Las nuevas formas de participación socioambiental en los Ayuntamientos gallegos: el caso del Prestige y el voluntariado ambiental dos años después

La participación ciudadana en grandes ciudadesCuarta parte: Participación y buenas prácticas (2005)

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Resumen


1. Los nuevos movimientos sociales ante el reto de la sostenibilidad local. 2. La participación como instrumento de implicación del ciudadano en las políticas y programas públicos socioambientales locales. 3. El prestige: punto de inflexión en la participación socioambiental local. 4. Reflexiones sobre el futuro de la marea blanca post-prestige .

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Extracto


Las nuevas formas de participación socioambiental en los Ayuntamientos gallegos: el caso del Prestige y el voluntariado ambiental dos años después

1. Los nuevos movimientos sociales ante el reto de la sostenibilidad local

Después de más de una década de retraimiento de los movimientos sociales y su implicación activa en la vida pública2, parece que volvemos a una época dorada de la participación social3, un nuevo retorno del ciudadano, en palabras de Pérez Ledesma (2000:VII)4. A lo largo de las siguientes líneas nos proponemos realizar un breve repaso del renacimiento público de estos grupos formales e informales que han pasado en España de la acción social5 básica de oposición al poder a través de las manifestaciones, a la construcción de un nuevo espacio social, ciudadano y político-administrativo estructurado, reglado y perfectamente organizado en torno a dos objetivos claros: por un lado, que la Sociedad Civil tenga voz y no solamente voto, en evolución desde una democracia representativa a otra más propiamente participativa6; por otro, que este tipo de acciones sean útiles, produzcan resultados y se consoliden en las estructuras organizativas locales para dar respuesta a problemas estructurales y no coyunturales, sobre todo en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible.

Para realizar este análisis el momento reciente y actual en Galicia no puede resultar más apropiado con motivo de la crisis de sostenibilidad que en su día provocaron las actuaciones político-administrativas en el desastre del Prestige. A ello nos aproximamos desde la perspectiva que dan los años pasados (ahora en noviembre de 2004 se cumplen dos años), constatando una reseñable fractura social7 (anunciada incluso por candidatos del Partido Popular a algunos Ayuntamientos en las pasadas Elecciones Locales de mayo de 2003 y amplificada con los resultados de las Elecciones Generales de 20048), que obligó a los ciudadanos de todo el Estado9 a movilizarse, a organizarse para suplir las acciones (en este caso inacciones) de los poderes públicos estatales y autonómicos, y a situarse al frente del problema con el fin de recoger los restos de chapapote dejados por el barco hundido, cuestión que, en paralelo, motivó la implicación de los Ayuntamientos asumiendo estos las responsabilidades en la gestión de la partici-pación ciudadana a través de la organización de grupos de voluntarios ambientales, superando en muchos de los casos los marcos legales y competenciales establecidos en las leyes de bases y autonómicas.

Así, en estos últimos dos años se han producido algunos hitos que nos permiten apoyar estas conjeturas iniciales. Un año y medio después de conseguir la mayoría en las elecciones generales de 2000 el Gobierno del Partido Popular comienza a sentir la presión ciudadana con las primeras movilizaciones en contra de algunas de sus decisiones públicas. Es este el caso de las movilizaciones sectoriales motivadas por la aprobación de una serie de leyes dirigidas a regular la enseñanza pública (Ley de Calidad de la Enseñanza, Ley Orgánica de Universidades...)...

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