El aborto

Autor:Francisco Javier de la Torre Díaz
Cargo del Autor:Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado en Filosofía y Teología moral por la Universidad P. Comillas
Páginas:133-179
 
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En el tema del aborto quizás lo más importante es situar la perspectiva desde la que nos situamos y miramos esta realidad. Reconocer el lugar y las actitudes desde las que partimos es el primer paso para un diálogo fructífero en este campo. Plantear esta realidad desde un punto de vista neutral, desde un punto de vista de ningún lugar es imposible. Nadie, en nuestro contexto de la bioética, puede vivirá ajeno al drama del aborto.

1. Nuestra previa actitud ante el aborto

El primer dato para establecer nuestra actitud ante el aborto es el reconocimiento de nuestra cercanía o lejanía a esta realidad. El aborto no es un acontecimiento extraordinario sino que está más presente de lo que parece en nuestra vida social. Los datos son elocuentes. Para la OMS estamos hablando de 46 millones de abortos al año (OMS, Informe 2005). 46 millones que se sitúan dentro de los 87 millones de embarazos no deseados. Algunos países como Japón y USA pasan del millón de abortos anuales254. En África en el año 2008 hubo 6, 4 millones de abortos255. En España una de cada quince mujeres ha abortado.

Este aborto numeroso está relaccionado con tres situaciones dramáticas: la muerte, la violencia sexual y la marginación social.

  1. En el mundo el 50% de los abortos son realizados en condiciones no médicas. 500.000 mujeres mueren consecuencia del embarazo y del aborto. En África 47.000 mujeres mueren por abortos provocados256.

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    Entre el 2-3% de los abortos en Africa, América y Asia se realizan en situaciones de muy grave riesgo. Camerún es el país con mayor tasa de mortalidad materna: 590 por 100.000 recién nacidos vivos.

  2. Detrás de los abortos aparecen otras realidades profundamente entrelazadas. La violencia del aborto se anuda a otras violencias anteriores. Una de cada cuatro mujeres es víctima de violencia sexual (por extra-ños, en conflictos armados, en el matrimonio, en citas, en el trabajo, en matrimonios precoces) y entre una tercera y una quinta parte de las adolescentes han sufrido una iniciación sexual forzada (primera experiencia sexual forzada).

  3. El aborto es una realidad social y con claras dimensiones sociales. La emigración, el estado civil y los estudios tienen una fuerte influencia a la hora de tomar una decisión de abortar. Los datos del Ministerio de Sanidad de España del año 2010 nos arrojan los siguientes datos que van esn esa dirección: 68,16 %solteras; 85% sin estudios superiores; 39, 34% extranjeras; 23,85% América; 41,7% nacidas fuera de España; 23,7% un aborto anterior; 7%, dos; 2,36% tres; 0,78% cuatro257.

  4. El aborto es una realidad compleja y necesitada de un abordaje inter-disciplinar. Como bien afirmó R. McCormick: “El aborto es un asunto moralmente problemático, pastoralmente delicado, jurídicamente espinoso, que divide a nivel ecuménico, sin normas claras desde la perspectiva médica, humanamente angustioso, periodísticamente sujeto al abuso, tratado con perjuicio a nivel de los individuos y realizado ampliamente”258.

  5. El aborto es una realidad frecuente.

    Lo primero que hay que asumir y reconocer es la dimensión de esta realidad de sufrimiento. Las mujeres que han abortado en España no son una realidad numéricamente insignificante, no son acontecimientos aislados, ni extraordinarios. Hay mucho dolor y muchas mujeres en esta situación. Entre 1985 y 2010 más de 1.550.000 abortos se realizaron en nuestro país. Entre 1950 y 1985, sin que tengamos datos oficiales, podemos afirmar que probablemente las mujeres españolas acudieron al aborto en más 650.000 ocasiones (en torno a 20.000 anuales). La suma de los dos períodos hace que entre 1950 y 2010 la cantidad de abortos ascienda a 2.200.000. Teniendo en cuenta que en torno a un tercio (como mucho) de los abortos podrían ser de repetición podemos afirmar que aproximadamente 1.500.000 mujeres han abortado en nuestro país. Si en nuestro país hay en la actualidad 23.500.000 mu-jeres, podemos afirmar, para poder captar la dimensión del sufrimiento, que aproximadamente una de cada 15-16 mujeres ha abortado.

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    A la hora de entrar en esta situación tenemos que reconocer las distintas actitudes y distintas situaciones en que se encuentran las mujeres que han abortado. Algunas quedan marcadas y rotas por dentro, otras se encuentran en decisiones dramáticas y algunas también abortan sin demasiada conciencia de lo que hacen. Lo cierto es que “algunas” son víctimas de una sociedad que les lleva a abortar. Son mujeres libres pero también víctimas. No se puede desde una perspectiva humana y cristiana dejar abandonadas o silenciadas o ignoradass a tantas mujeres que han abortado.

2. El aborto como derrota y fracaso

El segundo dato de partida es que el aborto ni es un hecho deseable ni un signo de progreso. Ni es un bien ni es un derecho ni una experiencia grata. El aborto es siempre una derrota, un fracaso individual y social, una herida, con distintos matices pero siempre marcado con el rasgo de lo labil y lo vulnerable.

La consecuencia es que la actitud básica ante esta realidad no deseable es la prevención259. En lo que coincidimos casi todos en nuestras sociedades plurales es que es mejor una sociedad con menos abortos que una sociedad con un elevado número de abortos260. Esto supone subrayar e insistir en dos cues-tiones importantes:

Necesidad de medidas de política familiar, vivienda, empleo, migración, adopción y ofrecer a embarazadas un diálogo benévolo y respetuoso.

La importancia de una tarea educativa en todos que insista más en libertad solidaria que en el derecho al propio cuerpo. Responsabilidad en materia de fecundidad.

En la Declaración de la Universidad Pontificia Comillas de julio de 2014 “Defensa de la vida naciente y protección de toda mujer gestante” en su número 10 y 14 se dice explícitamente:

10.- Admiramos, igualmente, el valor de la maternidad y no nos parece justa la presentación de la maternidad como una rémora para la plena liberación de la mujer. La situación de injusticia y discriminación sistemática había hecho de la mujer en algunas culturas una máquina puramente reproductiva. No es, pues, extraño que ante este hecho se haya proclamado, como en la Plataforma de acción de Beijing en 1995 (IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la

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mujer) que los derechos humanos de las mujeres incluyen el derecho a tener el control sobre sí mismas, a decidir libre y responsablemente sobre su sexualidad, incluida la salud sexual y reproductiva. Ahora bien, sería un grave error el creer que el tener el control responsable sobre su propio cuerpo, le hace dueña de la vida que alberga en sus entrañas. No podemos estar de acuerdo con que palabras como “libertad” o “elección”, cuando se utilizan en el contexto del aborto, pasen a expresar la total libertad de terminar con el embarazo sin límites o condiciones. Estar a favor de la vida es estar a favor de la mujer, y para que los derechos de la mujer y el respeto por la vida en todas sus formas confluyan positivamente, la sociedad no puede escatimar los recursos económicos necesarios para apoyar la maternidad y la educación sexual consistente con el respeto a la vida, apoyar la conciliación de la maternidad con el desarrollo de la mujer a todos los niveles, apoyar la corresponsabilidad de los varones en la sexualidad y la crianza, apoyar el proceso del embarazo sanitaria, psicológica y socialmente, y apoyar a los menores en riesgo o a las personas con discapacidad, también después de nacidos. En ello nos jugamos mucho.

14.- Junto a la educación, la protección a la maternidad desde diferentes esferas, como son las económicas, laborales, culturales, sociales o sanitarias, son deberes del Estado y grandes tareas del conjunto de la sociedad. No basta, pues, con prohibir o educar, sino que es indispensable promover políticas efectivas de protección a la maternidad, de manera que la ausencia de las mismas no abonen e incidan en la opción de interrumpir el embarazo. Como dice la Congregación para la Doctrina de la Fe en el mismo documento recién citado: “No se puede jamás aprobar el aborto; pero, por encima de todo, hay que eliminar sus causas” (n. 26). En este camino de intentar eliminar las causas que llevan a tan elevado...

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