¿Qué son los derechos sociales? - Jurisprudencia constitucional española sobre derechos sociales - Libros y Revistas - VLEX 39332988

¿Qué son los derechos sociales?

RESUMEN

I. Elementos para un concepto de derechos sociales. A) Objeto de los derechos sociales: igualdad material, condiciones materiales de vida y prestaciones. B) Sujeto pasivo de los derechos sociales. C) Titularidad de los derechos sociales. II. ¿Qué son los derechos sociales?.

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I-Elementos para un concepto de derechos sociales

Una ojeada a los textos constitucionales analizados antes, demuestra que los derechos sociales distan mucho de ser un instituto coherente y bien definido. De hecho sólo tienen en común dos elementos, que no nos dicen mucho acerca de lo que son. Así, el primero es que se trata, por regla general, de derechos reconocidos con mucha posterioridad a los clásicos. Y el segundo es que no son esenciales a la idea de Constitución, la cual fue inventada para proteger los derechos y libertades clásicos. Por lo demás, países que constituyen modelos de vida constitucional como Inglaterra, Francia, Canadá o Suecia, no cuentan con derechos sociales en sus constituciones, aunque sí los contemplan a nivel infraconstitucional. La ambiguedad y falta de homogeneidad de estos derechos lleva a Cascajo a señalar «que se trata de una ambigua figura empírica, ...de la que resulta difícil precisar su significado jurídico» 156 Y es que, en verdad, tras la expresión derechos sociales se esconde una amplia gama de derechos y deberes correlativos, positivizados y protegidos de diversa forma. Sin embargo, creo que los derechos sociales presentan algunos rasgos característicos, que pueden contribuir a la elaboración conceptual que se pretende en este trabajo. Para despejar esta apreciación analizaremos el objeto de los derechos sociales, así como sus sujetos activo y pasivo.

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A) Objeto de los derechos sociales: igualdad material, condiciones materiales de vida y prestaciones

Como apunta Gomes Canotilho, los derechos sociales surgen de la convicción de que «la evolución y enriquecimiento existencial de la persona humana depende de sus condiciones materiales de existencia que... no pueden ser creadas por el individuo atómico de la sociedad liberal»157. Por su parte Pérez Luño señala que estos derechos «se dirigen a explicitar las exigencias de los valores de la igualdad y de la solidaridad...» 158

No puede olvidarse entonces que estos derechos responden al intento de transformar la sociedad liberal, lo que se traduce en un doble objetivo: lograr una igualdad que vaya más allá de la puramente formal, propia del liberalismo159, y en general mejorar las condiciones materiales de vida de toda la sociedad.160. Por otra parte, el mismo análisis de las Constituciones antes tratadas, nos demuestra que los derechos sociales consisten fundamentalmente en prestaciones 161 Así fueron concebidos por el constituyente francés de 1848, y así también recogidos por las Constituciones de tipo social posteriores. Pero Page 69 nótese que no hemos afirmado que estos derechos sean prestaciones, ni hemos utilizado esta expresión como sinónimo de aquéllos. Ello es debido a que determinados derechos sociales no consisten en prestaciones. De este modo, lo determinante para saber si se está o no en presencia de un derecho social no es la presencia o ausencia de prestaciones, sino de otros elementos.

La Constitución mexicana de 1917, artículo 123, consagró una serie de derechos y principios relacionados con el ámbito laboral, entre los que destaca el derecho de huelga. Era la primera vez que se reconocía constitucionalmente este derecho, aunque con posterioridad fue recogido también por las Constituciones italiana de 1947 (artículo 40), portuguesa de 1976 (artículo 57.1), española de 1978 (artículo 28.2) y chilena de 1980 (artículo 19.16, inciso 6) 162 A su vez, la Constitución de Weimar consagró la libertad de asociación para la defensa y mejora de las condiciones económicas y de trabajo, esto es, la libertad sindical. La misma ha sido reconocida también por las actuales Constituciones de Alemania (artículo 9.3), Portugal (artículo 54), España (artículo 28.1) y Chile (artículo 19.19, inciso 1). Por último, la Constitución portuguesa (artículo 57.3), al igual que la española (artículo 37.1) y la chilena (artículo 19.19, inciso 5), reconocen el derecho a la negociación colectiva. Asimismo, las constituciones portuguesa (artículo 66), española (artículo 45) y chilena (artículo 19.8), proclaman el derecho a vivir en un medio ambiente descontaminado.

Unos derechos son manifestaciones de derechos y libertades clásicos, que operan en el ámbito de las relaciones laborales. El último presenta una característica propia de los derechos clásicos, y a la vez exige prestaciones. Así, el derecho de sindicación no es sino manifestación del derecho de asociación, y los derechos de negociación colectiva y de huelga, una particular manifestación de la libertad individual como autonomía contractual. Pero llama la atención que a pesar de que estos derechos son manifestaciones de derechos y libertades clásicos, los legisladores, y en algunos casos los constituyentes, los han consagrado expresa e independientemente de éstos. Sin embargo esta situación no es casual, sino producto del hecho de que durante años dichos derechos no se consideraron parte de las libertades y derechos con que se corresponden.

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A partir del siglo xvni, junto con la decadencia de los gremios, surgieron ligas o uniones de asalariados, con el fin de «romper el monopolio de los maestros en la determinación de sus condiciones de oficio y trabajo» 163. Pero los gobiernos se opusieron y castigaron penalmente estas uniones, por considerarlas contrarias al orden público económico164. Sin embargo, hacia 1824 los jueces ingleses comenzaron a considerar lícitas «las asociaciones de obreros y las huelgas, pasando las Trade Unions a adoptar la estructura y funcionamiento de un sindicato moderno; en 1825 los sindicatos comenzaron a negociar colectivamente las condiciones de trabajo y se introdujo la figura del delegado sindical en las empresas» 165.

La legalización de los sindicatos fue un proceso lento, que en un comienzo asumió diversas formas. Así por ejemplo, si bien la Constitución francesa de 1848 reconocía el derecho de asociación, sólo en 1864 se suprimió del Código Penal francés la figura delictiva de coalición de obreros. Inglaterra, durante 1879, dicta la primera ley sobre sindicatos, la Trade Union Act. Y en España, el Tribunal Supremo declaró en 1879, al amparo de la libertad de asociación consagrada en la Constitución de 1876 (artículo 12), que los conciertos entre trabajadores para aumentar salarios y disminuir la jornada sólo eran punibles cuando fuesen abusivos. Sólo en 1909 la ley de huelgas y cotizaciones derogó como tipo penal las coaliciones de obreros 166

El propio reconocimiento y legalización de los sindicatos originó el reconocimiento de la negociación colectiva, pues el objetivo de la sindicación «era precisamente trasponer a este plano, es decir al colectivo, el empleo de los trabajadores y la fijación de sus condiciones de trabajo» 167. A su vez, el fracaso de la negociación colectiva suponía reconocer la posibilidad de usar medios de Page 71 fuerza, como por ejemplo la huelga, que durante años fue sancionada civilmente por los Tribunales168.

El reconocimiento de tales derechos en forma particularizada les ha dotado de una individualidad propia, que viene definida por dos elementos: a) dichos derechos son tres importantes instrumentos compensadores de la natural desigualdad entre trabajadores y empleadores; b) el objetivo último de estos derechos es la defensa de los intereses de los trabajadores. De lo anterior se sigue que el fin último de estos derechos apunta al logro de una mayor igualdad material entre las dos partes de la relación laboral. Y esa finalidad, propia del derecho del trabajo169, se enmarca en la más amplia del constitucionalismo social, o sea, lograr igualdad material y mejorar las condiciones materiales de vida.

Pero además existe una razón formal para considerar a estos derechos como derechos sociales: están comprendidos en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Su reconocimiento es expreso en el caso de los derechos de sindicación y de huelga, y tácito respecto del derecho a la negociación colectiva. Page 72 Por su parte, y como se adelantó antes, el derecho a un medio ambiente descontaminado presenta dos caracteres, que determinan que no pueda considerársele derecho clásico ni tampoco derecho puramente prestacional. Y es que como se desprende de los textos constitucionales que lo han incorporado, el derecho en cuestión conlleva dos exigencias. De un lado un deber de abstención, no contaminar. De otro, un deber de acciones positivas en favor del medio ambiente.

Ello se orienta a mejorar las condiciones materiales de vida de toda la sociedad, lo que en su caso se persigue a través de la protección del medio ambiente. Y esto no es un fin propio de los derechos y libertades clásicos, sino que más bien responde al modelo propio del constitucionalismo social, razón por la cual puede incluírsele como derecho social. Por todo lo anterior, es bastante discutible sostener que los derechos sociales son «derechos de libertad», como lo hace Pérez Luño, basándose en que dichos derechos representarían el desarrollo y extensión de los clásicos170. Y es que como apunta Berlin, la libertad es libertad, no igualdad (material), bienestar, justicia o felicidad171.

Con todo ello he querido significar que el elemento definidor de los derechos sociales no es el que se traduzcan en prestaciones, sino el fin que los inspira: hacer efectiva la igualdad formal del constitucionalismo clásico172, y en general mejorar las condiciones materiales de vida de la sociedad.

B) Sujeto pasivo...

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