¿Un puente sobre aguas turbulentas? Reflexiones sobre el estatuto epistemológico de la iusfilosofía y su relación con la ciencia del derecho

Anuario de Filosofia del DerechoNúm. XXV, Enero 2008

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Abogados Civil

Resumen


En el conjunto de los saberes jurídicos, las disciplinas iusfilosóficas y la Ciencia del Derecho mantienen una relación de tensión permanente que está lejos de ser pacífica. Sin embargo, se trata de saberes interdependientes y conexos que se precisan mutuamente. En este trabajo se reflexiona, a partir de la relación ciencia/filosofía, sobre el alcance actual de ese desencuentro, argumentando, sucesivamente, a partir de las aportaciones de Thomas S. Kuhn y de J. Von Kirchmann, la necesaria interconexión a la que antes nos referíamos, la cual encuentra una respuesta cabal en la concepción global de las disciplinas iusfilosóficas como saber totalizador sobre el fenómeno jurídico que representa la Filosofía de la Experiencia Jurídica.

In the whole of juridical knowledges, Philosophy of Law and Legal Science support a relation of permanent tension between them, that is far from being pacific. Nevertheless, one treats of interdependent and interconnected knowledges, mutually needed each other. In this work it is thought over, from the relation Science / Philosophy, on the current scope of this misunderstanding, arguing, successively, from the contributions of Thomas S. Kuhn and J. Von Kirchmann, this necessary interconnection, who finds a complete response in the global conception of Legal Philosophy as a comprehensive knowledge on juridical phenomenon, represented by the Philosophy of Legal Experience.

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Extracto


¿Un puente sobre aguas turbulentas? Reflexiones sobre el estatuto epistemológico de la iusfilosofía y su relación con la ciencia del derecho

1. La contraposición entre ciencia y filosofía

Constituye un lugar común en la moderna epistemología la aseveración según la cual ciencia y filosofía no son saberes independientes: bien se podría decir que ambos se necesitan mutuamente, pues toda ciencia precisa irremisiblemente de una reflexión sobre sí misma, sobre el sentido y alcance de su conocimiento, sobre su metodología y estatuto epistemológico, sobre su ubicación en el universo de los saberes y en el conjunto de las realidades humanas; y la filosofía precisa de la ciencia, de una ciencia que dé respuestas a los problemas prácticos de la existencia, que elimine incertidumbres y que contribuya a la mejora de las condiciones de la vida humana, al progreso y al perfeccionamiento de los individuos y de las sociedades, una ciencia al servicio del hombre que le permita avanzar en la comprensión del mundo que le circunda. Las ciencias se configuran como ensayos de explicación parcial de un sector de la realidad en tanto que la filosofía nos proporciona una explicación global del mundo. Ambas, observa García Máynez, persiguen la verdad, pero mientras las ciencias particulares «buscan verdades aisladas, en relación con aspectos especiales de lo real», la filosofía trata de aprehender «la verdad completa, el conocimiento último y definitivo, síntesis de todas las verdades»1.

A la ciencia le corresponde la labor de establecer las relaciones causales entre los fenómenos. Su conocimiento es un conocimiento descriptivo, dirigido a explicar las relaciones que se producirán regular e invariablemente entre los fenómenos según un principio de causalidad. Describen, por tanto, el mundo del ser y avanzan teorías cuya credibilidad descansa sobre la posibilidad de verificarlas empíricamente. El conocimiento científico se desarrolla, pues, desde la seguridad aparentemente inquebrantable que le proporciona el acervo teórico sobre el que se construyen las sucesivas aportaciones. De este modo, una aportación conduce a la siguiente, y así sucesivamente, en una cadena interminable de «descubrimientos» cuyos eslabones confieren al conocimiento científico apariencia de inmutabilidad y consistencia. El carácter empírico del conocimiento científico supone así una remisión a la experiencia, sus resultados pueden ser verificados a través de los sentidos; pero, sin embargo, su labor no tiene siempre como referente los datos que proporciona la experiencia sensible, pues con frecuencia el científico se aparta de la realidad empírica y construye hipótesis cuya aceptabilidad dependen no de su verificación sino de su falsación. Además, como indica García San Miguel, los científicos manejan conceptos que posiblemente no llegarán nunca a ser percibidos por los sentidos (eso sucede, por ejemplo, con los conceptos y símbolos matemáticos). Pero, a pesar de todo, el conocimiento científico goza, generalmente, de la garantía de su referencia a hechos que pueden ser contrastados, y esto confiere a sus aportaciones el respaldo prácticamente unánime de la comunidad científica: los desacuerdos suelen ser aislados, puntuales y episódicos, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito filosófico en el cual los acuerdos vienen condicionados por la pertenencia a un grupo o escuela.

El carácter...

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