Extracto
El origen del conocimiento moral
1. LIBERTAD, REALIDAD Y RAZÓN La cuestión que vamos a examinar es ésta: ¿Cuál es la razón de lo “justo”? Entiéndase: nuestro objetivo es averiguar si hay una instancia objetiva para la libertad humana que tenga validez general. A esta instancia de validez general le damos el nombre de “justo”. “Justo”, “deber”, “moral”, son las palabras que hacen referencia a la demanda de que nuestra conducta libre se constriña en un sentido determinado. Nuestra finalidad no es –por tanto– averiguar cuál sea “el contenido” de la “moral” o “ley moral” (en tanto ley que, con validez general, pretende vincular la conducta humana en su libertad), sino antes que ello, (a) si se da una razón para que haya tal ley, y (b) en su caso, cuáles son las razones válidas para proponer que nuestra conducta ha de constreñirse en algún sentido. No examinamos tampoco el “significado” de la palabra “justo”, “moral”, “deber” o cualquier otra similar. Nuestra pretensión consiste en hallar un criterio objetivo –si es que lo hay– por el que tengamos que limitarnos en el ejercicio de la libertad; póngale cada cual la palabra que más sea de su agrado. Examinamos, pues, un problema de la libertad humana. Partimos del supuesto de que el hombre es libre, en el sentido de que está dotado de un poder hacer “determinado”. Partimos de la idea de que –en alguna medida– gobernamos nuestra propia conducta. Llamamos libertad –por de pronto– a un conjunto de alternativas de poder. Dejamos fuera, pues, el aspecto “metafísico” del problema. En este sentido, esto es, en cuanto “poder hacer” autogobernable– la libertad humana es algo “material”. Se es más o menos libre. Cabe decir que la libertad de cada cual podría llegar a medirse o cuantificarse. No consiste la libertad del hombre en un poder hacer puro, desde la nada, sino un poder elegir en un mundo de imperativos, uno de los cuales –asaz extraño– es “no tener más remedio que elegir” (Ortega). Aún más, hay libertad en la medida en que hay imperativos. No podemos intuir la libertad sin intuir lo que Hegel llamaría su negatividad: la forzosidad. Consecuentemente, tampoco es intuíble la forzosidad sin intuir la libertad. Este “mundo imperativo” en el que el hombre se encuentra inmerso constituye –desde luego– una instancia vinculante para su libertad. Este paquete de imposiciones es llamado por nosotros con el nombre de “realidad”. A la realidad, en cuanto respectiva al hombre, la llamamos “ser”. Aprehendiendo la realidad “sé a qué atenerme” en mi problema de elegir. La referencia a la realidad en cuanto instancia objetiva es lo que llamamos “razón”. La razón es “toda acción intelectual que nos pone en contacto con la realidad” (Ortega). Baste añadir que las específicas redes humanas de aprehensión de la realidad y el sistema característico humano de ordenación de lo aprehendido constituyen igualmente una referencia objetiva, esto es, una realidad y, por tanto una razón 1. Razonar es, por de pronto, apelar a la realidad. Los significados de la palabra “razón” expresan también esta idea. Razón en cuanto “facultad” humana es la capacidad de aprehender la realidad y razón como “fundamento” es la referencia al ser de la realidad. No creemos necesario entrar en la distinción entre “entendimiento” y “razón”, ni en la de entendimiento “activo” y “pasivo”; menos aún en el análisis de los conceptos de “sensibilidad, entendimiento y razón”, según los deja formulados Kant. Es suficiente –de momento– el término razón para expresar esa doble referencia objetiva de la realidad. En este sentido entendemos como razón toda “referencia o...
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