Confesiones religiosas y sectas pararreligiosas especialmente en España
Anuario Jurídico y Económico › Núm. 36, Enero 2003
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I. Tres constantes transculturales interrelacionadas. 1.1. Homo religiosus. 1.2. Homo axiologicus. 1.3. Homo iuridicus. II. Religión y confesiones religiosas. 2.1. Conceptos y realidades confesionales. 2.2. La Iglesia católica y la libertad religiosa. 2.3. La Iglesia católica y otras confesiones. III. Sectas pararreligiosas. 3.1. Pararreligiosidad y descripciones. 3.2. Causas y tipologías. 3.2.1. Tipología descriptiva (v. J. Vernette). 3.2.2. Tipología sociológica (v. B. Wilson). 3.2.3. Tipología lídero-cultual (v. C. Martín). 3.2.4. Tipología paradigmática (v. G. Ferrari).. 3.2.5. Tipología diferencial (v. M. Guerra). 3.3. Derechos mínimos exigibles. IV. Confesiones religiosas reconocidas en España. 4.1. Acuerdos con la Iglesia católica. 4.1.1. Acuerdo sobre asuntos jurídicos (8 arts.). 4.1.2. Acuerdos sobre enseñanza y asuntos culturales (17 arts.). 4.1.3. Acuerdo sobre asuntos económicos (7 arts.). 4.1.4. Acuerdo sobre asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y servicio militar de clérigos y religiosos [Acuerdo castrense] (8 arts.):. 4.2. Acuerdos con las Confesiones Acatólicas en España. 4.2.1. Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE):. 4.2.2. Federación de Comunidades Israelitas de España (FCI):. 4.2.3. Comisión Islámica de España (CIE):. V. Sectas pararreligiosas registradas en España. 5.1. Sectas destructivas y número de adeptos:. 5.2. Cuarenta sectas más importantes. VI. Bibliografía básica sobre religiones y sectas. 6.1. Religiones y Confesiones:. 6.1.1. Fuentes vaticanas. 6.1.2. Fuentes civiles españolas. 6.1.3. Fuentes bilaterales. 6.1.4. Estudios monográficos. 6.2. Sectas religiosas y seudorreligiosas (pararreligiosas). 6.2.1. Fuentes documentales eclesiásticas. 6.2.2. Fuentes documentales civiles. 6.2.3. Estudios monográficos.
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Confesiones religiosas y sectas pararreligiosas especialmente en España
El hombre no tiene religión; es religión (Zubiri). No ha existido hasta nuestros días ninguna civilización que no haya sido religiosa (Toynbee). Fecisti nos, Domine, ad Te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te.
San Agustín I. Tres constantes transculturales interrelacionadas Entendemos 1 por constante transcultural aquellos valores que, en el decurso de los siglos, han influido y trascendido a todas las culturas y civilizaciones, revelándose como axiologías universales en el tiempo y en el espacio. Y estimamos que tres valores humanos, implicados entre sí y desglosables en otros más concretos, han merecido esta categoría supracultural. 1.1. Homo religiosus Además de la evidencia del «homo sexualis y familiaris», desde la más remota prehistoria el homo religiosus viene proyectándose como una constante transcultural con universalidad geográfica y temporal, influyente en todas las conductas e ideologías. La finitud radical humana ha llevado al hombre a verse y sentirse creatura tan limitada, que necesita rendir culto y pleitesía y apelación a algún ser superior. Dicho con expresiones de filosofías antiguas y modernas, frente al eslogan soberbio y depravado de «el hombre es dios para el hombre» (homo homini deus ) de Feuerbach, está el diametralmente opuesto de «Dios es lo más profundo y cimero del hombre» (Deus interior intimo meo et superior summo meo) del confesante Agustín de Hipona. Y es que, ante el hombre «acongojado de carne y hueso» unamuniano o «ser-para-la muerte» o de horizontes escapistas de Heidegger, sin olvidar al hombre «pasión inútil» de náusea sartreana o el hombre-absurdo de «rebeldía metafísica» de Camus o el «hombre-fracaso» de Jaspers, ante este hombre-narciso, lanzado a la existencia y traumatizado, siempre surge y resurge el hombre agustiniano, creatural, interiorizado, inmanente, pero transcendido, religado, misterioso, liberado y dialogante desde el yo-finito al Tú-Infinito. Inmanencia y transcendencia son los ejes neurálgicos de la doble dimensión del hombre-creatura, que le hace ser religioso y antípoda de todo ateísmo, aunque a veces se instale en la tentadora y descomprometida equidistancia del agnosticismo. Y si deriva en ateísmo, en el fondo su negación teórica viene a ser una afirmación teística de un Dios preocupante, a quien no le acaba de consagrar altares, al decir de Charles Moeller. Pero, en última instancia, sigue resonando en nuestra conciencia el grito agustiniano del «nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (Confes. I, 1, 1). Si Goethe, admirando la maravilla de la cultura helena, pudo decir y desear que «cada uno sea griego a su modo, pero que lo sea», extrapolando su idea, podemos afirmar, en cuanto al hombre religioso, que cada uno es agustiniano a su modo, pero que en el fondo lo es. En efecto, esta religiosidad humana, que ha merecido el título de constante transcultural por su perseverancia y vigencia, a juzgar por vestigios arqueológicos, paleontológicos, epigráficos e iconográficos, ha sido cultivada a través de los siglos en distintos y distantes tiempos y geografías, desde las Religiones prehistóricas del paleolítico, mesolítico y neolítico hasta las Religiones sumeriobabilónicas, egipcia, indoeuropeas antiguas, griega, romana, etrusca, amerindias, gnósticas y las afroasiáticas del hinduismo, budismo, confucianismo, chamanismos, taoísmo, sintoísmo, etc.; y mucho mayor cultivo en las Religiones claramente monoteístas, como son las bíblicas hebrea y cristiana, además del Islam coránico (v. Poupard). Bien ha podido afirmar Arnold Toynbee, que «no ha existido hasta nuestros días ninguna civilización que no haya sido religiosa». Y es que lo absoluto -escribe Jacques Vidal- cautiva al ser humano, rezándole y ofreciéndole sacrificios con representación a través del arte, hasta que el misterio le convierte en actor de una alianza y de una historia santa. Y es verdad también que este homo religiosus conoce la violencia, el eros y lo sagrado antes que las formas evolucionadas de la tolerancia, la unidad y la paz, que son frutos de la justicia y la cultura (v. Poupard, 9-14). Así, bajo diferentes liderazgos y concepciones de religiones teístas, deístas o politeístas, la confesionalidad religiosa o pararreligiosa de los ya seis mil millones de población mundial, de más a menos, se distribuye del siguiente modo, según reciente estadística (Alfa/Omega, 18-X-2001) del año 2000: Cristianos........................................................ 1.999.566.000 Católicos..................................Ver el contenido completo de este documento
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