La nación y su dominio: el lugar de la corona.*

Historia constitucionalNúm. 5-2004, Junio 2004España e Iberoamérica

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Resumen


I. Introducción - II. El "suave dominio de la corona" - III. La nación "reconquistadora": señoríos y real patrimonio - IV. El real patrimonio, de nuevo: ¿solución desamortizadora o cuestión señorial?

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Extracto


La nación y su dominio: el lugar de la corona.*

@I.-Introducción.1. Desde que Alexis de Tocqueville señalara el problema de la continuidad y la ruptura como criterios a partir de los cuales poder interpretar y analizar el fenómeno revolucionario francés, el debate sobre la primacía de uno u otro aspecto ha estado presente, implícita o explícitamente, en gran parte de la historiografía que se ha ocupado de las revoluciones liberales, bien en su significación global, bien en alguno de sus aspectos concretos. Sin entrar en matices, podemos afirmar que al predominio en los análisis y valoraciones de una óptica rupturista, que atribuía al acontecimiento "inaugural" (la revolución) una suerte de clarividencia en los planteamientos de los protagonistas y en sus objetivos, ha ido sucediendo la percepción cada vez más común de un proceso "finalista" o, cuando menos, de un proceso que no puede entenderse sin la cultura política precedente, de la cual sería, en cierta manera, su culminación; percepción -todo sea dicho de paso- que no tiene por qué quitar ni un ápice de intensidad a su capacidad "inaugural", pero que tiene la virtualidad de eliminar fuertes y molestos elementos "presentistas". Analizar la revolución integrando en nuestros presupuestos esa perspectiva "finalista" supondrá, casi con toda seguridad, resituar unos objetivos que ya no aparecerán tan claramente delimitados desde el principio y descubrir -aspecto éste que nos interesa especialmente- que ni el lenguaje ni los discursos que los perfilan y los van posibilitando son todo lo precisos que habíamos supuesto.2. A partir de estas consideraciones, nos proponemos en este trabajo hacer una aproximación nueva a un problema considerado clave en la primera revolución liberal española y que ha sido especialmente cuidado y trabajado por la historiografía, razón por la cual hay una cierta osadía en nuestro empeño. Nos referimos a la cuestión de la "reversión de señoríos a la Corona", según la terminología más comúnmente utilizada por los coetáneos. No es nuestra intención, sin embargo, abordar el tema de una manera directa, sino en cuanto pueda tener relación -y la tiene mucha- con el del Real Patrimonio o, si se quiere, desde una perspectiva más amplia, con el de los llamados "bienes de la Corona". Por decirlo en otras palabras que se acerquen al título de la ponencia, no queremos reconstruir todo el proceso por el cual la Nación, como nuevo sujeto de soberanía, reconquistó su espacio y dominio, desplegó poder, en suma, sobre y a costa del dominio señorial en su conjunto1. El tema nos interesa aquí exclusivamente en tanto que acabó implicando una nueva consideración, un nuevo lugar para la Corona, aspecto que podremos ver reflejado con bastante nitidez si consideramos al lado del de los señoríos el problema del patrimonio del rey.3. En este recorrido nos guiarán una serie de supuestos que pasamos a hacer explícitos de inmediato. En primer lugar, el enunciado problema de la "reversión de señoríos a la Corona", más allá de contener en su formulación explícita en las primeras Cortes de Cádiz un proyecto de futuro, nos parece indisoluble del horizonte político del reformismo absolutista dieciochesco y de alguna de sus acciones. No queremos plantear con ello la discusión en los términos tradicionales de si la revolución se limitó a "culminar" un proceso precedente o si, por el contrario, planteó un frente totalmente nuevo sobre presupuestos rupturistas. La disyuntiva nos parece reducccionista: la primera convierte a la revolución en un epígono innecesario del ordenamiento social y político anterior, y la segunda pierde de vista que ninguna acción desde el punto de vista histórico se realiza sobre el vacío. Lo que en realidad nos interesa señalar es que fue sobre la experiencia anterior y sobre sus resultados, sobre sus éxitos y limitaciones, sobre la que los distintos grupos y sectores en Cádiz elaboraron su estrategia y la nutrieron de determinados referentes. No sólo los proyectos más conservacionistas hicieron su especial lectura del reformismo borbónico (seguramente no fueron los más interesados en esta experiencia), sino que las estrategias más revolucionarias encontraron muchas veces su campo de acción y manio...

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