilitat lingüística total en l’àmbit judicial i també que, un cop eliminat el pronom feble «-hi», la redacció de l’incís esmentat s’ha d’interpretar, des de la perspectiva dels antecedents, en el sentit que el legislador autonòmic va optar per no consagrar amb caràcter general el dret del ciutadà (o de la part en el procés) a ser atès en la llengua que ell esculli.

[43] El precepte s’ha de connectar l’art. 520 de la Llei d’enjudiciament criminal, que estableix el dret de tota persona detinguda a ser assistida gratuïtament per un intèrpret quan es tracti d’estrangers que no entenguin o no parlin el castellà, atès que el Tribunal Constitucional entén que també cal incloure en l’àmbit subjectiu del precepte els espanyols que estiguin en la mateixa situació, en virtut del dret a la tutela judicial efectiva sense que es pugui produir indefensió (art. 24.1 ce).

[44] Una bona anàlisi de l’art. 3 ce a Milian Massana, Antoni «La regulación del multilingüismo». Revista Española de Derecho Constitucional, núm. 10, 1984, pàg. 123-154.

[45] La sts de 14 d’abril de 1997, per exemple, reconeix la vulneració de la tutela judicial efectiva quan un ciutadà és defensat per un advocat que no coneix el català, llengua en què són redactats alguns documents, encara que l’advocat l’hagi escollit la mateixa persona defensada; més recentment, la Interlocutòria del ts de 15 d’abril de 2004. Contràriament, la itc 338/2004, de 13 de setembre, reconeix que no hi ha indefensió quan el jutjat, que treballava en català, no canvia de llengua de treball (així ho havia demanat una part) i només notifica traduïdes al castellà les actuacions que du a terme, per bé que el tc no entra a valorar la legalitat d’aquest funcionament lingüístic. Curiosament, hi ha resolucions del Tribunal Suprem que no estimen que s’hagi produït indefensió d’una part tot i que diversos documents aportats per l’altra siguin en llengua estrangera (per exemple, sentències de 18 i 25 d’octubre i 20 de novembre de 2006).

[46] Sobre el desencert de vincular el desconeixment de l’idioma oficial propi, la indefensió i la necessitat de traducció, vegeu l’excel·lent article d’Urrutia Libarona, Iñigo. «Las garantías lingüísticas ante la Administración de Justicia: cooficialidad y tutela judicial». Re- vista Jurídica de Catalunya, núm. 1 de 2003, pàg. 81-108. També apunta aquesta línia, Etxeberria Guridi, José Francisco. «El euskera en la administración de justícia». Revista Vasca de Administración Pública, núm. 53, 1999, pàg. 31-89

[47] Un tema diferent, però connectat amb els drets lingüístics dels ciutadans quan es troben en relació amb l’Administració de justícia, és la qüestió del tribunal que actua per jurat, respecte de la qual la llei no s’ha pronunciat, per bé que fora bo que establís alguna garantia lingüística. Així, caldria observar expressament el respecte dels drets lingüístics dels membre dels jurats, que es poden veure preterits per la mateixa lopj. En aquest sentit, sense alterar el règim lingüístic previst per a les actuacions judicials, seria bo preveure específicament que les intervencions, orals i escrites, del jurat es poguessin fer en qualsevol de les llengües oficials i que el personal de l’Administració de justícia s’adaptés a aquesta elecció. També seria convenient incloure la previsió que el magistrat president informés expressament que es poden utilitzar qualsevol de les dues llengües oficials. Per als casos en què sorgís discrepància entre els membres del jurat sobre la llengua, en les actuacions orals cadascun hauria d’emprar la llengua oficial que volgués i, per escrit, haurien d’emprar les dues llengües oficials.

[48] Encertadament crític amb aquesta doctrina jurisprudencial, Jou, Lluís. «La llengua catalana a la Llei orgànica del poder judicial: la posició del Tribunal Constitucional». Revista de Llengua i Dret, núm. 17, 1992, pàg. 53-64.

[49] Cal tenir present, però, el cert gir que marca la itc 338/2004, esmentada a la nota 45.

[50] En el primer Informe del Comitè d’Experts sobre l’aplicació a Espanya de la Carta europea de llengües regionals o minoritàries, el Comitè apunta la necessitat d’emprendre mesures per augmentar la capacitació lingüística de jutges i fiscals a fi que puguin emprar les llengües protegides, el català en el nostre cas, com a llengua de treball.

[51] sts de 5 de juny de 1992, de 13 de febrer de 1994, de 29 de maig de 1995 o de 9 de febrer de 2004; itc 1103/1986 i 935/1987, o stc 52/1999, entre d’altres.

[52] Clotet i Miró, Maria Àngels. «La Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias», separata de la Revista de Instituciones Europeas (1994), Madrid, pàg. 529-562; Agirreazkuenaga Zigorraga, Iñaki. Diversidad y conviencia lingüística, Donostia: Diputación Foral de Gipuzkoa, 2003, especialment pàg. 120-127; Colom. «La llengua...», pàg. 26-35; vegeu també els informes de l’Estat espanyol sobre el compliment de la Carta i els presentats per diferents entitats, sobretot l’elaborat pels col·legis d’advocats de Catalunya i de les Illes Balears i el del Ciemen.

[53] La itc 166/2005, de 19 d’abril, però, no percep aquesta incompatibilitat.

[54] La qüestió de la capacitació lingüística del funcionariat ha estat molt tractada per la doctrina jurídica, sobretot per la doctrina del País Basc. Per a Catalunya, entre altres: Agirreazkuenaga Zigorraga, I. «L’acreditació del coneixement del català en la funció pública de les administracions catalanes». A: Estudis jurídics sobre la Llei de política lingüística. Madrid: Marcial Pons, Institut d’Estudis Autonòmics, 1999, pàg. 215-236; Pla Boix, Anna Maria. «La valoració del coneixement de la llengua autonòmica cooficial en la provisió de places judicials: estat de la qüestió. Comentari a la stc 253/2005, de 10 d’octubre». Revista Jurídica de Catalunya, núm. 2, 2006, pàg. 123-150, i de la mateixa autora i a la mateixa revista, «El perfil lingüístic del personal al servei de l’Administració de Justícia. Comentari a la stc 270/2006 de 13 de setembre». núm.1, 2007, pàg. 151-167; Vernet. Normalització..., pàg. 99-165, i del mateix autor, «El Tribunal Constitucional avala l’exigència de la capacitació lingüística per accedir a la funció pública de les comunitats autònomes amb dues llengües oficials. Comentari a la stc 46/1991, de 28 de febrer». Revista de Llengua i Dret, núm. 17, 1992, pàg. 87-98.

[55] Les diverses sentències del Tribunal Suprem han estat comentades per Jaume Vernet, Eva Pons i Agustí Pou en les corresponents cròniques de jurisprudència de la Revista de Llengua i Dret.

[56] Per al règim de valoració de la llengua entre el personal que serveix l’Administració de justícia, Vernet i Llobet, J. «Los principios de mérito y capacidad en la provisión de plazas de magistrados, jueces, fiscales y personal al servicio de la Administración de Justicia en las Comunidades Autónomas con doble oficialidad lingüística». A: La Administración de Justicia en un estado plurilingüe. Madrid: Consejo General del Poder Judicial, 1999, pàg. 273- 324. Igualment, vegeu Agirreazkuenaga. Diversidad..., pàg. 325-334.

[57] La importància que es dóna a la Sentència al caràcter de «cos nacional» es criticat per Jover Presa, P. «Comunidades autónomas y organización de la tutela judicial». A: Derechos constitucionales y formas políticas. Barcelona: Cedecs, 2001, pàg. 546.

[58] Una crítica molt incisiva sobre aquesta qüestió a Milian. «L’ordenació lingüística: estudi jurídic...», pàg. 340-353.

[59] L’article 5.2.g del Reial decret 326/2002, de 5 d’abril, en la reforma introduïda pel Reial decret 92/2006, de 3 febrer estableix «els que acreditin el coneixement del dret o llengua propis, en les comunitats autònomes on n’hi hagi, fins a un màxim de 2 punts». Fins i tot, en una atribució de valor al coneixement tan petita i només destinada als substituts, la controvèrsia ha estat notable. En el seu moment, el Reial decret 2397/1998, de 6 de novembre, sobre substitució a la carrera fiscal va incorporar per primera vegada una valoració de fins a tres punts pels coneixement de dret i llengua propis. Però el Reial decret 326/2002, de 5 d’abril, va eliminar aquest mèrit, fet que originà iniciatives parlamentàries i un conflicte de competència plantejat per la Generalitat. Finalment la reforma esmentada del Decret 326/2002 va tornar a preveure la valoració, si bé només en dos punts. La itc 197/2007, de 27 de març, va declarar sense objecte el conflicte de competències.

[60] Per exemple, l’Ordre JUS/2347/2006, de 26 de juny, estableix una valoració progressiva en l’escalafó d’acord amb el nivell de coneixement: nivell B, 1 any; nivell C, 2 anys, i nivell D, 3 anys.

[61] La Resolució de 16 de maig de 2006, de la Direcció General de Relacions amb l’Administració de Justícia del Ministeri, que estableix els barems i els criteris de puntuació, semblantment als secretaris titulars, fixa en 1, 2 i 3 punts el mèrit d’acord amb el nivell acreditat.

[62] El sistema de valoració de la llengua que preveia l’anterior regulació de la lopj i que era desevolupada pels reglaments orgànics (Reial decret 249/1996, de 16 de febrer, pel qual s’aprova el Reglament orgànic dels cossos d’oficials, auxiliars i agents de l’Administració de justícia, i el Reial decret 296/1996, de 23 de febrer, del Reglament orgànic del cos de metges forenses) es basava només en el reconeixement d’un mèrit. Tot i això, va ser reitradament impugnat, però diversos pronunciaments judicials van avalar-ne la legalitat (per totes, sts de 16 de juny de 1998).

[63] Pel que fa a l’adjudicació en primera destinació i a la promoció interna, d’acord amb l’Ordre JUS/2544/2006, de 28 de juliol, per la qual s’estableixen les bases comunes que han

[64] Les stc 253/2005, de 10 d’octubre, i 270/2006, de 13 de setembre, relatives a la perfilació lingüística al País Basc, avalen la legitimitat el requisit lingüístic per a determinades places, pe bé que amb límits.

[65] L’Ordre del Departament de Justícia de 10 de març de 1998, sobre selecció, proposta i nomenament de personal interí per a la provisió de places dels cossos de metges forenses, oficials, auxiliars i agents de l’Administració de justícia, va fer la primera regulació de l’anomenada «borsa d’interins», i va establir el coneixement de llengua catalana com a re quisit per accedir-hi, exigint un nivell B o un C segons el cos al qual s’optés, i atorgà a l’acreditació de nivells de llengua superiors als exigits la qualificació de mèrit (i el mateix amb l’aranès per a la Vall d’Aran). Aquesta disposició va ser impugnada i el Tribunal Superior de Justícia va anul·lar les previsions lingüístiques per considerar-les desproporcionades respecte del nivell de titulació acadèmica exigit per ocupar la plaça. La norma que la va substituir, el Decret 49/2001, de 6 de febrer, també van ser impugnada i anul·lades les clàusules lingüístiques (vegeu, per exemple, sentències del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya de 10, 13 i 14 de maig de 2002 o de 18 de març de 2003). La sts de 6 de març de 2006 ha corroborat la il·legitimitat del requisit.

[66] Només cal consultar les iniciatives del Parlament de Catalunya i a les Corts Generals en aquest sentit; esmentem només la més significada, la Proposició 125/000001, de 16 abril de 2004, de modificació de la lopj presentada pel Parlament de Catalunya a la Mesa del Congrés dels Diputats.

[67] Vegeu, recentment, Pla. El règim jurídic..., o de la mateixa autora «La llengua al nou Estatut d’autonomia de Catalunya». Revista d’Estudis Autonòmics i Federals, núm. 3, 2006, pàg. 259-294. Així mateix, tots els informes dels experts presentats el 2001 a la Comissió d’Estudi per a l’Aprofundiment de l’Autogovern posaven l’èmfasi en els problemes de la normalització en l’àmbit judicial. Estudis sobre l’Autogovern de Catalunya, Barcelona: Publicacions del Parlament de Catalunya, 2003.

[68] Només cal comptar les remissions que aquest mateix títol fa a la Llei orgànica del poder judicial o a mencions que, d’una manera més genèrica, remeten a legislació de l’Estat.

[69] Aquesta era la perspectiva que marcava l’Institut d’Estudis Autonòmics en el seu Informe..., pàg. 130.

[70] La limitació d’incidir des d’un punt de vista regulatiu en aquest règim d’usos queda palesa en l’esmentada stc 270/2006, que valora com a vulneració competencial la possibilitat que preveia el Decret basc que els jutges s’incloguessin dins dels plans de normalització que es duguessin a terme.

[71] El mateix podríem dir per a les competències en mitjans materials (article 104 eac), o la menció del dret a fer les proves en català en els concursos i oposicions que es facin a Catalunya (article 101.3 eac)

[72] Els estatuts de Galícia i el País Basc tenen previsions per valorar la llengua com a mèrit preferent (articles 35 i 25 respectivament). Així mateix, l’article 12 de l’Estatut de Catalunya de 1932 establia la necessitat de conèixer el català per al personal de l’Administració de justícia. Vegeu Milian. «L’ordenació lingüística...», pàg. 349-351; o Pla i Boix, Anna M. «L’ordenació de la qüestió lingüística a Catalunya de 1892 a 1936: el procés de reconeixement de l’estatut d’oficialitat del català». Revista de llengua i Dret, núm.43, 2005, pàg. 204-205.

[73] Qüestió ja plantejada durant el procés d’elaboració de l’Estatut; per exemple, en els treballs de la ponència redactora (Proposta de reforma de l’Estatut d’autonomia, maig 2005) ja evidenciava la necessitat d’una profunda reforma de la Llei orgànica del poder judicial per adequar-se al text que s’anava elaborant; així mateix, en el Dictamen del Consell Consultiu hi ha un vot particular sobre la inidoneïtat de la norma estatutària per incorporar aquesta previsió. D’altra banda, des d’una perspectiva de distribució competencial, aquesta ja va ser una qüestió plantejada pel magistrat Rubio Llorente en un vot particular a la Sentència a les stc 82 i 84/1986, de 26 de juny.

[74] El text aprovat pel Parlament de Catalunya establia la competència del Consell de Justícia de Catalunya per comprovar el compliment de les condicions lingüístiques d’accés a les places de l’Administració de justícia, com també el requeriment de coneixements lingüístics igual al que s’estableix per al personal de l’Administració de la Generalitat per a tot el personal judicial, llevat de jutges i fiscals. Ambdues previsions van caure en el text finalment aprovat per les Corts Generals. Per seguir aquest procés, vegeu Pons i Parera, Eva; Pla i Boix, Anna. «La llengua en el procés de reforma de l’Estatut d’autonomia de Catalunya (2004-2006)». Revista de Llengua i Dret, núm. 47, 2007, pàg. 183-226.

[75] L’article 98 de l’eac no preveu aquesta atribució i caldria que fos la lopj qui recollís una funció en què s’hi pogués enquadrar.

[76] Pel que fa a aquest personal, la manca de la clàusula «en la forma i en l’abast que determini la llei» es pot entendre com que aquesta habilitació competencial no deriva de la clàusula subrogatòria (la Generalitat exerceix «totes les funcions i les facultats que la Llei orgànica del poder judicial reconeix al Govern de l’Estat amb relació a l’Administració de justícia a Catalunya», article 109 de l’eac), sinó per una atribució directa.

[77] L’article 37.3 de l’eac estableix el desenvolupament per llei dels drets estatutaris. Sobre els drets lingüístics estatutaris, vegeu Barceló i Serramalera, Mercè. «Els drets lingüístics com a drets públics estatutaris». Revista de Llengua i Dret, núm. 47, 2007, pàg. 265- 285.

[78] Actualment la col·laboració en la matèria es regeix per l’Acord de col·laboració, de 2 d’abril de 1993, en matèria de normalització lingüística entre el Consell General del Poder Judicial i la Generalitat de Catalunya, modificat parcialment per l’Acord de 28 de novembre de 2000. Pel que fa al nivell de llengua valorable com a mèrit entre jutges i magistrats, el Conveni de col·laboració entre el Consell General del Poder Judicial i la Generalitat de Catalunya, de 25 de març de 1999, sobre l’acreditació del coneixement de la llengua catalana.

[79] Les conferències sectorials (i altres òrgans tècnics) de l’Estat (Ministeri de Justícia) amb les comunitats autònomes amb competències en Administració de justícia han servit per articular aquesta col·laboració, també en l’aspecte lingüístic.

[80] 1. La participació de la Generalitat en els òrgans i els mecanismes bilaterals i multilaterals de col·laboració amb l’Estat i amb altres comunitats autònomes no altera la titularitat de les competències que li corresponen. 2. La Generalitat no queda vinculada per les decisions adoptades en el marc dels mecanismes multilaterals de col·laboració voluntària amb l’Estat i amb altres comunitats autònomes respecte a les quals no hagi manifestat el seu acord. 3. La Generalitat pot fer constar reserves als acords adoptats en el marc dels mecanismes multilaterals de col·laboració voluntària quan s’hagin pres sense la seva aprovació.

[81] En aquest sentit, molt interessant és el plantejament de l’article d’Iñigo Urrutia. «Las garantías lingüísticas...», pàg. 393-420; en aquest treball, arran de les diverses resolucions judicials que entenen que la participació de traductors i intèrprets per traduir per als jutges o fiscals les intervencions de lletrats que empren el basc no vulneren el dret a la tutela judicial efectiva, planteja la necessitat d’enfocar la qüestió no des d’una òptica dels drets processals, sinó des del principi d’oficialitat.

[82] Agirreazkuenaga Zigorraga. I. «Balance conclusivo sobre la Administración de Justicia en un Estado plurilingüe». A: La Administración de Justicia en un Estado plurilingüe. Madrid: Consell General del Poder Judicial, 1999, pàg. 409-414.

[83] Per a la identificació del que és poder públic, Milian Massana, Antoni. Público i privado en normalización lingüística. Barcelona: Atelier : Institut d’Estudis Autonòmics, 2000, pàg. 94 i seg.

[84] En aquest sentit, queden fora d’aquesta lògica situacions com la que van aparèixer a la premsa sobre la sol·licitud de traducció que va fer l’Advocacia de l’Estat a Tarragona sobre determinats documents de l’expedient que eren en català. Val a dir que aquesta línia de desvinculació de l’oficialitat ha estat avalada més d’un cop pel mateix Tribunal Constitucional (per exemple, la itc 383/2003, d’1 de desembre, sobre l’ús exclusiu del castellà en l’àmbit d’actuació de l’Institut Nacional d’Estadística).

[85] Aquest dret ja ha estat específicament recollit i delimitat per un acord de la Sala de Govern del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya de 4 de setembre de 2007, adoptat arran d’una queixa d’un ciutadà per tal com un jutjat no l’havia correspost en la llengua que ell havia sol·licitat.

[86] Tot i això, aquest tipus de peticions no han sigut estranyes en els jutjats catalans; segurament, però, el problema que amb major intensitat es planteja per a l’ús del català és la pressió, més subtil i sovint de caràcter informal, de les possibles conseqüències negatives que pot comportar l’ús del català, com ara el fet que el jutge, el fiscal o l’altra part el desconegui i la demora que això pot ocasionar, els efectes que pugui tenir fora del territori, etc.

[87] Vegeu Corretja i Torrens, M. «La projecció supraterritorial de la llengua catalana en el nou Estatut d’autonomia de Catalunya». Revista de Llengua i Dret, núm. 47, 2007, pàg. 258-259.

[88] A tall d’exemple, en les proves realitzades en els processos selectius territorialitzats per accedir als cossos de suport de l’Administració de justícia (gestió i tramitació processal i administrativa, auxili judicial i metges forenses) es fa servir sempre el castellà.

[89] Podeu trobar-ne una valoració a Pla. La llengua al nou Estatut..., pàg. 284-288.

[90] Pons; Pla. La llengua en el procés..., pàg. 207

[91] Les sts de 29 d’abril i de 7 de novembre de 1995, relatives a la valoració de la llengua com a mèrit per cobrir places de jutges i secretaris, parteixen precisament no de la necessitat de capacitació sinó de l’impacte del mèrit en el còmput global dels mèrits; per tant, la proporcionalitat no es fa girar entorn de la finalitat de la mesura (tenir competència lingüística), sinó de la minimització dels seus efectes. En el mateix sentit, mencionem especialment la sts de 6 de març de 2006, sobre el requisit lingüístic en la borsa de funcionaris interins de Catalunya.

[92] La necessària adaptació als drets dels ciutadans i a les diferents realitats lingüístiques també l’exposa la sts de 27 d’octubre de 2003, en una impugnació d’un jutge a la valoració com a mèrit del gallec jurídic.

[93] En la línia d’aquesta afectació general és la que, pel que fa a la valoració de la llengua com a mèrit prevista a la lopj, estableix la sts de 16 de juliol de 2007: «La sistemática de la Ley Orgánica [del poder judicial] no deja lugar a incertidumbre en este punto. Más allá de lo que se considere acertado o conveniente, el legislador ha querido que el mérito excluido por el Acuerdo impugnado se tenga presente en todos los supuestos de provisión de destinos judiciales, sin excepción», doctrina encertada que canvia la direcció apuntada per la sts de 31 de maig de 2006 (no-valoració de la llengua en el nomenament del president del Tribunal Superior de Justícia del País Basc) o les sts de 2 de juny de 1997 i de 20 d’abril de 1998 (no-valoració de la llengua en la provisió de jutges substituts i magistrats suplents).

[94] L’article 11.1 d’aquesta Llei estableix que el «personal al servei de les administracions, les corporacions i les institucions públiques de Catalunya ha de tenir un nivell de coneixement adequat i suficient de les dues llengües oficials, tant en l’expressió oral com en l’escrita, que el faci apte per a desenvolupar les funcions pròpies del seu lloc de treball».

[95] Pot servir de paràmetre el Decret 161/2002, d’11 de juny, sobre l’acreditació del coneixement del català i l’aranès en els processos de selecció de personal i de provisió de llocs de treball de les administracions públiques de Catalunya. S’ha de superar la doctrina establerta en diverses sentències del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya abans esmentades i en la sts de 6 de març de 2006 (totes relatives a les borses d’interins de justícia), que vinculen el requisit lingüístic al nivell d’estudis assolit i al que s’exigeix als titulars, que estan integrats en cossos estatals.

[96] Milian. L’ordenació lingüística: estudi jurídic…, pàg. 340-353, ja indica que les pre- visions actuals de la lopj s’haurien d’interpretar en aquest sentit.

[97] Vegeu les consideracions que fem a Vernet (coord.). Dret lingüístic, pàg. 92-94 i 158-160

[98] A banda de la nodrida doctrina que ja hem citat en aquest sentit, a aquesta conclusió arriba, sense tenir en compte la reforma de l’Estatut, i des de perspectives ben diverses, Cienfuegos Salgado, D. «¿Jueces bilingües? El conocimiento de la lengua autonómica en la Constitución y Estatutos de Autonomía españoles». A: Políticas y derechos lingüísticos: reflexiones sobre la lengua y el derecho. México: Porrúa, 2005, pàg. 105-127; o Nieva Fenoll, Jordi. «La justícia de proximitat». El Clip. Institut d’Estudis Autonòmics, pàg. 23-24.

[99] La línia iniciada pel Decret basc 117/2001, de 26 de juny, de mesures per a la normalització lingüística de l’Administració de justícia, enjudiciat i avalat per la stc 270/2006, de 13 de setembre, és un punt de referència en aquest sentit.