El primer iberismo de la "reconquista" cristiana

Geopolítica de la IberidadEl Curso Histórico de la Iberidad (2008)

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Resumen


La proyección ibérica de Navarra - La aurora ibérica castellana - Aragón se incorpora al ideal ibérico - La madurez ibérica del Imperium totius Hispaniae - Fracaso del Pacto de Unión. De la apoteosis litúrgica imperial a los cinco Reinos - Portugal: el quinto Reino

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El primer iberismo de la "reconquista" cristiana

La Monarquía leonesa, sucesora de la galaico-astur, era portadora, se sentía portadora y así era considerada por los demás Estados cristianos hispanos emergentes, de una idea germinal de un proyecto político ibérico alternativo del musulmán andalusí, sustentado en el concepto de Imperio hispánico. Aun reconociendo la vivacidad del debate historiográfi co en el que intervinieron principalmente MENÉNDEZ PIDAL, GARCÍA-GALLO y SÁNCHEZ CANDEIRA, entre otros, VALDEÓN reduce la importancia de la dignidad imperial, que insistentemente reclamaban los Reyes astures y después leoneses, a una cuestión meramente doméstica, aduciendo que "en verdad el título imperial leonés tuvo mucha menor resonancia de la que pueda dar a entender la copiosa bibliografía que ha suscitado"664.

Sin embargo, debe destacarse que la sostenida pretensión imperial astur-leonesa apoyaba en una legitimidad y raíces autónomas, contrapuesta, en los inicios galaico-astures, como vimos, al carolingio, y luego al Sacro Imperio Romano- Germánico, y mismamente a las pretensiones gregorianas de la plenitudo potestatis, que tenían en la mendacidad jurídica de las falsedades pías de la Chancillería vaticana su fundamento. El proyecto de afi rmación ibérica expresado sub aespecie de Imperio era concebido como categoría política de segundo grado, capaz, como dijimos, de "expresar el momento político de esa unidad de koinonía"665 de los diversos Reinos, Condados o Principados de la neogénesis de la "Reconquista". La idea de Imperio hispánico no era otra cosa que la representación de aquel ortograma de la unidad política peninsular, de coordinación específica, que, obviamente, sólo podía estar fundada en una unidad fáctica efectiva, "en la unidad de un coorden, reconocido en el ejercicio de la política secular de todos los Reinos ibéricos cristianos", como ya observamos supra con Gustavo BUENO666; esta idea-ortograma seguiría un camino sinuoso lleno de cortes, in- flexiones, accidentes y ocultaciones, pero no dejaría de estar presente en el desenvolvimiento histórico ibérico.

En la estela de la recuperación tras los desastres causados por las expediciones de Almanzor, la titulación de Alfonso V como Imperator trataba de revitalizar la hegemonía leonesa como portadora de la vieja ansia unitaria peninsular; pero este anhelo aglutinante, aunque como ambición personal de preeminencia de los Reyes, anidaba también en otros núcleos de la "Reconquista", bien que, de una o de otra manera, vinculada con el Reino de León.

Principiaría a coger cuerpo en la denominada por VALDEÓN BARUQUE "proyección hispánica" de Sancho III el Mayor de Navarra; reviviría en los renovados brios con los que su hijo Fernando I el Magno haría de Castilla el centro de empuje ibérico, mientras poco a poco reunía fuerzas en Aragón; para, al cabo, conseguir que la madurez política en la acción de Alfonso VI de León-Castilla abriese la posibilidad histórica de la unión de las Coronas cristianas peninsulares con el matrimonio de su heredera Doña Urraca con Alfonso I el Batallador de Aragón. "Dedos rosáceos de la aurora"667 ibérica post andalusí, el fracaso sucesivo de estos proyectos no iba a detener el empeño de la coronación imperial litúrgica de Alfonso VII en León, como una institucionalización de la idea imperial hispana superadora de las difi cultades derivadas del testamento de Alfonso I de Aragón; pero concluyendo con su muerte la etapa histórica del primer iberismo, ideal aglutinante desbancado por la energía disgregadora que expresaban los "cinco Reinos" de MENÉNDEZ PIDAL resultantes de la fragmentación del proyecto político de unidad peninsular.

La proyección ibérica de Navarra

Navarra comenzara siendo un pequeño territorio de la montaña vasca que se extendiera hacia el llano por los terrenos de la Ribera del alto Ebro, y había tenido en la dinastía Íñiguez, luego con la de Ximena, procedente de Aragón, la ocasión de afirmarse, en relaciones familiares con los muladíes Banu Qasîm de Zaragoza y Tudela. En el primer tercio del siglo XI, Sancho III pudo engrandecer los dominios originales del minúsculo Reino de Pamplona al amparo de sus éxitos militares y diplomáticos, en el contexto de la crisis terminal del Califato andalusí; abrigaba para su real persona la ambición del protagonismo de aquella proyección hispana asentada en la hegemonía de su estirpe vascona, con un notable desinterés en la política de Al-Andalus en los momentos de la quiebra de su unidad califal668.

Estaba emparentado con todos los Príncipes cristianos, e incluso con Almanzor, que había tomado como favorita a una hermana de su padre. El temido Cau- dillo árabe había fallecido en Medinacelli en el 1002, dos años antes de que el joven Sancho entrara a reinar. En una metáfora de la historia, en los "tempranos años del siglo XI, dice SUÁREZ FERNÁNDEZ, en el horizonte peni...

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