Función de la tolerancia

Autor:Virgilio Latorre Latorre
Páginas:93-103
 
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Ala vista de lo expuesto, cabe preguntarse entonces, tolerancia ¿para qué? Es esta la pregunta que TOMÁS Y VALIENTE se hace después de proclamar su aversión a la tolerancia condescendiente, porque en una sociedad democrática, en un Estado de derecho en el que tenemos libertades que son derechos fundamentales, ¿qué sentido tiene la tolerancia? No muy lejos de este pensamiento se encuentra DE LUCAS, para quien la tolerancia ha cambiado de significado, pero tai significado es sustituido con ventaja por la igualdad jurídica; entonces, se pregunta, ¿qué sentido tiene reivindicar hoy la tolerancia como principio público, y, por consiguiente, una institucionalización jurídica?156. Para DE LUCAS, desde luego allí donde esté garantizada la igualdad y la libertad y la constitucionalización del pluralismo, la tolerancia se hace innecesaria, y se corre el riesgo de que la tolerancia tenga un marcado carácter represivo.

Desde luego el planteamiento es sugerente: allí donde los derechos estén garantizados la tolerancia resulta perturbadora, en tales casos no se trata de tolerar, sino de ejercitar eficazmente el derecho. Pero dejemos por un momento de lado esta cuestión. El mismo autor reconoce que el primado del respeto al otro actúa históricamente a modo de puente para pasar de la prohibición al reconocimiento de un derecho. Y además de aceptar la tolerancia privada, en el ámbito público reivindica el estatuto de la tolerancia para la desobediencia civil, si bien ésta en ningún caso puede alcanzar el estatuto jurídico de derecho porque precisamente lo niega, a excepción que de prosperar la desobediencia a la norma se derive de ello el reconocimiento de un derecho157.

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Pues bien, expuesto así el pensamiento de DE LUCAS, y, espero, sin alterarlo demasiado, el campo de la tolerancia, cabe considerarlo amplio y fecundo. En efecto, la tolerancia, operará, en primer lugar, como tránsito hacia los derechos fundamentales. Y lo hará no sólo desde una vertiente histórica, que sin duda hay que considerar, sino desde la vertiente actual, porque su implicación con la desobediencia civil comporta un doble ámbito de actuación, de una parte como innovador y renovador del ordenamiento, y de otra, como mecanismo de participación política para las minorías. Y nada desdeñable, es la tolerancia como virtud privada por la indudable repercusión en el ámbito público. Empleando su propia frase: la sociedad no se cambia por decreto. La actitud social no es ajena a las actitudes privadas. La individualidad de un modo u otro converge colectivamente, y aun cuando no es la suma de tales individualidades, pues el fenómeno es más complejo, sí incide de forma notoria en el conjunto social. Cierto que es conveniente situar el plano de exigencia en los derechos y no en la tolerancia, pero DE LUCAS no lleva a cabo una distinción, por otra parte esencial, entre la igualdad jurídica y la igualdad real, entre la libertad formal y la material, entre el reconocimiento de un derecho y su ejercicio158. El BOE asegura unas pero puede mostrarse incapaz para las otras, en ese caso los derechos fundamentales se convierten en una especie de papel mojado, pues «lo cierto es que nuestro mundo no acepta la igualdad entre todos los hombres, ni siquiera en el plano formal, con el mismo grado de naturalidad indiscutible. En el tiempo de las mezcalas, en el mundo aldeano que vivimos, en la sociedad de las coexistencias, de las yuxtaposiciones y de lo heterógeno, el hombre no ha aceptado como realidad cultural la igualdad sustancial entre los diferentes. Quizás sea ahí donde haya que predicar hoy la tolerancia por parte de quienes se consideran superiores respecto a aquellos que tiene como inferiores por su color, su lengua, su raza o su nacionalidad»159. DE LUCAS, no se detiene en esta cuestión porque la tolerancia la asi-Page 95mila a condescendencia, a permisividad y, por tanto, irregular, inestable, discrecional, caprichosa, graciosa, indulgente, etc, pero la tolerancia no es eso, y tampoco se identifica con la vieja tolerancia «canónica» - tolerantia et dissimultatio-. La tolerancia es disposicional, y por tanto con pretensión de universalidad. Desde esta vertiente, su extensión es necesaria, su impregnación social, conveniente, y su práctica cotidiana deseable160. La tolerancia es, por consiguiente, un fin en sí mismo, sin perjuicio de que procure otros bienes superiores. Pero vayamos por partes.

La alternativa quiero tener derecho a quiero ser tolerado, es una proposición que descansa en la idea de que el reconocimiento de un derecho supone un status que permite a) oponerme a quien pretenda interferirlo, o b) ejercitarlo con la consecuencia de que los demás deben soportarlo; por el contrario la tolerancia parece sujeta a vaivenes sociales de imposible dominio, de tal manera que no puedo oponerme a su negación, ni tampoco puedo exigir su aplicación (salvo postulados de fair play aunque de signo distinto al propugnado por RAWLS). Desde tales postulados parece que no cabe hacer, razonablemente, objeción alguna, siempre y cuando la proposición sea entendida como una alternativa exduyente. No estoy tan convencido que en la tesitura derecho/tolerancia pueda afirmarse el primero y se niegue la segunda. En mi opinión la proposición es acumulativa y no disyuntiva, de este modo la tolerancia tendrá un campo de acción, cuya extensión se tratará de dilucidar, previo, e incluso concomitante al derecho161.

Previo porque ha de servir para propugnar el reconocimiento del derecho, y concomitante porque desempeña funciones de consolidación, reforzamiento y de operatividad del ejercicio del derecho en zonas ambiguas o dudo-Page 96sas162. En definitiva, la tolerancia tiene asignada una función de construcción y reconstrucción de los derechos.

La progresión tolerancia derechos fundamentales, ya ha sido expuesta en los antecedentes de este trabajo, ahora sólo quisiera añadir que si bien es cierto que las primeras ideas sobre la tolerancia eran racionalistas y prudenciales, más tarde fueron el germen del reconocimiento de la libertad de conciencia, y por extensión de pensamiento, expresión y opinión. Y no ha de olvidarse el ámbito general del desarrollo de la propia personalidad, emparentado con los derechos de igualdad, libertad y dignidad. Así pues, lo que PECES BARBA ha denominado el tránsito a la modernidad163 tiene su inmediata referencia en la tolerancia como elemento dinamizador de una sociedad pluralista a la vez que innovadora, que progresivamente ha configurado un elenco de garantías que han tenido su plasmación en los ordenamientos constitucionales. La tolerancia estructuralmente era un componente de las bases de convivencia social, y al tiempo era precursora de un status reconocible en constante evolución y progresión. Sin tal pertenencia a las bases de convivencia social no hubiese sido posible, no ya la evolución social, sino la propia Constitución social. La endeblez del pacto social en sus orígenes fue causa de un cúmulo de enfrentamientos, de arbitrariedad, de tragedia; en suma, sólo la tolerancia pudo conciliar intereses, primero sobre la base del respeto al otro, y luego sobre la elaboración de una dogmática constitucional. Pero por su propia naturaleza, el pacto de respeto al otro se va sofisticando, y en la modernidad se amplia el radio de acción de la tolerancia. La tolerancia a la vez que se difumina por la fuerte abstracción a que se ve sometida, logra expandirse hasta terrenos que siempre le fueron propios pero que o bien no tuvo necesidad de arar, o bien no estaban preparados para...

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