Resumen
Un análisis preciso y actualizado de la amenaza del terrorismo nuclear es la base esencial para determinar las acciones antiterroristas y contraterroristas necesarias, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, para mitigar esta amenaza. La diferencia entre un dispositivo nuclear y otro radiológico, la importancia del grado de enriquecimiento del material fisionable o las distintas consecuencias de una agresión a una instalación nuclear o a un transporte de material nuclear es información que debe ser conocida y compartida por todos los analistas que participan en el ciclo de inteligencia NBQ. La trayectoria de grupos terroristas, en especial Al Qaeda, en su aspiración a utilizar el terrorismo nuclear y el «terror nuclear » para alcanzar sus intereses, obliga a las agencias de inteligencia de todos los países a colaborar conjuntamente creando una arquitectura global que permita un adecuado intercambio de información.
An accurate and updated nuclear terrorism threat analysis is the essential base to establish the necessary antiterrorism and counterterrorism actions needed to mitigate this threat, at the national and also international level. The difference between a nuclear and a radiological device, the importance of the level of enrichment of fissionable material, or the different consequences of an attack against a nuclear facility vis-à-vis a nuclear material transport, is the kind of information that must be known and shared by all the analysts in the NBC intelligence cycle. The trajectory of terrorist groups (especially Al Qaeda) in their aspirations to use nuclear terrorism and «nuclear terror» to achieve their objectives necessitates collaboration between intelligence agencies of all nations, creating a global architecture that allows appropriate interchange of information.Ver el contenido completo de este documento
Extracto
Externalización de funciones de inteligencia: Oportunidades y riesgos a la luz de la experiencia estadounidense
1. Introducción El 6 de abril de 2009, el secretario de Defensa estadounidense hizo pública una propuesta de presupuesto que, de ser aprobado, comportaría una significativa reducción del recurso a contratistas privados1 por parte de su Departamento y un correlativo incremento del número de empleados públicos (Gates, 2009)2. Pocos días después, el 9 de abril, el director general de la CIA expuso las líneas generales de la nueva política de la Agencia en materia de interrogatorios, que excluye categóricamente el empleo de contratistas en dicha tarea (Panetta, 2009). Probablemente, esta última sea la más contundente de las medidas adoptadas hasta ahora por Estados Unidos para corregir su extenso recurso a la externalización de servicios de seguridad y defensa. Se trata de una práctica que se ha intensificado especialmente desde el final de la Guerra Fría. El fin de la bipolaridad determinó una transformaciónprofunda de estrategias y estructuras militares, tanto en los países occidentales como en los pertenecientes a países del Bloque del Este, que se tradujo en un recorte generalizado del tamaño y presupuesto de los ejércitos. En este contexto, la invasión de Kuwait por Irak, en 1990, y los conflictos en la antigua Yugoslavia conllevaron un incremento de los despliegues militares en el exterior (Kinsey, 2006: 1) y numerosos países recurrieron a empresas militares y de seguridad privadas para cubrir aquellas necesidades derivadas de la intervención militar a las que no pudieron, o no consideraron pertinente, atender con personal y recursos militares (Singer, 2003: 49-73). La externalización de funciones y servicios de apoyo a las Fuerzas Armadas, sobre todo en Estados Unidos, se intensificó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y adquirió dimensiones sin precedentes, y probablemente irrepetibles, en la Guerra de Irak de 2003 y la posterior fase de ocupación (Donald, 2006: 6). De manera análoga, el final de la Guerra Fría determinó una profunda transformación del sector de inteligencia estadounidense. Los elevados presupuestos de inteligencia durante el conflicto bipolar y la atención centrada en la información sobre la Unión Soviética alimentaron una infraestructura de grandes dimensiones, fuertemente centralizada y sujeta a estrictos controles (Quadrennial Defense Review Report, 2001: 25)3. El enfoque de la inteligencia durante la Guerra Fría, centrado en las eventuales amenazas de origen estatal, dejaba poco espacio para la contratación temporal de empresas privadas (Voelz, 2006: 9). La desintegración de la Unión Soviética determinó una significativa reducción del aparato de inteligencia nacional y la necesidad de reasignar recursos de inteligencia para cubrir un complejo haz de amenazas transnacionales como proliferación de armamento, terrorismo, crimen organizado, tráfico de drogas y conflictos armados internos. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la «lucha global contra el terrorismo» planteó necesidades adicionales de inteligencia imposibles de satisfacer desde un sector público disminuido debido a los recortes de perso-na...
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