Ganar la gracia del pueblo: legislación sobre fiestas y juegos en Castilla

Anuario de Historia del Derecho EspañolNúm. LXXVI, Enero 2006Miscelánea

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Abogados Civil

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Ganar la gracia del pueblo: legislación sobre fiestas y juegos en Castilla

Estudiar o explicar la consideración y sentido de la fiesta en la Castilla de los Austrias, por sus implicaciones, es sumamente difícil en la medida en que tal estudio no es sino una forma de estudiar la experiencia misma del tiempo. Y no lo es menos el intentar una aproximación al tema desde el punto de vista jurídico.

De entrada, a los largo de la Historia la percepción del tiempo no ha sido siempre la misma; hay un tiempo sagrado opuesto a un tiempo profano, cuya duración y estructura es distinta. El tiempo sagrado se caracteriza por vertebrarse en torno a un rito, a una determinada ceremonia que, generalmente, trata de conmemorar o, más propiamente, recuperar, un acontecimiento mítico o histórico (y por tanto, ya mitificado).

¿Cuándo y cómo el tiempo profano puede ser transformado en tiempo sagrado? Para la mentalidad religiosa, el tiempo no es homogéneo; está abierto hacia el tiempo sagrado no solo en días prefijados sino en todo momento. Cualquier instante puede llegar a ser sagrado con solo ejecutar un rito. La ceremonia o ritual tiene la propiedad de hacer presente aquel acontecimiento mítico o histórico, es decir, retrotraer el tiempo profano hacia aquel tiempo sagrado. En definitiva, que el participante en la liturgia se sienta contemporáneo de ese evento transhistórico que ahora se reactualiza 1.

La fiesta es el tiempo del rito. Y el rito es la repetición o reactualización del acontecimiento originario. Las acciones humanas (trabajos agrícolas, costumbres sociales, la vida sexual, etc.) no tienen significación o trascendencia más que en la medida en que reactualizan o rememoran un gesto o acontecimiento sagrado. Es decir, todo aquello que no tiene un modelo transhistórico previo, carece de importancia. Ello implica que la historia, para la mentalidad religiosa, tienda a reducirse casi exclusivamente a acontecimientos sagrados o míticos que se reactualizan constantemente mediante las fiestas.

En rigor, las modalidades festivas no hacen sino repetir un único rito, el rito originario, reactualizándolo en sucesivas hierofanías. Las fiestas con motivo de la entronización del monarca; las fiestas por el nacimiento, bautismo o boda de cualquier súbdito, la fiesta de la cosecha, etc. son modalidades de ese ritual originario cuyo máximo exponente se encuentra en el acontecimiento más importante que puede concebir la mentalidad religiosa: la creación y renovación del mundo, de nuestro mundo por parte de la Divinidad. En este sentido, toda fiesta es, originariamente, sagrada. Y por más que haya sido popularizada o de...

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