La actividad administrativa en la república (509 - 27 a.C.)

Autor:Carlos Varela Gil
Páginas:59-100
RESUMEN

A. El ámbito de la actividad administrativa - 1) La actividad militar - 2) La actividad civil - 3) La actividad religiosa - B. El personal administrativo - 1) La administración de Roma - 2) La administración de Italia - 3) La administración de las provincias - C. Principios de la organización administrativa - 1) La centralización - 2) La competencia - 3) La jerarquía - D. Conclusiones

 
ÍNDICE
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Desde la caída de la Monarquía y hasta que la República adquirió su forma defi nitiva, el vacío de poder que había dejado la salida de los reyes etruscos parece que sería sucesivamente cubierto por dictadores, decenviros o tribunos militares. Sin embargo, no fue hasta mediados del s.IV a.C. cuando se produce la consolidación de las instituciones políticas republicanas (senado, magistraturas y comicios) y la expansión del territorio por Italia y el Mediterráneo. En esos momentos, Roma se convierte en la principal potencia del mundo occidental y su esplendor sólo es interrumpido por las crisis que, desde finales del s.II a.C., empiezan a asolar la península.

En cuanto a su actividad administrativa, las grandes conquistas mediterráneas iniciadas por Roma en el s.III a.C. trajeron consigo la necesidad de extender el gobierno de la capital a los nuevos dominios. Sin embargo, la Administración desplegada por la metrópoli en ellos tuvo un carácter elemental, dirigido fundamentalmente a garantizar su sumisión a Roma y a permitir una política de máximo aprovechamiento económico. Por tanto, su estructura organizativa fue mínima, quedando la mayor parte de la actividad pública en manos de grandes sociedades mercantiles a las que, por su estrecha relación con el Estado, se llamaron societates publicanorum69. Page 60

A El ámbito de la actividad administrativa

El desfallecimiento del dominio etrusco puso fin a la próspera industria y al incipiente comercio que se habían desarrollado en Roma durante el s.VI a.C. Como consecuencia de ello, la producción agropecuaria volvió a ser la principal -y casi exclusiva- fuente de riqueza, lo que, junto al elevado incremento de la población experimentado en el último siglo de la Monarquía, obligó a ampliar la extensión del territorio cultivable con nuevas conquistas militares. Es a partir de entonces cuando comienza la incesante expansión de Roma. En un primer momento ocupó los campos limítrofes a la ciudad; luego, el Lacio; posteriormente, toda Italia; y por último, el Mediterráneo. Las conquistas militares y la sucesiva dominación territorial no sólo provocaron la necesidad de gobernar una extensión notablemente mayor y más poblada que la de la primitiva Roma, sino que las diferencias culturales existentes entre unas regiones y otras, así como la concentración de personas en la capital, hicieron necesario constituir una organización administrativa de superiores dimensiones.

En estas circunstancias, el Estado debió intensificar el ejercicio de las funciones públicas que ya se venían desarrollando durante la Monarquía (defensa exterior, orden público, justicia y administración fi nanciera) y comenzó a prestar nuevos servicios que, desde el campo de lo social, contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes (abastecimiento de agua y alimentos, construcción de vías públicas, etc.).

1) La actividad militar

Ya desde su origen, el pueblo romano se distinguió por su marcado carácter bélico. Tras las primeras conquistas laciales, en los albores del s.III a.C. Roma comienza su expansión peninsular que, sesenta años después, extiende a lo largo del Mediterráneo (Sicilia, Cerdeña, Hispania, Macedonia, África, Galia Narbonense, etc.). Page 61

Pero para la consecución de estos éxitos militares, el ejército tuvo que experimentar una notable transformación respecto a la organización que había mantenido durante la Monarquía. Dicho cambio estuvo caracterizado fundamentalmente por tres factores: la prolongación de las campañas bélicas, el aumento de los legionarios y la paulatina incorporación de soldados extranjeros.

  1. En un principio, los legionarios eran ciudadanos romanos que defendían a la patria en su mocedad y durante un número determinado de meses al año. Posteriormente, la solidez de los enemigos hizo necesario prolongar la duración de las contiendas, con lo que los soldados romanos pasaron de ser eventuales combatientes a regulares reclutas70.

  2. La dominación que Roma ejerció sobre el Mediterráneo estaba asentada principalmente en un ejército numeroso y fuertemente armado, que pasó de los aproximadamente 4.200 soldados que componían la única legión de fi nales de la Monarquía a un número que, repartidos en 15 legiones, debía rondar en el s.I a.C. los 70.00071.

  3. Las ingentes empresas militares iniciadas por Roma durante la República requirieron la colaboración de soldados extranjeros que ayudasen a incrementar el potencial bélico romano. Por ello, a Page 62 medida que se produce la conquista de la península, se van incorporando combatientes itálicos (socii) que se sitúan en los flancos de las legiones (alae). Del mismo modo, a raíz de la creación de las provincias, sus gobernadores se encargaron de reclutar a provincianos (auxilii) para reforzar el contingente militar romano en estos territorios72. Unos y otros duplicaron el personal castrense hasta alcanzar los 150.000 soldados.

Al servicio del ejército se encontraron tanto altos mandos, como suboficiales y soldados.

1) Altos mandos. La suprema dirección militar correspondió a un magistrado cum imperio -habitualmente cónsules o, en las provincias, gobernadores-. Inmediatamente subordinados a ellos, y encuadrados también dentro de los mandos superiores, se situaron los tribunos militares. Estos tribuni fueron elegidos por el comandante en jefe de la legión o por los comicios por tribus73 y a partir de Mario comandaron cada una de las diez cohortes en las que se dividió la legión74.

2) Suboficiales. Por debajo de ellos se establecían los subofi ciales, que generalmente eran seleccionados dentro del ámbito castrense por los militares superiores. Los centuriones eran los encargados de dirigir cada una de las 6 centurias de infantería en las que se divi- Page 63 día la cohorte y los decuriones capitaneaban las decurias de jinetes75. Además, entre los subofi ciales también se encontraban los portadores de las insignias militares (signiferi), el ayudante del centurión (optio), el personal para misiones de compromiso (benefi ciarii)76, los ayudantes o escuderos (stratores), los cronistas ofi ciales (commentarienses) o el jefe de los contables (cornicularius)77.

3) Soldados. Por su parte, la tropa estuvo formada hasta las postrimerías de la República por los ciudadanos y extranjeros obligados al servicio militar. Sin embargo, a fi nales del s.II a.C. las necesidades militares obligaron a Mario a desechar este tipo de legionarios e introducir soldados profesionales que rápidamente modifi caron la concepción del ejército78.

2) La actividad civil

Unida a la intensa actividad militar, la Administración republicana tuvo que hacer frente a numerosas funciones y servicios públicos, especialmente a partir de la expansión mediterránea y del crecimiento de la capital. De este modo, aunque la actividad administrativa siguió desarrollándose en los campos del orden, la jurisdicción, las obras y Page 64 servicios públicos y la gestión financiera, el grado de complejidad con la que se ejerció fue notablemente mayor al de la etapa precedente.

a) Mantenimiento del orden público y ejercicio de la jurisdicción

Aparte de la seguridad externa, ya desde los tiempos monárquicos Roma trató de garantizar la pacífica convivencia de sus ciudadanos a través de la represión y control de los desórdenes públicos79 y de la solución de los confl ictos interpersonales.

El crecimiento de la ciudad, así como el enfrentamiento patricioplebeyo, hicieron necesario el nacimiento de medios capaces no sólo de castigar los delitos más graves -como sucediera en la etapa precedente-, sino también de prevenirlos y evitar desórdenes públicos que pudieran alterar el normal desarrollo de la vida en comunidad80. Con este propósito se instituyeron ediles encargados del cuidado y vigilancia de la capital, sus mercados y juegos públicos81 y se encomendó a los magistrados cum imperio (principalmente a los cónsules) la condena de los ilícitos penales82. Posteriormente, desde mediados Page 65 del s.II a.C., y fundamentalmente a partir de Sila, los procesos penales más importantes se dirimieron a través del procedimiento de las quaestiones perpetuae83. Asimismo, para la solución de los conflictos civiles, a mitad del s.IV a.C. se estableció un pretor urbano, a quien posteriormente ayudó en Roma y en el resto de la península un conjunto de auxiliares84. Finalmente, el orden y la jurisdicción provincial, respetando la autonomía concedida a las entidades locales, compitió a los gobernadores que las administraban.

b) Obras y servicios públicos

La expansión territorial romana y el desorbitado crecimiento de la ciudad fomentaron la realización de importantes obras públicas y el establecimiento de una serie de servicios destinados a mejorar la calidad de la vida urbana85. En cuanto a las obras, la necesidad Page 66Ç de una comunicación fl uida entre los distintos territorios conquistados impulsó la construcción de numerosas vías de comunicación que unieron Roma al resto de poblaciones con el fi n de asegurar una rápida defensa militar y un fl uido tráfi co mercantil (vías Appia, Aurelia, Emilia, Flaminia, etc.)86. Asimismo, además de las edifi caciones militares y religiosas que ya se venían construyendo desde tiempos monárquicos, se levantaron importantes inmuebles destinados al desarrollo de la vida pública de la comunidad romana (templo a Juno Moneta, basílicas Julia y Emilia, curia Hostilia, foro de Cesar, teatro de Pompeyo, etc.). Por otro lado, se prestaron a los ciudadanos una serie de servicios tendentes a mejorar su bienestar...

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