III. El efecto suspensivo

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III EL EFECTO SUSPENSIVO

1. Ideas previas

El origen histórico de la suspensión se encuentra en la época romana postclasica,280 pues en el Derecho clásico se observaba una prohibición impuesta al juez inferior para evitar su intervención en la causa pendiente.281 La paralización total del proceso se producía con la simple interposición de la apelación, independientemente de que la misma se admitiese o no.282 Pese a ello, incluso en pleno siglo XVI había muchos «atentados» a esa regla.283 Tal cosa no ocurría con la devolución, pues ésta sólo aparecía a través de la admisión del iudex a quo, quien después la remitía.

No se elaboró, por tanto, teoría objetiva alguna para separar estos efectos.284 En principio, era inseparable lo devolutivo y lo suspensivo, pero la innovación del Derecho canónico permitió distinguir para los casos donde no convenía dilatar la ejecución —inicialmente casuística—. La separabilidad fue una necesidad que surgió de la práctica de la realidad canónica, principalmente porque esta disciplina, con respecto a la civil, disponía una apelación amplísima, siendo inevitable la sobrecarga de causas. Lo devolutivo devendrá esencial y, de él, se configurará el mecanismo regulador del trasvase entre la jurisdicción de las dos instancias.285

La habitual terminología legal, hoy en día, utiliza la expresión «en ambos efectos» para referirse a un recurso devolutivo y suspensivo, mientras impugnar en «un efecto» sólo apunta la primera consecuencia. En tal sentido, la «devolución» siempre aparece en los recursos, mientras que los remedios no participan de enunciados legales semejantes.

La suspensión es inherente a la naturaleza del remedio, en tanto impide la llegada a la firmeza, pero no cuando podemos responder al remedio sin paralizar el proceder, ya sea con un trato paralelo o con un pronunciamiento previo a la sentencia de fondo.

Las resoluciones interlocutorias o de dirección procesal suelen someterse a remedios, mientras las resoluciones definitivas reciben recursos.286 Las primeras, excepcionalmente, pueden abordarse sin suspensión y, en tal caso, serían objeto de recurso, a efectos de evitar una eventual irreparabilidad. Si dividimos los recursos entre resoluciones definitivas que resuelven el fondo y las que no lo hacen, en la segunda clase la decisión del superior será la primera respuesta sobre el fondo, siempre y cuando, en vez de devolver al a quo, decida aquél por sí mismo. Ésta es la posibilidad que permite afirmar que sólo hay segunda instancia si se cerró la primera con una resolución definitiva.287

Hemos rechazado el derecho al recurso como un segundo juicio, sin más, prefiriendo el control del primer enjuiciamiento. Si el primer juez cometió un error, la rectificación de éste será el objetivo del recurso. Puede ser deseable el reenvío, pero también la solución del mismo ad quem, pues depurado el error se limitan las posibilidades de nuevos equívocos. La excepción serían los recursos contra autos que resuelven medidas cautelares, razonándose en que apoyan la llegada efectiva de la firmeza de la sentencia.

Una primera aproximación apunta que el efecto suspensivo evita la ejecución de las sentencias aptas para ser firmes. En las resoluciones interlocutorias,288 por contra, la suspensión operaría de otra forma, puesto que la ejecución todavía no es posible.289

Se ha afirmado que en el orden penal la economía procesal impone la continuación, a modo de ejecución provisional,290 tras un recurso contra interlocutorias de instrucción. Sin embargo, ello no es posible contra sentencias. De todos modos, hasta que el recurso contra la interlocutoria no se resuelve, tampoco se dictará sentencia de primera instancia.291 El que el recurso interlocutorio o incidental suspenda el procedimiento expone a la chicana, pero no suspender arriesga el trabajo procedimental sobre el fondo, en el bien entendido que éste puede no servir para nada, provocando perjuicios irreparables.292

2. La regla y la excepción

2 a) Definición de la suspensión

La historia muestra que la suspensión no sólo impide la ejecución de la sentencia, sino que congela todo el estado procesal: ex pendente appellatione nihil erit innovandum.293

Es interesante constatar de qué modo en el Derecho histórico la regla general de la apelación, ofrecida ante toda la sentencia definitiva, quebrará con la resolución interlocutoria. Ello será así en virtud de dos causas principales.294 Una la agilidad procesal, siempre que no dilatase innecesariamente la causa; otra la posibilidad que siempre tenía el agraviado, para acudir al juez superior una vez la resolución fuese definitiva. La espera se producía porque el juez no se autovinculaba a sus resoluciones interlocutorias, sino sólo a la definitiva, que era inmodificable.295

Pero el efecto aludido se restringió en función de la eficacia de la Administración de Justicia: se evitó suspender en las causas graves o urgentes,296donde la ejecución no admitía dilación por interés de la res publica.297 Es decir, por un lado aparece lo urgente y, por otro, el aludido interés.298 No se daba efecto suspensivo, por ejemplo en los delitos monetarios.299

Sin embargo, antes de afrontar la justificación de la suspensión,300 debemos profundizar en su concepto. Hemos de distinguir entre el período de tiempo en el que la resolución es recurrible y lo que ocurre cuando ya se ha recurrido. En el primer caso participa también la sentencia irrecurrible (firme por naturaleza), pero aún no ejecutable, en virtud de las posibilidades aclaratorias de la misma. Evidentemente, la similitud de esa ineficacia temporal no trasciende a la naturaleza que separa ambas posibilidades. En el segundo caso, se trata de observar qué efectos produce, de generar alguno, la sentencia que está siendo recurrida. Por ejemplo ser título para medidas cautelares, reflejando una causa más fuerte, si se quiere, que cuando todavía no se había pronunciado sobre el fondo. Como sentencia, sin embargo, el efecto no se produce, porque no hay ejecución definitiva.301 Por tanto, cuando analicemos la naturaleza de la misma,302 habrá que distinguirla de la sentencia recurrible pero aún no recurrida. Para ello partimos de la distinción básica de dos momentos que, sucesivamente, aparecen tras la inmodificabilidad de la resolución por su autor. Esto último, por otra parte, establece la pista sobre el momento en que se inicia el efecto o se decide sobre él.303

Una resolución definitiva puede ser ejecutada o no, pendiente el recurso. La excepción en sede civil (en «un efecto») se invierte en materia penal. La presunción de inocencia evita que una sentencia definitiva no firme llegue a ejecutarse, pues vive hasta la firmeza, y sólo entonces se romperá verdaderamente su alcance presuntivo. De esta forma, los recursos penales sobre resoluciones definitivas siempre actúan en ambos efectos. La regla conjuga la suspensibilidad con la «devolución», y se considera que la eficacia jurídica propia de la resolución impugnada no puede desarrollarse durante la del recurso.304

Como sea que hay ejecución definitiva tras firmeza, cuando la resolución definitiva todavía no es firme, su ejecución no ha comenzado todavía. En consecuencia, la misma no puede ser suspendida, porque la firmeza no puede estar provocando efectos. Se trata de describir qué queda en suspenso —unos determinados efectos— y qué es lo que para ello se tiene que suspender.

Creemos que no se trata de la firmeza, ni tampoco de su consecuencia, la ejecución —y mucho menos la cosa juzgada material—, sino el camino hacia aquélla. Interrumpimos su natural objetivo en la práctica, por mero transcurso del tiempo procesal sin llegar a recurrir. La interposición del recurso en plazo permite paralizar lo que ya tenía un lapsus contado para ser ejecutado. Ahora, como continuación del proceso, no sabemos con exactitud cuándo finalizará. Puede ser inmediata cuando se desiste, más duradera si el juez decide celebrar vista, menor si no lo hace, etcétera. Si el plazo establecido se cumple sin recurrir sabemos que vendrá la ejecución, por lo que antes del recurso conocemos exactamente el tiempo que falta para ello, siempre que no se haga uso de la impugnación. Nótese que con el recurso no se trata de obtener dos sentencias judiciales,305 sino una sola, entendiéndola como firme y lo más segura posible.

Cuando el juez dicta sentencia definitiva, sin posibilidad de que existan remedios ante él mismo, pierde su competencia sobre el asunto, provocando que la resolución sea inmodificable. En ese momento, ante él se presentan dos posibilidades que le devolverían la competencia pero, en cualquier caso, le impiden alterar el contenido de lo decidido: o bien no se recurre y debe ejecutar, o bien se recurre y debe ocuparse de la admisión. En ambas hipótesis se tratará de una competencia por la función y, con el segundo supuesto, además, también será posible alcanzar el papel de ejecutor.306

El efecto suspensivo es lo que permite que el iudex ad quem adquiera la plena jurisdicción, cuestión obvia cuando hay prueba en segunda instancia.307

Aun cuando exista ejecución provisional habría suspensión, entendiendo que el juez recurrido pierde su jurisdicción: la sentencia es inmodificable por él. Como el conocimiento de fondo nunca lo recuperará, tampoco podríamos afirmar que su labor sea lo sujeto a suspensión.308 En cuanto a la competencia funcional de la ejecución es diferente, porque el a quo acabará ejecutando, independientemente de que el ad quem confirme o no la resolución recurrida.309 Constituiría una mejor expresión afirmar que se suspende su jurisdicción plenaria. Si alcanza la cosa juzgada —no se recurre en plazo— , el juez a quo recupera la jurisdicción, en cuanto facultad de ejecutarla.310Con la nulidad podría recuperarse la jurisdicción...

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