«Accession and migration: Changing policy, society, and culture in an enlarged Europe»

Autor:Carmen Doménech Santos
Páginas:168-174
RESUMEN

Accession and Migration es el resultado de la colaboración entre investigadores británicos y búlgaros en el marco de un proyecto de investigación financiado por la British Academy (...)

 
CONTENIDO

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JOHN EADE, YORDANKA VALKANOVA (EDS.) Ashgate, Studies in Migration and Diaspora 2009, 193 págs.

Accession and Migration es el resultado de la colaboración entre investigadores británicos y búlgaros en el marco de un proyecto de investigación financiado por la British Academy. Las investigaciones que recoge giran en torno a los nuevos procesos migratorios entre el Reino Unido y Bulgaria asociados con la incorporación de esta última a la Unión Europea en 2007. Sin duda, el interés de esta obra quedaría suficientemente justificado por el mero hecho de tratar sobre uno de los nuevos miembros «pobres» de la unión; y por la posibilidad de comparar, a partir de estos estudios, con el comportamiento y las dinámicas migratorias desencadenadas por la previa incorporación de los llamados países A8 -República Checa, Estonia, Hungría, Latvia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia- en el Reino Unido y en otros estados miembro como España; éste interés se ve incrementado por la novedosa perspectiva bidireccional que proponen los autores. No sólo se estudia el previsible movimiento de los «pobres» búlgaros en el espacio de libre circulación europeo sino que se analiza el movimiento de británicos «ricos» hacia Bulgaria. Los estudios migratorios tradicionalmente tratan por separado estos fenómenos haciendo énfasis en los movimientos del sur al norte, de la periferia al centro. No se suele encontrar en la literatura especializada estudios sobre el asentamiento de ingleses y alemanes en las costas europeas como fenómeno relacionado con la migración laboral de otros ciudadanos europeos hacia los países más ricos del continente. Este enfoque bidireccional pone de manifiesto dinámicas migratorias divergentes, que aunque todavía minoritarias, caracterizan el espacio de libre circulación europeo.

El contenido está organizado en tres bloques temáticos precedidos por una introducción a cargo de los editores. Estos bloques o secciones están a su vez compuestos por tres capítulos cada uno. La primera sección está dedicada a las políticas de gestión de la inmigración y a las nuevas dinámicas sociales, económicas y culturales que la «nueva» Europa de los 27 ha traído consigo. Los capítulos aquí contenidos abordan estas dinámicas desde tres puntos de vista distintos: el europeo, el búlgaro, y el británico.

Andreas Pribersky presenta una crítica al concepto de «cultura política» que ha sido central en el debate político europeo acerca de la incorporación de los países del Este y Centro Europa -primero A8 (2004) y posteriormente Bulgaria y Rumanía (2007)- y que permanece en el discurso sobre los nuevos miembros. La «cultura política» de estos Estados estaría marcada por el pasado comunista que comparten. Los que utilizan el concepto sostienen que esta historia es un factor importante a tener en cuenta en el análisis de los procesos de democratización y sostenibilidad del nuevo régimen. El autor propone el uso de «patrones culturales» para sustituir la noción de «cultura política» ya que los análisis basados en esta última, en su opinión, no aportan una imagen coherente de los desarrollos políticos de la región. El término, introducido por Clifford Geertz, «patrones culturales» relacionados con la acción política permite considerar una nueva serie de influencias y modos de vida que no necesariamente tienen que for-Page 169mar un todo coherente y estático como sugiere el más sólido y estático término «cultura». Su objetivo es abandonar la esencialización de determinadas realidades, ya sean prácticas políticas o religiosas, admitiendo una pluralidad de patrones o tendencias que coexisten pero no necesariamente confluyen. Con este instrumento teórico Pribersky estudia la construcción de la memoria política como ejemplo de estructura subyacente a la argumentación política. El estudio de la reconstrucción de la memoria política en estos países pone de manifiesto la ambigüedad y polivalencia de sus significados ya sea en la constitución de un sistema institucional o en el diseño de las políticas públicas. La transformación de la identidad nacional se mueve entre la «europeización», la reafirmación de sus tradiciones, y la reconstrucción de una identidad regional. La creación de regiones supranacionales con intereses comunes en el interior de la Unión no tiene su origen en -y no responde a la lógica de- la bipolaridad característica de la Guerra Fría; tampoco depende de la supuesta existencia de culturas políticas regionales. La incorporación de nuevos socios a la Unión Europea ha dado lugar a un nuevo paisaje político con nuevos puntos en la agenda común y uno de ellos es indiscutiblemente la política migratoria.

De los esfuerzos realizados por Bulgaria para adecuar su política migratoria al contexto europeo trata el capítulo de Daryana Kotzeva. Entre 2006 y 2007 Bulgaria tuvo que afrontar una serie de retos con vistas a su incorporación en la Unión. Entre estos se encontraba hallar un punto de equilibrio entre el deseo de muchos búlgaros de trabajar en otros estados miembros y la necesidad de conseguir un mercado de trabajo y niveles de vida atractivos para mantener la fuerza de trabajo en el país, especialmente la más cualificada. La autora describe los pasos que ha dado la administración búlgara para armonizar su legislación en materia de inmigración y mercado de trabajo con la de la UE; para garantizar la libre circulación de los ciudadanos europeos, incluidos los búlgaros. Sin embargo, advierte, estos cambios normativos no pueden llevarse a cabo sin fuentes estadísticas fiables que retraten el estado de las cosas y sin una apropiada coordinación de las partes implicadas. Está claro que ningún país es capaz de lidiar por sí mismo con los retos que suponen la inmigración y la libre circulación de personas sin compartir datos, experiencias y buenas prácticas. La nueva nomenclatura que sustituye al «extranjero» por «ciudadano europeo» o «nacional de un tercer país» obliga a una redefinición de los instrumentos para la recogida de datos que los haga comparables a los recogidos por sus contrapartes en la política migratoria. Las fronteras de Bulgaria son ahora fronteras de la UE y entre las prioridades de la agenda política se encuentra la difícil tarea de crear instrumentos de gestión eficiente de los flujos migratorios en consonancia con los intereses comunes al tiempo que se asegure el respeto de los derechos humanos. Al margen de las acciones legislativas y las instituciones y grupos de trabajo creados con estos objetivos, siguen quedando lagunas que cubrir. Bulgaria debe prepararse para la probable situación de convertirse en un país receptor de inmigrantes como parece que ya está sucediendo. Por otra parte, urge el estudio de las condiciones de su mercado de trabajo en el nuevo contexto para desarrollarlo y optimizar el uso de su fuerza de trabajo. Kotzeva presenta un panorama optimista que debemos recibir con actitud crítica. No hay que olvidar que Bulgaria tiene conflictos históricos con las minorías turca y romaní que debe resolver para crear un verdadero espacio de libertad y de ciudadanía plena.

Desde el punto de vista británico Dhananjayan Sriskandarajah y Laurence Cooley describen el proceso por el cual la opinión pública y la voluntad política del Reino Unido se inclinaron hacia la imposición de restricciones a los ciudadanos de Bulgaria y Rumania después de su acceso a la Unión Europea en 2007. Los autores evalúan los resultados dePage 170dicha política en comparación con la de puertas abierta de 2004 en relación a los países A8. El capítulo explora si esta política en sentido contrario fue el resultado de la existencia de evidencia sobre la influencia negativa de la inmigración procedente de los llamados A8 (2004), o si fue implementada en respuesta a otros factores como la presión mediática. Para la economía británica en general la inmigración proveniente de los países A8 parece haber sido beneficiosa al disminuir la inflación y permitir la bajada de los tipos de interés. En cuanto al impacto previsto sobre los servicios públicos y el estado de bienestar, en 2006 no existía ninguna evidencia empírica negativa al respecto, más bien al contrario. A pesar de esto, el gobierno británico impuso restricciones a rumanos y búlgaros relacionadas con el acceso al mercado de trabajo y los servicios públicos. Según su análisis, cinco factores han sido claves en la toma de esta decisión. En primer lugar, la ansiedad de la opinión pública por los números, específicamente por la diferencia entre las previsiones del gobierno y el número de entradas registradas de ciudadanos europeos provenientes del este después de 2004. En segundo lugar, el deseo del gobierno de transmitir una imagen de control, aunque las medidas tomadas no se tradujeron en control de los flujos. En tercer y cuarto lugar, la combinación de la preocupación de los políticos por el impacto social de una política liberal de puertas abiertas y los estereotipos y prejuicios que sobre rumanos y búlgaros alentaba la prensa criminalizando a sus nacionales. Por último, otros países de la unión anunciaron medidas similares que permitieron al gobierno británico sumarse a ellas sin demasiado escándalo. Las consecuencias evidentes de las restricciones han sido el trabajo irregular y el autoempleo que encubre otras formas de trabajo informal. Los flujos post-acceso no disminuyeron. Las restricciones, además, han legitimado la percepción de que los inmigrantes rumanos y búlgaros son «indeseables» y «criminales». Tampoco el gobierno ha conseguido erigirse vencedor frente a la «amenaza inmigrante». La toma de decisiones políticas «irracionales» que ignora los datos y cede a la presión mediática ha mostrado sus consecuencias adversas: trabajo irregular y, como veremos en el capítulo 10, gran inseguridad para los más vulnerables que son expulsados del sistema de prestaciones sociales.

La segunda sección está dedicada a las migraciones de británicos hacia Bulgaria desde el punto de vista de los cambios económicos, sociales y culturales que las motivan y las respuestas que desencadenan. La migración de ciudadanos británicos hacia Bulgaria se presenta en cada capítulo respectivamente como un caso concreto del neoliberalismo trasnacional; como un análisis de las variaciones en los patrones de interacción entre recién llegados y nativos; y desde la perspectiva de la adaptación y la intercomunicación en contextos rurales.

Deema Kaneff utiliza el mercado inmobiliario para explorar los vínculos entre neoliberalismo, acumulación y desigualdad. Partiendo de la premisa de que las políticas neoliberales contribuyen al proceso de «acumulación por desposesión», donde una parte relativamente pequeña de la población se enriquece a través de la expulsión de otros de sus recursos. Este proceso, en su opinión, sólo puede verse en perspectiva transnacional. Es conveniente, me parece, hacer notar que aunque ambos países se encuentren dentro del mercado común europeo, los factores que se toman en cuenta a la hora de explicar la movilidad siguen siendo predominantemente estatales. Kaneff interpreta la presencia británica en el mercado inmobiliario búlgaro como una respuesta transnacional a los procesos de disminución de estándares de vida en el Reino Unido. El autor sugiere que a medida que el estado británico se retira de muchas áreas de asistencia social, la población progresivamente utiliza la compra/venta de propiedades como una estrategia para conseguir estabilidad económica. Los precios de la vivienda en el oeste de Europa expulsan a los compradores hacia otros destinos másPage 171asequibles pero que al estar en seno de la Unión ofrecen seguridad jurídica entre otras ventajas. Bulgaria se ha convertido en el tercer destino más popular entre los británicos -después de España y Francia- para comprar una vivienda. En 2007 los extranjeros, sobre todos ingleses, firmaban el 30% de los contratos relacionados con la propiedad. A partir del estudio de los compradores en la localidad rural de Veliko Turnovo, el autor concluye que son los británicos envueltos en procesos de movilidad social descendente los que recurren al mercado de segunda vivienda en Bulgaria sobre todo en áreas rurales. Estos compradores no buscan sólo una inversión sino una casa donde veranear o vivir. Algunos de ellos se encuentran totalmente excluidos del mercado inmobiliario británico y esta constituye su única vivienda en propiedad. La mayoría de los que compran y se instalan en la región lo hace debido a las «mejores condiciones de vida» y porque creen que no podrán tener un retiro digno en su país de origen. En Bulgaria su poder adquisitivo es mayor y las condiciones del mercado inmobiliario son propicias. El 90% de los búlgaros posee una vivienda, y una tercera parte más de una. Esta situación, herencia del pasado socialista, unida a la vulnerable situación económica les obliga a vender sus casas a precios bajos.

¿Cómo han recibido los búlgaros a los británicos? La región de los Balcanes ha sido siempre cruce de caminos. La particularidad de los flujos actuales es la presencia de europeos occidentales, especialmente británicos. ¿Qué imagen tienen de ellos los búlgaros? Esto es lo que intenta aclarar Irina Chongarova. Utilizando la teoría de las representaciones sociales, la teoría de los medios y la comunicación, y el método del análisis crítico del discurso, la autora analiza la imagen de los británicos en la prensa búlgara entre 2001 y 2006. En estos años el número de artículos referidos a ingleses o británicos se duplicó. Al principio eran incluidos en los titulares junto al resto de occidentales interesados en el mercado inmobiliario búlgaro pero con el tiempo adquieren un lugar y una narrativa propios. Los sustantivos que más frecuentemente los identifican son: invasores, salvadores, vecinos. Los discursos oscilan entre la hostilidad e indignación por el interés británico en sus casas y cierto orgullo por haber sido «elegidos». Los británicos que se asientan en Bulgaria son percibidos como salvados por el paraíso búlgaro y salvadores de áreas abandonadas y en declive que restauran. El principal obstáculo para la convivencia en las zonas rurales donde se establecen es la barrera idiomática ya que en general su llegada se interpreta como una nueva oportunidad para la economía local y la repoblación.

Algunas de las razones de la general buena acogida que reciben los ingleses las expone Zhivko Ivanov en el capítulo siete. Bulgaria es un país bastante despoblado. Desde mediados de la década del 50 el declive poblacional es constante. Esta crisis demográfica afecta especialmente las áreas rurales donde abundan las casas abandonadas. En este contexto los «colonos» británicos -entre 8500 y 9000 según cifras oficiales y entre 40.000 y 45.000 según las agencias inmobiliarias- son muy bien recibidos. El autor afirma que, en general, la adaptación mutua está siendo positiva. En su opinión, los británicos influyen en las comunidades con su «cultura política» -que en este caso tiene connotaciones positivas asociadas a la democracia, la participación y el liberalismo- y movilizan a comunidades tradicionalmente decepcionadas con el activismo. Al mismo tiempo dinamizan la economía local y dan esperanza de permanencia a comunidades donde la mayoría de la población se encuentra en la tercera edad y fuera del mercado de trabajo formal. Aunque exista cierta preocupación por la pérdida de propiedades y la identidad de sus pueblos, en general valoran positivamente el rol «civilizatorio» del inmigrante occidental. El autor cree que los residentes británicos están creando modos de interacción que pueden ser útiles para el establecimiento, la cooperaciónPage 172y la interacción cultural con otros inmigrantes aún más diferentes. Su optimismo no debe hacernos olvidar que, en general, no se recibe igual a un inmigrante occidental que invierte que a uno pobre que viene pidiendo trabajo por más que venga a satisfacer las necesidades demográficas o del mercado de trabajo.

La tercera parte del libro aborda algunos aspectos de los procesos migratorios entre el Reino Unido y el Este de Europa en sentido inverso. En el capítulo ocho se presenta una investigación sobre la inmigración búlgara y el grado de cohesión comunitaria en las ciudades de Londres y Brighton. El noveno se dedica a las experiencias de los niños búlgaros en las escuelas de Londres. Para terminar, el décimo capítulo ofrece una mirada a los inmigrantes más desfavorecidos, fundamentalmente polacos, y sus relaciones con los servicios sociales, las asociaciones y la comunidad en un distrito londinense.

Eugenia Markova estudia la cohesión comunitaria del colectivo de búlgaros en Brighton y Hove y en los distritos londinenses de Hackney y Harrow, prestando especial atención al empleo, la educación, la vivienda, y la interacción local. Los datos que utiliza fueron recogidos en 2005, por tanto se refieren a búlgaros que estaban en Inglaterra antes de la expansión de la UE en 2007. En este sentido el retrato que obtiene, aunque no proviene de una muestra representativa, nos informa sobre la situación de los búlgaros antes de ser ciudadanos europeos y nos puede servir para comparar con la situación posterior a 2007. El 41% de los entrevistados había migrado entre 2003 y 2004. La gran mayoría por razones económicas, pero ninguno motivado por los beneficios del estado de bienestar, una de las principales preocupaciones de los británicos. Estos inmigrantes han tenido éxito en su integración en el mercado laboral aunque en puestos mal pagados y de baja cualificación. Aunque la autora no muestra un análisis de la dependencia entre las variables sugiere que el sentido de pertenencia al barrio o la comunidad depende del sitio en cuestión y del tiempo de residencia. No existen evidencias, según su descripción, de que se de competencia laboral entre los propios búlgaros o entre búlgaros y otros residentes de larga duración. La autora sugiere que no son necesarios nuevos esfuerzos por parte de la administración encaminados específicamente a los inmigrantes búlgaros, ya que su situación objetiva y sus niveles de cohesión comunitaria parecen incrementarse con el tiempo. Aunque, los datos le sugieren a la autora que las actitudes de los búlgaros hacia la vida en el Reino Unido son más negativas que las de otros grupos inmigrantes y las de otros residentes. Paradójicamente la noción de cohesión social con que se intenta «evaluar» a los recién llegados es la misma que esgrimen los británicos para alabar las bondades de la vida en Bulgaria en relación con su país de origen.

Uno de los aspectos más importantes de la cohesión social viene dado por el acceso y el desempeño de los hijos de los inmigrantes en el sistema educativo; que no solo es parte fundamental de la socialización del niño y del adolescente, sino que en gran medida condiciona la posterior entrada en el mercado laboral. Yordanka Valkanova estudia el impacto del proceso migratorio en las experiencias educativas de los hijos de inmigrantes búlgaros en Londres apoyada en la Teoría de la acción histórico-cultural (Vygotsky, 1982; Leontiev, 1981, etc.). Este enfoque metodológico estudia la relación entre aprendizaje y desarrollo en función de las actividades y del contexto en que se ve envuelto el individuo. Según esto, las estrategias fundamentales para facilitar el proceso de transición de los niños inmigrantes deben incorporar aspectos cognitivos y afectivos cruciales en el proceso de aprendizaje. Si se compara el modo en que los chicos experimentan determinados eventos significativos en sus vidas, y cómo los incorporan y les dan sentido dentro de un determinado contexto que es adecuado para su desarrollo; se puede comprender el proceso de aprendizaje en el contexto de la migración familiar.

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La autora recogió información sobre la experiencia migratoria de los niños a través de entrevistas en profundidad con ellos y con sus padres. El análisis de estos datos le sugiere que hay algunos factores determinantes -al margen del conocimiento del idioma- del ajuste del niño al nuevo sistema educativo. La motivación para conseguir el éxito, la confianza de los padres en los hijos, el estrés psicológico a partir de la migración, la centralidad de los hijos en la toma de decisiones familiares, el conocimiento del sistema de evaluación, la edad en el momento de la migración, y el escalón en que se incorporan al nuevo sistema resultan cruciales. Todos los hijos de inmigrantes consideran la transición al colegio en Londres una experiencia importante. Son conscientes de que su éxito en el proceso de adaptación puede tener un gran impacto positivo en sus entornos familiares y se posicionan en relación con las expectativas familiares intentando ajustarse. Esta experiencia les ayuda a reconstruir su identidad en estrecha relación con el proceso de aprendizaje.

Para terminar John Eade y Michal P. Garapich nos recuerdan que la migración no siempre tiene final feliz y que las movilidades sociales no son siempre ascendentes. En un trabajo de campo realizado en los distritos de Hammersmith y Fulham, los autores investigan las redes y asociaciones que sustentan a los más vulnerables de la cadena alimenticia del mercado de trabajo neoliberal. En el trabajo de campo se interrogó sobre las necesidades de los inmigrantes provenientes de A8. La investigación puso de manifiesto la importancia de las redes y de las respuestas transnacionales a los problemas con orígenes transnacionales. Todos los proveedores de servicios coinciden en que el flujo de inmigrantes A8 después de la ampliación de la UE ha superado las expectativas. Las instituciones que atienden a personas con problemas de abuso de sustancias, sin techo y desempleados han percibido un aumento dramático de personas del este de Europa. Según su punto de vista, la economía se beneficia de estos flujos y los beneficios superan los costes pero el sector de la caridad y las prestaciones voluntarias es el que tiene la tarea de atender a los inmigrantes menos exitosos. La presión que perciben es más un reflejo de la tendencia general de las políticas públicas a restringir el acceso a los servicios que del aumento en el número de casos que atienden. La exclusión de los servicios sociales se puede prolongar por años. Los autores analizan las diferentes respuestas -comunitarias, transnacionales, caritativas, etc.- que se han dado a estos problemas y dedican especial atención al éxito de la organización cristiana Barka en su labor de reconexión de los excluidos con proyectos concretos en sus lugares de origen. Los proveedores de servicios creen que la principal lección que deben sacar del éxito de la sociedad entre Barka y el gobierno local de Hammersmith y Fulham es darse cuenta de la necesidad de crear redes de acción londinenses o europeas independientes de la financiación local.

Definitivamente este libro contribuye al conocimiento de los flujos migratorios en el interior de la Unión Europea que han tenido lugar con posterioridad al acceso de los países A8 en 2004 y de Bulgaria y Rumanía en 2007. Aunque centrado en el estudio de dos países aporta gran cantidad de información que abre las puertas a futuros trabajos comparativos. Por ejemplo, un estudio que evalúe los resultados de las políticas restrictivas impuestas a los nuevos ciudadanos europeos en diferentes estados miembro. El enfoque utilizado permite mirar a los nuevos estados miembros como verdaderos socios con algo que ofrecer; por ejemplo, el trabajo de los científicos búlgaros aquí recogido; y no como meros beneficiarios de fondos de cohesión. Como ya se ha dicho, la «integración» de los inmigrantes no es cuestión de los inmigrantes sino de toda la sociedad y es más bien una adaptación. La integración de los nuevos estados miembros y sus ciudadanos no es solo cuestión de fondos y de que hagan sus deberes; es una cuestión de toda laPage 174Unión Europea que necesariamente ha cambiado junto con sus nuevos miembros. Algunos cambios políticos ya se pueden ver; los cambios sociales y culturales toman más tiempo, pero los veremos.