Estudio de los tipos penales recogidos en el artículo 143 Código Penal

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RESUMEN

VII. ESTUDIO DE LOS TIPOS PENALES RECOGIDOS EN EL ARTÍCULO 143 CÓDIGO PENAL 1. Inducción al suicidio 2. Cooperación con actos necesarios al suicidio 3. Cooperación al suicidio con actos que implicasen la ejecución de la muerte 4. Eutanasia activa 4.1. Elementos que definen la situación de eutanasia activa descrita en el precepto penal 4.2. Situación legal actual de los... (ver resumen completo)

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VII

ESTUDIO DE LOS TIPOS PENALES RECOGIDOS EN EL ARTÍCULO 143 DEL CÓDIGO PENAL

A lo largo del presente capítulo se abordará el análisis detallado de la regulación que el Código penal de 1995 ofrece acerca de las conductas relacionadas con el suicidio, así como el tratamiento legal dado a la muerte a petición del enfermo incurable, cuya dolencia le conducirá necesariamente al fatal desenlace, o le ocasiona graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar. El estudio intentará poner de manifiesto las virtudes y defectos de la nueva regulación, a través de una comparación con el anterior Código penal , las corrientes doctrinales al respecto y las propuestas alternativas formuladas por el Grupo de Estudios de Política Criminal y la Asociación Derecho a Morir Dignamente (en lo sucesivo A.D.M.D.)251.

El bien jurídico que se tutela a través de las distintas modalidades típicas del artículo 143 CP, mantiene unos perfiles similares a los que se le reconocían por los diferentes autores en la regulación anterior. Fórmulas tales como tutela de la vida humana independiente, o el interés del Estado en la continuidad de la vida no deseada por su titular, etc.252, permanecen vigentes dado que tal y como hemos apuntado hacia el final del capítulo anterior, el legislador ha eludido entrar en el debate de fondo y, en consecuencia, no ha querido dar una respuesta a la pregunta clave acerca de sí la persona en el ámbito de los derechos que le reconoce la CE, tiene o no la facultad de disponer de su propia vida. Estimamos que el objetivo que se recoge en la Exposición de Motivos del CP, acerca de que todos y cada uno de los bienes jurídicos que tutela el Código penal encuentran base constitucional, se ve cuestionado con la postura que finalmente ha tomado el legislador al regular las actuaciones relacionas con el suicidio, y de modo muy especial en el aspecto de la muerte a petición del enfermo incurable. Esta falta de adaptación a la Constitución es ya apuntada en su momento por CARBONELL MATEU253, cuando afirma que «[...] la vida impuesta contra la voluntad de su titular no es un valor constitucional ni puede configurarse como un bien jurídico digno de tutela penal. Ha de rechazarse, en consecuencia, la adecuación a los valores constitucionales del artículo 143 del Código Penal ».

Por consiguiente, del artículo 143 del Código penal , se infiere que el bien jurídico tutelado es la vida humana no deseada frente a las injerencias de terceros, que puedan condicionar el proceso de formación de voluntad del sujeto suicida, o que en determinadas formas favorezcan la ejecución de la muerte254.

A nivel general y antes de abordar con detalle cada figura, debemos reconocer como aspecto positivo del nuevo precepto, la diferenciación que establece entre las conductas típicas, separándolas por apartados y fijando para cada una de ellas una sanción en función del desvalor jurídico que comporta.

1. INDUCCIÓN AL SUICIDIO

Se tipifica la inducción al suicidio en el epígrafe primero del artículo 143 CP, con el tenor siguiente: «El que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años».

De una detenida lectura del precepto podemos afirmar que el perfil del comportamiento descrito, se acomoda al que se reflejaba en el anterior Código. La inducción gene- radora de la sanción prevista, consistirá en un hacer positivo con contenido intelectual final y con relevante eficacia, de modo que haga surgir en el destinatario la voluntad de quitarse la vida, idea que en ningún caso tenía ab initio. Por tanto quedará al margen cualquier tipo de proceder de carácter material o de naturaleza similar, que suponga la pérdida o deterioro notable de la voluntad y capacidad del sujeto para determinarse255. El suicida en todo momento deberá seguir siendo el conductor de sus actos, de manera que obre de un modo «libre y consciente» dentro de ese contexto particular provocado por el inductor y que, evidentemente, es lo que origina el surgimiento de la sanción penal.

En el redactado actual no se ha introducido matización o connotación alguna, que nos permita inferir una reorientación en la conducta que suponga una interpretación distinta. Al contrario, incluso se ha empleado el mismo término, «induzca», para describirla, limitándose el legislador a separarla en párrafo distinto de las otras figuras contenidas en el artículo 409 del ACP, relativas a las restantes modalidades de auxilio al suicidio.

No obstante, llama la atención el hecho de que «se induzca al suicidio... de otro» y no en cambio como ocurría con anterioridad que «se induzca a otro... para que se suicide». Con esta modificación parece como si se quisiera provocar una quiebra en el carácter directo, que se ha exigido tradicionalmente en nuestra doctrina para la inducción al suicidio256. El análisis de una y otra forma de expresar el comportamiento, puede llevar a considerar que en el nuevo precepto el agente «induce al suicidio de otro», o lo que es lo mismo, induce una conducta para que recaiga sobre otro, sin que de ello tenga porque inferirse que ese otro sea necesariamente el suicida, sino que también cabe la posibilidad de que sea un tercero que influirá sobre aquel que finalmente se quitará la vida.

Esta interpretación que volvería a suscitar la polémica doctrinal ya superada de si es o no admisible la inducción a la inducción, no tiene hoy más cabida que ayer, pues como bien señalaba DÍEZ RIPOLLÉS257 haciéndose eco de un sentir generalizado, la noción de inducción del artículo 409 ACP era equivalente a la empleada en el número dos del artículo 14 del citado cuerpo legal, a salvo su configuración como un comportamiento tipificado autónomamente y su referencia a una conducta que no se considera ilícita, o no ilícita penal; lo que llevaba a admitir tan solo la posibilidad de la coinducción258. A nuestro juicio, pues, el debate sobre esta cuestión permanece inalterado, dado que la subordinación del concepto de inducción aplicable a la figura típica comentada, se mantiene en el nuevo contexto legal en relación al artículo 28 a) CP, donde se establece: «Los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo». Es precisamente esta puntualización del texto legal la que hace afirmar a MUÑOZ CONDE-GARCÍA ARÁN259, que no es posible la apreciación de lo que hasta ahora por determinados autores se ha reconocido como inducción en cadena260, en la que el inductor principal incita a otro sujeto para que induzca a su vez a un tercero a cometer un hecho antijurídico.

Sin embargo, a pesar de la postura mayoritaria expresada por la doctrina, no debemos dejar de llamar la atención sobre el hecho de que en nuestra Jurisprudencia constan sentencias en las que se hace una lectura distinta acerca de la expresión «directa», con la que se califica el carácter que debe albergar la inducción. Así, en este sentido, cabe mencionar la STS 5306/93 de 30 de junio, en la que se afirma que «la inducción directa quiere decir que se ejerza sobre persona determinada, aunque se admite que sea por medio de persona intermedia —en cadena— y para un delito determinado». Pues bien, en la figura típica que se examina al ser el propio acto de participación el que queda elevado a la categoría de delito autónomo, por no ser constitutivo de ilícito penal el comportamiento base, puede plantearse el caso de un inductor que calificaremos de «principal», que incita a un tercero que denominaremos «inductor secundario» (que será el que actuará de modo inmediato sobre el sujeto que acabará suicidándose) para la realización del delito de inducción al suicidio de otra persona.

En última instancia la hipótesis que se plantea de inducción a la inducción, no suscita diferencias a efectos prácticos con la coinducción, en la que sólo uno de los sujetos es el que actuará intelectualmente sobre el tercero para que se suicide. En uno y otro caso llegará un momento del proceso en el que existirá un acuerdo de voluntades, la única diferencia estribará en que en la inducción a la inducción es un sujeto el que intencional e intensamente provoca una voluntad en otro, de modo que luego comparten un objetivo de manera común; mientras que en la coinducción esa voluntad inductora no ha sido tan intensa, sino que se puede haber limitado a una simple propuesta que se admite rápidamente para ser puesta en práctica por uno de los sujetos.

En otro orden de cosas, debe indicarse que la sanción que se prevé para la inducción al suicidio, si tenemos presente el juego de penas establecido en el artículo 143 CP, experimenta comparativamente un notable incremento en relación a las establecidas para los otros supuestos previstos en el citado artículo. El trato privilegidado que recibía a tenor del artículo 409 ACP, y que motivaba el reproche de RODRÍGUEZ DEVESA261, que alegaba una mayor perversidad en la actuación del sujeto, desaparece en la actualidad, ya que de las distintas conductas relacionadas con el suicidio que siguen siendo objeto de sanción, la inducción casi se equipara al auxilio ejecutivo, circunstancia que con anterioridad en ningún caso se producía, dado que la pena para éste era reclusión menor (de doce años y un día a veinte años), y para aquella era prisión mayor (de seis años y un día a doce años).

Lo expresado pone de manifiesto la sensibilización del legislador, ante la opinión de aquel sector doctrinal que consideraba la inducción al suicidio acreedora de una mayor sanción penal. En cambio, el legislador de 1995 no ha sido receptivo con aquellas otras corrientes de opinión que sostenían que se estaba ante una figura típica que bien debía reducir al mínimo su aplicación262; o bien, que contemplaba conductas con muy poca virtualidad en una persona «mentalmente madura»263. Para los autores que así se posicionaban,...

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